Top 10

Los 10 mejores juegos de The Legend of Zelda

Cada uno tiene sus Zelda favoritos y un orden presteestablecido. Pero si se tuviera que hacer un Top 10, ¿cuáles serían?

The Legend of Zelda es una de las sagas más importantes del mundo del videojuego. Capaz de transformar el medio con sus nuevas entregas y de marcar un camino a seguir para el resto, la saga de Nintendo no tiene las ventas de Mario, pero cuenta con un prestigio casi inigualable a la hora de presentar cada juego que se publica en alguna de las consolas de la marca japonesa, sea en portátil o en sobremesa. El concepto de aventura de la mano de Miyamoto y Tezuka hace ya más de 30 años se ha ido reinventando según el momento y el contexto concreto. ¿Cuáles son los mejores Zelda de la historia?

La respuesta no tiene una verdad absoluta. Como pasa con tantas otras series míticas como, sin ir más lejos, Final Fantasy o Resident Evil, cada uno tiene sus juegos favoritos protagonizados por Link. Y ya no hablemos del orden en el que los ubicamos. El momento en el que los jugamos, el impacto que nos supuso o esa partida rejugada años después que nos hace aflorar todo tipo de sentimientos acaban marcando nuestra opinión personal sobre qué The Legend of Zelda es mejor y quiénes le siguen por detrás. En este artículo nos animamos a ofrecer otra de esas listas personales, fácilmente reorganizable según el prisma en el que se mire. Pero aquí dejamos un top de los 10 mejores The Legend of Zelda.

10. The Legend of Zelda: Oracle of Ages

Los Oracle of, compuestos por Ages y Seasons y que inicialmente estaban planteados como más entregas, son juegos relevantes dentro de la saga. Por la alianza entre Nintendo y Capcom, y por presentarnos por primera vez a Hidemaro Fujibayashi, actual director de la serie en Breath of the Wild y que se estrenó con estas entregas para portátil. Podríamos haber escogido la serie completa, pero si hay que escoger es mejor quedarse con Ages, un juego bastante más complejo, con secuencias previas a las mazmorras mucho más elaboradas, mazmorras también más desafiantes y unas idas y venidas a través del tiempo que nos son familiares. Aunque lo mejor sea jugarlos juntos y descubrir cómo conectan entre ellos.

9. The Legend of Zelda: Skyward Sword

Skyward Sword es sin duda uno de los juegos de la saga Zelda más controvertidos y con mayor capacidad de polarizar a los usuarios. Para algunos, una obra maestra a la altura de los mejores. Para otros, una decepción con un control que no acabó de convencer. La realidad es que Skyward Sword representa el tercer y último intento de Nintendo para superar a Ocarina of Time. Si Wind Waker lo intenta a través de la exploración y Twilight Princess a través de la escala, Skyward Sword lo quiere hacer a través del combate. Una de las señas de identidad clave de la saga ha sido siempre explotar las herramientas que cada consola le ofrece a cada nueva entrega, y Skyward Sword es el juego que quiere llevar a otro nivel el control del wiimote. Nos ofrece un combate repleto de opciones y patrones a seguir que se convierte en el eje de la aventura (y ofrece algunos de los mejores combates con espada de la saga), algunos objetos únicos como el telescarabajo y un encanto a nivel argumental interesante por estar ante la precuela de todo el universo. La presencia de algunos elementos como objetos rompibles o la barra de energía se explotarian más tarde en Breath of the Wild, pero ya dejaban sello en este juego de apartado visual precioso con ese toque de acuarela. Todo ello con una estructura distinta a otros juegos, con zonas previas a las mazmorras sorprendentes y con algunos errores evidentes, desde una Fay tremendamente intrusiva hasta una excesiva linealidad para la saga.

