"Esa carrerita que viene de Europa..."
En Estados Unidos se mofan de un certamen que no les interesa.

La espantada del domingo en Indianápolis acaba, como un sonoro frenazo, con cualquier posibilidad de que la Fórmula 1 sea considerada como una modalidad automovilista seria y capaz de entrar en el reparto del inmenso pastel televisivo y de márketing de las carreras de automóviles en Estados Unidos.
En el país norteamericano domina el imperio Nascar, con algunas ciudades nostálgicas que se resisten a abandonar el circuito de carreras de la IRL (el de modelos Indy). También está emergiendo la Champ Car, competición de monoplazas que cuenta cada día con más aceptación entre los norteamericanos y de la que salió, por ejemplo, Juan Pablo Montoya. Mientras, hace mucho que ya está olvidada la Fórmula 1.
Y lo de ayer será el remate. La F-1 ha empezado a recibir algunos sonados insultos en los medios informativos estadounidenses. En la ESPN se la denominó "esa carrerita que viene de Europa y que tiene tan pocos seguidores en Estados Unidos". The New York Times eligió un título muy acorde al deporte en cuestión: "El GP de Estados Unidos no mete ni la primera marcha".
Bob Kravitz, un columnista del diario IndyStar, demostró su dominio de los idiomas y escribió sobre la prueba: "Goodbye, Formula One. Au revoire, Michelin. Ciao, Ferrari", y pidió que los vehículos, corredores, mecánicos y directivos no vuelvan a aparecer en su ciudad.
Los organizadores del GP de Estados Unidos meditaban ayer presentar una demanda en los tribunales contra la FIA y contra Bernie Ecclestone, el mandamás de la Fórmula 1, al que consideran responsable del fracaso.
Joie Chitwood, el presidente del Indinapolis Motor Speedway, comentó que estaba dispuesto a perder los casi 28 millones de dólares que la Fórmula 1 ha generado en su circuito anualmente desde 1999 debido a la afrenta sufrida por la organización y por los 100.000 aficionados que acudieron a la carrera. La cancelación del contrato que tiene Chitwood con la FIA y con Ecclestone para organizar la próxima edición en el circuito de Indianápolis estaba pendiente de la opinión de los abogados y de los flecos legales que conlleve.
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Pero a Adrian Jackson, un seguidor de la Fórmula 1 que llegó desde Florida, nadie le devolverá el día y medio que se ha pasado al volante para ver el esperpento: "Me he pasado dieciséis horas conduciendo y ahora tengo que meterme otras dieciséis de vuelta a casa para ver sólo tres fabricantes sobre la pista".
El circuito Nascar vende 2.000 millones de dólares (1.600 millones de euros) en camisetas, gorras y merchandising todos los años, y después de Indianápolis la F-1 venderá cero. "Hubo mucha gente que estaba enfadada, frustrada, irritada y malhumorada. ¿Cómo esperan que estas personas sean las que compren gorras y recuerdos de una carrera que nunca existió?", se preguntaba Annette Raisor, llegada desde Kentucky.