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Magia roja en Montmeló

FÓRMULA 1

Magia roja en Montmeló

Magia roja en Montmeló

LLUIS GENE

AFP

Impresionante victoria de Alonso desde la quinta plaza en una exhibición del asturiano y Ferrari. Kimi Raikkonen fue segundo y Felipe Massa tercero.

Montmeló

Ya estaba dormida, a la media hora de salir de la colina roja cuando la despertó un amigo. Iba en el coche con tres de sus compañeros de aventuras por los circuitos del mundo. Angie había vuelto a ser feliz, todo había merecido la pena. Desde Oviedo, veinte horas de viaje, ida y vuelta, dormir en el apartamento compartido, ahorrar un poco más, seguir siendo fiel de la marea azul o roja. Todo por esa emoción que provoca instantes eternos. Y Fernando Alonso le había dedicado la victoria. A ella...

1. F. Alonso (Ferrari) 1h 39:16.596
2. K. Raikkonen (Fin/Lotus Renault) a 9.338
3. F. Massa (Bra/Ferrari) 26.049
4. S. Vettel (Ale/Red Bull Renault) 38.273
5. M. Webber (Aus/Red Bull Renault) 47.963
6. N. Rosberg (Ale/Mercedes) 1:08.020
7.  P. Di Resta (GBr/Force India) 1:08.988
8. J. Button (GBr/McLaren) 1:19.506
9. S. Pérez (Méx/McLaren) 1:21.738
10. D. Ricciardo (Aus/Toro Rosso) 1 vuelta
11. E. Gutiérrez (Méx/Sauber) 1 vuelta
12. L. Hamilton (GBr/Mercedes) 35.230
13. A. Sutil (Ale/Force India) 1:16.719
14. P. Maldonado (Ven/Williams) 1:06.450
15. N. Hulkenberg (Ale/Sauber) 1:12.933
16. V. Bottas (Fin/Williams) 1:21.511
17. C. Pic (Fra/Caterham) 1 vuelta
18. J. Bianchi (Fra/Marussia) 2 vueltas
19. M. Chilton (GBr/Marussia) 2 vueltas
20. J. E. Vergne (Fra/Toro Rosso) Ret. v. 52
21. Van der Garde (Hol/Caterham) Ret. v. 21
22. R. Grosjean (Fra/Lotus) Retirado vuelta 8

Y a otros tantos. "Gracias, habéis venido, sé que para muchos supone un esfuerzo económico extra, tal y como está la cosa, así que de verdad que os damos las gracias todo el equipo, Ferrari y yo, por este apoyo. Ojalá que no sea la última de este año y haya muchas alegrías, igual no en el circuito, pero que desde la tele podáis disfrutar los domingos", dijo el asturiano en un gesto de justicia en este país necesitado de trocitos de felicidad de esos que nos regalan nuestros héroes, los que nunca fallan a los que estamos teniendo la suerte de disfrutar de esta generación de genios. Y entre anillos, raquetas de diamantes, goles de nuestra vida y tantas otras cosas se nos metió un día este asturiano de manos prodigiosas y talento sobrenatural para incluir el sonido de los monoplazas en el corazón de España. Ese mismo al que el destino le debe un título mundial. Al menos uno. Como mínimo. Lo ha merecido más de una vez. Al menos dos de los tres años que ha completado en Ferrari. Éste es el cuarto. Y al fin tiene lo que pidió.

Quería un coche que fuera como mucho dos décimas más lento que los mejores. Para ganar. Y ya tiene un monoplaza al nivel de sus rivales. Y a partir de ahí sólo le queda demostrar una evidencia, que es el mejor piloto del momento. Sin discusión posible, permítanme la opinión.

La historia en esos años de pobreza mecánica había explicado que Alonso es capaz de hacer magia, de ganar carreras imposibles como demuestra el último antecedente en el legendario GP de Europa de 2012, en Valencia, cuando salía undécimo y ganó adelantando coches en un éxtasis similar al de esos toreros que hacen la faena de su vida. Por eso se esperaba magia asturiana en Montmeló ayer, por eso todos sabían que a pesar de salir quinto podía ganar, por eso nadie se extrañó cuando adelantó a dos genios de una vez, después se puso líder, volaba por la pista, pasó de nuevo a un campeón y, a pesar de parar una vez más, ganó con mucho aire por detrás hasta que el siguiente viera la bandera a cuadros. Así fue...

Ahora les traduzco. Fernando partía quinto y en esa posición siguió en la primera curva. Parecía que no, pero... llegó la tercera curva. Rosberg mantenía su primera plaza con Vettel cerca, tercero Hamilton y cuarto Raikkonen cuando Alonso sacó el conejo de la chistera y se inventó un adelantamiento doble a Lewis y Kimi que hizo pequeños al Mercedes y al Lotus y metió el miedo en el cuerpo de Vettel y su Red Bull morado. La maniobra queda ya en la memoria del buen aficionado, por fuera, maestro astur.

Entonces entró en la partida de ajedrez que son a veces las carreras la estrategia de Ferrari, impecable ayer. Alonso entra una vuelta antes que Seb y Nico y eso le vale para salir justo por delante de su enemigo íntimo y poder, dos vueltas después, destrozar en pista al de Mercedes. En la vuelta doce más uno ya era líder. Y en ese momentos recordé la rabia en los ojos de este hombre después de perder por un problema con el alerón en Bahrain, ese instante exacto en el que empezó a ganar este gran premio en nuestro país. Aún quedaba un mundo y más. Pero el guión que Alonso había escrito el día anterior en la rueda de prensa se estaba materializando con fidelidad. Ahora tenía aire limpio delante, sólo el polen que flotaba en Montmeló podía molestarle, pero no tiene alergia primaveral Fernando. No lo parece. Y comenzó a volar en rojo.

Tras la segunda parada llevaba casi diez segundos a Massa, extraordinaria carrera la del brasileño, 17 a Vettel y 19 a Raikkonen. La cosa iba bien. Pero después Kimi paso al tricampeón de Red Bull y empezó a volar. Con un coche capaz de hacer una parada menos, el finlandés era el gran peligro. Pero cuando a los dos les quedaba sólo una visita a boxes por hacer, el español pasó a Raikkonen por segunda vez en pista y se fue a por el sueño que buscaba desde su triunfo en Barcelona en 2006 con Renault. Y de nuevo rodó lo más rápido que pudo incluso con un neumático pinchado que perdía aire poco a poco, pero entonces llegó la cuarta parada por tres del hombre de hielo para vencer la carrera nueve segundos por delante de Kimi, 26 sobre su compañero Massa y 38 le metió a Vettel. Increíble. Pero cierto. ¿Magia? Quizá. O trabajo bien hecho. Alonso es tercero ahora, a 17 puntos de Sebastian, que sigue líder.

Pero el futuro se ve ya distinto. Y es que esta vez Ferrari lo hizo todo bien: la estrategia, la competitividad del coche, incluso Massa terminó por delante de Vettel. Porque a Alonso se le supone el resto, incluso la bondad de dar las gracias por venir a que les haga felices a aquéllos que necesitan felicidad. Gracias Fernando. ¿Habrá despertado Angie ya?

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