8. The Legend of Zelda: A Link Between Worlds

El juego de Nintendo 3DS, a caballo entre el homenaje, el remake y el reboot de A Link to the Past, decidió empezar a romper cadenas que luego quedarían totalmente despedazadas en Breath of the Wild. Con el mismo mapa -Dark World incluido- del título de Super Nintendo, Aonuma y compañía decidieron crear una nueva aventura, un revival mucho más fresco y con un ritmo pocas veces visto en la serie. La capacidad de alquilar objetos y por lo tanto, usarlos cuando queramos e ir a las mazmorras en el orden que queramos le aportó una libertad casi absoluta al desarrollo beneficiada por dos características diferenciales para la ocasión: la primera, el brazalete de Ravio, que nos permitía convertirnos en un óleo en movimiento y llegar a lugares imposibles y nunca vistos. Su aporte a los puzles dentro y fuera de las mazmorras es clave del éxito del juego. La otra característica destacada, el ritmo y fluidez de templos algo más cortos, pero más intensos y con un uso constante de nuestras habilidades. Para el recuerdo queda el Templo de Hielo con sus diez pisos interconectados, un uso de la verticalidad más que interesante y también de la perspectiva, porque aunque no lo parezca, el juego también se acordó de aprovechar las 3D tan denostadas a lo largo de la vida de Nintendo 3DS.

7. The Legend of Zelda: Twilight Princess

Twilight Princess responde a los deseos de unos fans -no menores- que cuando vieron la demo técnica del Space World de principios de los 2000, soñaban con un Ocarina of Time con los gráficos y el potencial de la nueva consola de Nintendo. Pero el que llegó fue Wind Waker, juego que se ha ganado al público con el tiempo. Años después se decidió retomar esa idea de heredero más maduro y realista del título de Nintendo 64. El desafío de Twilight Princess era mayúsculo, y se quiso responder a él a base de escala: todo es mucho más grande y de mayor envergadura. La paleta de colores, la estructura y tono de la aventura, así como un Link ya adolescente de inicio marcaban distancia respecto las anteriores entregas y también un desarrollo que abrumaba por extensión y tamaño. Solo hace falta ver el primer templo (Bosque), con enormes puentes y salas. O la búsqueda en grandes espacios de los racimos de luz con Link Lobo y la combinación de los dos mundos. Con algunos de los combates más espectaculares (la batalla en los cielos contra Argorok), algunos de los mejores jefes de la saga (Babalant, Stallord), y seguramente el mejor acompañante que hemos tenido nunca, Midna, Twilight Princess es uno de los favoritos para una gran parte del público. Y motivos tienen de sobras.

6. The Legend of Zelda: Wind Waker

Seguramente si dejamos a un lado el debate que puede generar los "ausentes" en esta lista, la primera gran batalla abierta está en qué juego es mejor: Wind Waker o Twilight Princess. La realidad es que ambos tienen suficientes virtudes para ponerse por delante, pero aquí nos quedamos antes con Wind Waker y nuestra gran travesía surcando los mares del nuevo mundo. Fue un título impactante por lo inesperado -tras el Spaceworld de principios de los 2000- pero también por como supo reinventar el concepto de aventura y como creó un mundo expresivo y vivo como pocos, a los que la banda sonora con toques celtas de la mando de Kondo es de las mejores de la serie. Un Link expresivo como nunca antes, un apartado artístico que aguanta el tipo más de 15 años después y la hoja deku como objeto que escenifica esa sensación de libertad a la hora de explorar eran parte de su encanto. La exploración tomó ventaja a las mazmorras, menos presentes que en otras entregas, y aunque es cierto que el juego se resiente en el tramo final por la búsqueda de las partes de la trifuerza (arreglado en parte en la versión HD), consigue compensarlo con una batalla final épica como pocas.

5. The Legend of Zelda: Link's Awakening

Entramos en el top 5, otro de los debates que se abren fácilmente por ver quienes están y quienes no. En este caso, Link's Awakening, el primer Zelda portátil, se coloca entre los mejores de la saga y motivos no le faltan. Lo que empezó con un intento de port de A Link to the Past en formato portátil acabó derivando en un hilarante mundo en el que trabajaban varios miembros de Nintendo en sus ratos libres. Un juego que sus protagonistas nunca pensaron que Nintendo aceptara. Pero lo hizo. La aventura de Link en Koholint tiene un sentido de humor único y presenta personajes de otros mundos. ¿es ese muñeco Yoshi? ¿Tú no te pareces demasiado a Mario? ¿Me has cambiado el nombre a LADRÓN porque he robado un objeto de la tienda? La mano de Yoshiaki Koizumi en la construcción de la trama del Gran Pez, de los personajes y sus interacciones, es el primer gran hito de esta figura que acabó vinculada a la saga Mario tras Majora's Mask. Pero Link's Awakening no solo brilla fuera de los templos: dentro de ellos también da en el clavo con mecánicas como el salto, fases en 2D o jefes finales surrealistas. El buen uso de la escasa pantalla de Game Boy y sus transiciones sigue siendo brujería. Y sigue funcionando a un nivel excelso a día de hoy. Que se lo digan sino a su remake en Switch.

