R-Type Final 2
R-Type Final 2
Carátula de R-Type Final 2

R-Type Final 2, análisis. Un juego a la altura de su nombre

Analizamos R-Type Final 2, un regreso a la altura de una saga histórica, que entusiasmará a los expertos del shmup

Es socorrido empezar a hablar sobre R-Type Final 2 contando cómo las dos primeras entregas de esta saga fundaron una de las escuelas más imitadas de los shoot’em up, así que voy a comentarlo para pasar ya esa página obligada. No es que queramos infravalorarlo, pero creo que es mucho más interesante recordar que mucho después de todo aquello, Irem lanzó dos entregas que evolucionaron tanto la fórmula que prácticamente la convirtieron en otra cosa diferente. La primera ocasión, claro está, nos la encontramos de repente con el espectacular R-Type Delta de 1998, todo un monumento al género al que el tiempo ha ido otorgando un prestigio a la altura de su calidad.

La siguiente parada, en cambio, fue un videojuego algo más extraño que se perdía en un diseño visual al que le habría venido bien un poco más de esmero. Y eso que R-Type Final no andaba escaso de virtudes a los mandos si pensamos, sobre todo, en lo inabarcable del número de naves que podíamos desbloquear y en lo bien que funcionaban todas ellas dentro de sus niveles. En teoría, aquella entrega lanzada en 2003 –para Playstation 2– iba a ser la última entrada de la saga: un canto del cisne para un género del que escasean representantes con nombres ilustres desde aquella oleada. De todas formas, lo que nos interesa hoy es tener en mente que estos dos títulos ya fueron algo inesperado, cada uno en su momento, por lo que la noticia de que un nuevo R-Type venía de camino fue una verdadera bomba para quienes aún disfrutamos de estos juegos. La de que estaría dirigido por Kazuma Kujo, la mente maestra tras los dos títulos anteriores, fue la confirmación de que la cosa iba en serio.

R-Type en estado puro (y duro)

El hecho de que una de las dos sagas principales del shoot’ em up horizontal vuelva a la palestra no hace sino cerrar, por ahora, un círculo que lleva meses muy activo. R-Type Final 2 viene a confirmar que estamos en un momento de revivals inesperados que, sin embargo, terminan saliendo rematadamente bien.

Centrándonos en los matamarcianos, conviene también aclarar que son dieciocho años los que han pasado desde R-Type Final, pero no se puede olvidar que el género atraviesa un momento muy bueno en calidad y cantidad de lanzamientos, por muy nicho que sea ahora mismo. La nostalgia ha estado bien presente en resurrecciones tan sonadas como las de ­Ghosts’n Goblins o Streets of Rage, y es bastante evidente que tanto estas dos sagas como lo nuevo de R-Type ofrecen exactamente lo que su título da a entender, pero hay algo en lo que este recién llegado se distingue tanto de Streets of Rage 4 como de Ghosts’n Goblins Resurrection: su relación con un pasado directo que ya está muy lejos. Un aspecto en el que Granzella ha decidido optar por un enfoque tan válido como peligroso: obviar que han pasado muchos años.

R-Type Final 2 sigue el ideario de la saga con una disciplina tan férrea que atraería al mismísimo doctor Sheldon Cooper de The Big Bang Theory. La clave vuelve a estar en el dispositivo force, una esfera de energía que podemos acoplar delante o detrás de nuestra nave para usarla como escudo atacante, pero también dejarla flotar por el escenario para, por ejemplo, cargarnos a un jefe final si la colocamos en el lugar idóneo.

La estrategia en su uso siempre fue la clave de R-Type, que se basa en todo esto mucho antes que en la pura esquiva de proyectiles. En Granzella –no olvidemos: una compañía con ex empleados de Irem– lo tenían claro, así que han multiplicado sus posibilidades retomando la idea más celebrada de su antecesor: la de proponernos desbloquear naves que nos ofrecen formas de jugar progresivamente diferentes. No parece que se trate de algo opcional, porque los niveles más elevados parecen imposibles sin echar mano de alguna de las naves más potentes, como la Leo 2 o la Eclipse.

Una reinvención visual a la altura.

Quien tuviese dudas puede respirar tranquilo, porque R-Type Final 2 es un juego muy cuidado a nivel visual. Sin ser una exhibición de músculo técnico, todo lo que se ve en pantalla es muy agradable de mirar, con mención especial a un uso de la luz que va mucho más allá de lo que hemos visto hasta ahora en este tipo de juegos. Bien es cierto que se aprecia alguna gotera aquí y allá, pero el acabado general de todo el juego está entre lo mejor que hemos visto en esta vertiente horizontal del shoot’em up los últimos años, y es algo que ha evolucionado mucho en la escena independiente.

