24 horas de Le Mans | La intrahistoria

Frenos al rojo en la noche de un mito de 24 Horas

A dos metros del asfalto francés

Rafa Payá
Redactor de Más Deporte
Nació en Madrid (1976). Licenciado en Derecho con un master de postgrado en periodismo deportivo. Entró en AS en 2004 en Más Deporte para pasar a motor (15 años) y en 2020 regresó a poli donde hace atletismo, golf, deportes olímpicos... Ha cubierto deportes de motor (F-1, MotoGP, Fórmula E...), europeos y mundiales de atletismo, y eventos de golf.
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Cuando la noche cae sobre Le Mans, las gradas comienzan a vaciarse de los miles de aficionados que las han llenado mientras brillaba el sol. Es momento de descansar, buscar recuerdos o disfrutar, si se dispone de invitación, de las carpas de los equipos. En la de Peugeot, un disc jockey ameniza a los presentes, mientras cinco pantallas de plasma permiten seguir la prueba. La terraza, con la noria al fondo y los coches pasando a pocos metros, es otra opción. El cansancio deja de ser una sensación y se transforma en realidad, pero aún queda algo por lo que esta carrera es diferente.

Es el momento de aprovechar que la afluencia de gente en las curvas es mínima y los comisarios son más permisivos. A las dos de la madrugada, la pequeña furgoneta se adentra en el bosque para llegar a un sitio donde el cerebro grabará imágenes para siempre. Varios controles, un recorrido a pie y un intercambio de petos ajeno a los controladores permiten acceder a un recoveco de la chicane Playstation, el primero de los dos ralentizadores de la recta infinita de Les Hunadieres. Sus cinco kilómetros llegaron a ver monoplazas rodando a más de 400 kilómetros por hora, y por seguridad se colocaron esas chicanes. Sin embargo, este cambio en el trazado ha permitido presenciar una imagen que pone los pelos de punta. A dos metros de la pista y con la única protección de un muro de poco más de un metro, los monoplazas llegan a 270 por hora y la visión nocturna de los discos al rojo vivo anuncia el frenazo del piloto. El coche se cruza y se acelera al límite para no perder ni una décima en la zona más rápida de La Sarthe. La sensación de vivirlo a una distancia que no permite reacción es difícil de explicar. La categoría de mítico no se alcanza fácilmente, y las 24 Horas de Le Mans son parte fundamental de la leyenda automovilística. Y con motivo.

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