4. The Legend of Zelda: Majora's Mask

Aonuma no quería implicarse en Master Quest ni en hacer nuevas mazmorras para la versión de Ocarina of Time porque creía que habían dado lo mejor de sí. Quería algo nuevo y le dieron un año de tiempo. Del motor del juego de Nintendo 64 y la experiencia con el título Salió Majora's Mask, secuela directa que narra los acontecimientos de Link niño, perdido y convertido en niño Deku por Skullkid, un joven embrujado por la máscara de Majora. El cambio radical de emplazamiento a Ciudad Reloj y Términa era solo la primera piedra de uno de los Zelda más diferentes -y más oscuro- que hemos visto. Teníamos 72 horas para salvar al mundo de la caída de la luna, obra de la misteriosa máscara, y para conseguirlo debíamos jugar con el tiempo, rebobinando o avanzando según el momento con nuestra ocarina. El uso del tiempo y la presión del mismo ofrecía una angustia que debíamos saber gestionar. Pero lo mejor estaba en el interior de la Ciudad. Las misiones secundarias, obra y gracia de Koizumi, eran de una brillantez nunca igualada en la saga. Íbamos recopilando costumbres y acciones de los personajes según las horas y los días. Y los ayudábamos y solventábamos sus problemas gracias al cuaderno bomber. Secuencias como la trama de Kafei bien valen todo el juego. En el exterior, cuatro grandes templos -ahí es obra de Aonuma- con transformaciones gracias a las máscaras que aportaban nuevas mecánicas de juego, alguno de ellos como el de la Torre de Piedra, de una factura memorable por el uso de todas las máscaras y sus conexiones en un sinfín de habitaciones. Un juego exigente, diferente -más ágil en su remake en 3DS- y maravilloso.

3. The Legend of Zelda: A Link to the Past

El salto que supuso A Link to the Past respecto el primer The Legend of Zelda es de aquellos que impacta irremediablemente, ya que sentó las bases de la saga y mejoró absolutamente todo lo que nos había maravillado con esa primera entrega de NES. El título que empieza a introducir la mitología de Hyrule y que establece el contraste de realidades/planos que siempre ha acompañado desde entonces a la saga: Hyrule vs Dark World. Con él, las mazmorras pasaron de una sola línea de acción a varias plantas donde las salas tenían distintos caminos a seguir y los propios pisos, en vertical, también conectaban. También jugaba con inteligencia en lo que conocemos como pre-mazmorras, el camino hasta llegar a los templos. Sin las botas Pegaso no podríamos conseguir el libro de Mudora, y sin él, era imposible entrar en el Palacio del Desierto. Esa fluidez entre las acciones dentro-fuera se mantiene en un título que abrumaba: una vez teníamos los tres colgantes y vencíamos a Agahnim, descubríamos que no habíamos terminado el juego. Sino que era ahora cuando empezaba de verdad. La banda sonora, la complejidad e inspiración de los templos del Mundo de las Tinieblas y la gestión de objetos que son la base de la saga hicieron el resto. Una Obra Maestra atemporal.

2. The Legend of Zelda: Breath of the Wild

En 2017 llegó el juego que rompió las cadenas de manera definitiva. Decíamos en el inicio del reportaje que Nintendo buscó como superar a Ocarina of Time a través de la exploración (Wind Waker), de una mayor escala (Twilight Princess) y del combate (Skyward Sword). No hay consenso en que lo consiguiera aunque cada uno puede preferir otros juegos de los mencionados, como es lógico. Así que Nintendo, con Fujibayashi en la dirección desde Skyward Sword, decidió romper con el pasado. Ya coqueteó con ello en ALBW y Breath of the Wild fue una oda total a la libertad, recordando en parte la esencia de la primera entrega de NES y buscando su propio camino. Se toma prestada esa libertad de movimiento desde un primer momento, y se decide romper el concepto de mazmorra que marcaba el desarrollo en los juegos 3D, desde Ocarina of Time. Aquí, Hyrule es la gran mazmorra. La libertad es tal que al poco de empezar te dicen que Ganon está en el castillo y es tu objetivo. Ve cuando quieras. Y el jugador hace algo inaudito, escapa de su verdadero objetivo. No quieres vencer a Ganon porque no quieres que acabe.