También nos ha parecido muy bien plasmado su diseño de niveles, que siempre fue un elemento diferencial de la saga desde la clase magistral que era R-Type Delta. Algunos pueden parecer algo más cortos o sentirse menos inspirados, pero la media de calidad nos ha parecido bastante alta y de nuevo tenemos una tercera fase en la que nos enfrentamos a una nave gigantesca, o secciones en las que la navegación por el escenario necesita memorización casi absoluta independientemente de los enemigos. Quien conozca a fondo los títulos anteriores sabe bien que éstas son sensaciones de siempre en la saga, así que seguramente gustarán a los que se acerquen a este juego con la idea de disfrutarlo sin prejuicios. Por desgracia, se han plasmado con semejante exactitud que habrá quien piense que perpetúa algunos dogmas: puntos negros que bien podrían haber evolucionado aprovechando el tirón y el peso histórico de R-Type.

Otro paseo radical por el pasado

Quien jugase siendo un niño a alguna de las primeras recreativas recordará bien que eran juegos en los que la partida podía durar un par de minutos, ya que el más mínimo roce implicaba la pérdida de una vida en un juego cuyo scroll no perdonaba. Las sensaciones que ofrece R-Type Final 2 son esencialmente las mismas, sobre todo cuando nos adentramos en los niveles más altos de dificultad, y es por esto que el juego puede verse –hasta cierto punto– como una oportunidad perdida para atraer a los menos asiduos, a quienes que difícilmente convencerá este título. Kazuma Kujo nos propone una vuelta a lo esencial del género y de la saga, pero su equipo hace muy poco –por no decir nada– por replantearse las viejas costumbres como sí han hecho otros ejemplos más recientes.

A saber: seguimos encontrándonos momentos en los que perderemos una vida y el viaje hasta el próximo punto de control se convertirá en un suplicio al perder todo el armamento; las tres vidas seguirán siendo un credo incomprensible para un juego estructurado en puntos de control y, por último, hay sectores en los últimos niveles que se van un poco de madre acumulando enemigos en pantalla. A esto hay que sumarle que el nivel de dificultad más bajo -práctica- no es en absoluto un paseo militar para conocer los escenarios y las diferentes rutas.

Son algunos aspectos en los que pensamos que Granzella podría haber usado un poco de la maestría que demuestra para casi todo lo demás en lanzar un juego algo más redondo. Y es algo a lamentar, ya que estamos ante un gran exponente del género que puede no estar a la altura de la obra maestra que fue R-Type Delta, pero sí que compite con títulos actuales –Rigid Force Alpha, Vritra Complete, Super Hydorah– con muchísimo más que la pura nostalgia.

Los más asiduos, en cambio, se sentirán como en casa. Planteado como un juego para meterle muchas horas si queremos completarlo en la dificultad máxima, R-Type Final 2 es un shoot’em up hardcore que no se esconde en ningún momento, aunque lo recibimos en una época en la que el género parece estar reconsiderando su titanismo. En realidad, hace muy poco que Natsuki Chronicles nos ha dado una verdadera lección de cómo llevar el shoot’em up a todos los niveles de habilidad en el género motivando continuamente al jugador con continuas recompensas. R-Type Final 2 hace oídos sordos a esta tendencia, para jugar descaradamente a otra cosa. Como los viejos matamarcianos de consola, es un título pensado para quien esté dispuesto a estudiarse los niveles, memorizar todos sus peligros y entregarse al ensayo-error. El que guste de estas tres cosas, que siempre han estado ahí, tiene aquí una de las mejores propuestas en mucho tiempo.

LO MEJOR

  • Puro R-Type con un apartado visual soberbio
  • Enorme a nivel de personalización y desbloqueo de naves que lo van cambiando todo
  • Las diferentes rutas y futuras expansiones por DLC anticipan juego para rato

LO PEOR

  • La memorización de niveles y la dificultad espantará a muchos en cuestión de minutos
  • El desbloqueo de naves podría recompensar más rápidamente
  • La música cumple, sin más

CONCLUSIÓN

R-Type Final 2 es un juego en el que el primer boss va creciendo de tamaño a medida que nos adentramos en nuevos niveles de dificultad hasta convertirse en el mítico Dobkeratops al que conocimos en 1985, dejando claro que quiere que nos enfrentemos a él en los modos para expertos. Aunque la variedad de naves, su acabado visual y las diferentes rutas a elegir lo hacen un juego muy rejugable, queda un escalón por debajo de la redondez que mostraba R-Type Delta en 1998, y hace demasiado poco por atraer a quienes no se conozcan la saga al dedillo. A pesar de ello, se coloca claramente entre lo mejor del género ahora mismo, lo cual no es tarea sencilla.