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Un justo castigo

Fórmula 1 | GP de Brasil

Un justo castigo

Un justo castigo

Ron Dennis y su banda tienen una justa recompensa: se han quedado otra vez sin títulos mundiales. No ganó Alonso, pero al menos tampoco lo hizo quien menos lo merecía. La ridícula obstinación de Hamilton le costó el campeonato.

Pudimos soñar. Parecía imposible, pero desde luego que no lo era. Acariciamos el objetivo, pudimos soñar y, durante unos minutos, el milagro llegó a cobrar forma. Y que el título de Alonso no era una quimera lo demuestra, por encima de todo, que el nuevo campeón es el hombre que afrontaba la carrera de Brasil con menos posibilidades: Kimi Raikkonen. Así que disfrutamos casi hasta el final, vivimos una tarde de domingo apasionante, inolvidable, y después de todo lo ocurrido durante esta temporada, el resultado es el menos malo de los posibles: Hamilton no se salió con la suya. Y ahora, cuando llega el momento de la decepción, de perder los privilegios conquistados durante los dos últimos años, más que nunca todos somos Alonso. Nuestro piloto no nos ha decepcionado, ni dentro ni fuera de la pista, ha luchado contra las adversidades hasta la extenuación y lo seguirá haciendo en el futuro. Ojalá que lejos de esa escudería que ha cavado su propia tumba...

Un novato patético. Durante todo este campeonato hemos venido reconociendo las enormes virtudes al volante de Lewis Hamilton, su talento extraordinario para manejar un coche que, cuando menos, era uno de los dos mejores de la parrilla 2007. Pero también dijimos que largo es el camino que les aguarda a las promesas para convertirse en estrellas, a los novatos en campeones. Entre otras cosas, porque también en la F-1 la veteranía es un grado y el inglés demostró ayer que es un auténtico pardilllo... además de un prepotente. Echó por la borda todas sus opciones por enzarzarse en una pugna ridícula con Fernando.

Tienen lo que merecen. De lo de McLaren ya tendremos tiempo de hablar con calma durante los próximos días. Pero, de momento, digamos que tiene el justo castigo a su deplorable actitud durante todo este Mundial. ¿No querían igualdad entre sus pilotos? Pues toma dos tazas. Ron Dennis tendrá la conciencia muy tranquila (que ni eso, porque su favorito ya sabemos quién es) pero se ha quedado, un año más, sin títulos mundiales y con un multazo de aúpa por tramposo. Lo sé y lo siento: no está bien alegrarse del mal ajeno. Pero permítanme que en esta ocasión me regodee del fracaso de semejante banda de incompetentes.

El caso opuesto. Alonso lo había advertido hasta dolerle la boca de tanto repetirlo. Mientras los de siempre le tachaban de quejica y llorón, él nos decía que la brecha en McLaren era tan profunda que el enemigo podía sacar beneficio de ello. Y ahí está el resultado: Raikkonen campeón del mundo de pilotos y Ferrari, de constructores. Porque ellos, empezando por Massa, sí que han trabajado como un equipo, la única forma de aspirar al éxito en un deporte como éste.

¡Márchese, señor Alonso! Así que con el consuelo de que al menos no ha ganado quién menos lo merecía, ahora sólo me queda volver a dar las gracias a Alonso por hacernos soñar y disfrutar, y pedirle que se marche de ese nido de víboras de Woking. El Mundial acaba dejando a cada uno en su sitio, todos sabemos quién es el culpable del desastre más clamoroso de un equipo en la historia de los grandes premios. Y en ese caos nuestro campeón no tiene lugar...

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