También cambia el concepto de Open World que conocimos donde el desafío empieza en un mapa que no indica absolutamente nada. El NPC que te indica una misión no te marca en el mapa donde está. Es cosa tuya explorarlo. El mundo de Breath of the Wild no es un espacio donde vayas eliminando marcas de objetivos, sino que quiere que tu transcurso por él sea parte clave jugable, no una zona de transición. Su libertad también radica en el uso de armas y las habilidades de la piedra Sheik para crear nuestro propio camino y nuestra manera de afrontar los desafíos. Las armas sirven para, junto al motor de físicas, dejar volar la imaginación. Solucionar santuarios de maneras únicas y llegar a lo alto de montañas de formas que ni los desarrolladores imaginaron. Mientras mejoramos los atributos de Link, cazamos y cocinamos y nos equipamos con mejores armas y escudos. Todo ello con un sistema de combate repleto de opciones y versátil como pocos mientras usamos elementos como el viento, el fuego, el hielo o la electricidad de múltiples maneras. Breath of the Wild rompió esquemas, y es cierto que la ausencia de grandes mazmorras o esas primeras horas con armas de poca duración son criticables. Pero Breath of the Wild juega otra liga. El tiempo dirá si es el nuevo número 1. De momento queremos reposarlo, aunque a veces somos muchos los que dudamos si darle ya el trono. Pero es el juego más importante de The Legend of Zelda desde Ocarina of Time.

1. The Legend of Zelda: Ocarina of Time

The Legend of Zelda: Ocarina of Time es para muchos el mejor juego de la historia, y es sin duda uno de los juegos más influyentes en la industria del videojuego. Nintendo dio el salto a las 3D con el revolucionario Super Mario 64, pero el tiempo avanzaba y estaban saliendo propuestas de gran calibre y producciones que avanzaban hacia un nuevo concepto de videojuego. Aquí no se trataba de trasladar un plataformas de 2D a 3D, sino de trasladar lo que eran las grandes aventuras de jóvenes chicos a épicas epopeyas para adolescentes de mayor edad. Y eso marcó a un OOT que tenía ante sí un lienzo en blanco para crear lo que quisieran como quisieran. Iban a ser pioneros. La revolución empezó por los cimientos, con decisiones de diseño claves que van desde el uso del lock on tan habitual hoy en día para los combates, marcando a un enemigo y pudiendo combatir moviéndonos a su alrededor. También con una interacción inteligente de nuestro entorno: el botón A contextual para distintas acciones según el momento, o el uso de distintas perspectivas como la primera persona para el tirachinas y el arco con flechas.

Todo ello, junto a la distribución de objetos en los botones C, la cámara fijada y en funcionamiento óptimo la mayoría del tiempo o los saltos automatizados pero no excesivamente simplificado hicieron que todo fluyera de manera perfecta. De ese lienzo en blanco que era el concepto de aventura en 3D nacieron algunas de las mejores mazmorras de la saga, capaces de jugar con distintos niveles, con la capacidad de identificar nuevos secretos cambiando la vista, de la interacción con los elementos y con estructuras nada lineales. El famoso templo del Agua, que además de tres pisos tenía tres niveles de agua y por lo tanto, multiplicaba los caminos y las opciones de avance, es el mejor ejemplo.

Pero el halo especial de Ocarina of Time no se encuentra solo en los elementos más puros de jugabilidad. Está también en el mundo que se nos presenta, con sus razas (goron, kokiris, zoras, gerudos), con la interacción y misiones de varios personajes, desde el Rancho Lon Lon hasta el juego de máscaras, pasando por misiones de intercambio que va del simple huevo a la espada Biggoron, el uso del ciclo de día y noche presente en el juego o Epona, el backtracking presente gracias a nuevos objetos como el gancho y, claro está: el juego de dos realidades en forma de presente y futuro. Ese Link que crece 7 años, los que pasaron entre ALTTP y Ocarina of Time. Un juego memorable, con una banda sonora única donde la música -vía ocarina- también se integra en la jugabilidad. Y donde se diseñaron desafíos que todavía hoy no se han superado en lo que ingenio se refiere. Para muchos el mejor juego de siempre y el número 1 en la saga, de momento.

Este top ha sido elaborado por el coordinador de Meristation, Salva Fernández y autor del libro “Zelda, detrás de la leyenda” y no tiene por qué coincidir con el sentir general del equipo de Meristation.