Una historia de odio

The Last of Us 2: la representación de la madurez en videojuegos

Xose Llosa

The Last of Us 2: la representación de la madurez en videojuegos
The Last os Us: Parte II

La segunda entrega de The Last of Us se anticipa como uno de los exclusivos de PS4 más esperados de los próximos meses, centrando su historia en el drama de Ellie.

The Last of Us: Parte 2 -The Last of Us 2 a partir de ahora en el artículo-, es, no sólo uno de los juegos con mayor expectación, sino también uno de los más esperanzadores. Manejar las dosis de hype durante un desarrollo siempre es tarea complicada, pero un buen elemento al que aferrarse es la intención de quienes lo desarrollan. En este caso, las ideas propuestas por Naughty Dog.

The Last of Us 2 es un juego que gira en torno a la diversidad, y no me refiero en este caso a la diversidad social -que también es algo a lo que presta la atención-, sino a la diversidad en la manera de comprender los videojuegos. Pensar en un videojuego implica hacerlo a la vez sobre muchos elementos, ya que hay apuestas que priorizan lo jugable, otras lo narrativo, hay títulos pensados y enfocados al multijugador, otros al single player, algunos que simplemente pretenden ser realistas… en la heterogeneidad natural del medio debemos asumir que reside la virtud de ofrecer productos tan diversos como nuestros intereses son. Hoy se desarrollan y publican más videojuegos que nunca, lo que se traduce en que es muy fácil ser selectivo en lo que jugamos. Aquí es donde The Last of Us se mueve, rompiendo muchas de las reglas de la producción de alto presupuesto.

Exclusivo de PS4 AAA

Habitualmente, el proyecto AAA se planifica tanto en despachos como en mesas de trabajo. Los despachos, donde los informes de mercado son los que orquestan la función, tienden a elaborar premisas eminente reaccionarias. La lógica desde esta óptica es disponer productos que logren alcanzar el mayor índice de audiencia posible. En ocasiones estas estrategias de éxito acaban en condena, ya que terminan concluyendo en aproximaciones puramente genéricas y carentes de interés. The Last of Us, a este respecto, siempre ha resultado un juego especialmente interesante, ya que sobre el papel reniega de muchas de las asunciones del mercado.

Naughty Dog centrados en la segunda entrega

En primer lugar, el hecho de ser un juego de terror, en su momento, supuso un elemento de discusión, bajo la convicción de que los juegos de terror eran poco viables a nivel comercial; cuando se comenzó a descubrir que, además, era un título exigente en dificultad, no pocos discursos pusieron un nuevo clavo en el ataúd de esta apuesta. Su mayor transgresión, probablemente, fue el hecho de proponer una nueva IP independiente de Uncharted en el momento de máxima popularidad de Drake. Una serie de movimientos en Naughty Dog que sólo tienen dos explicación: la soberbia o la convicción del trabajo propio un equipo talentoso. Independientemente del punto de partida, el resultado es uno de los títulos mejor valorados de los últimos años.

Ahora, con la segunda entrega, la estela continúa en la misma senda. The Last of Us 2 tiene el empeño primario de ser un juego maduro. Un juego en el que el odio es el principal mensaje, y donde los autores superponen la potencia de su discurso a la diversión en un sentido estrictamente lúdico. De nuevo, Naughty Dog conoce la heterogeneidad de un público creciente, que hastiado de marines con formación militar de élite y hechiceros experimentados, pretende hallar en videojuegos historias humanas e intensas, quizá también duras y desgarradoras.

De esta forma, The Last of Us 2 no es un juego hecho para todos, pero su interés pone de relieve que en cuanto a temáticas y enfoques hay mucho que recorrer a la hora de contar historias en videojuegos.