Golf | Masters de Augusta

Los ‘chaquetas verdes’: el secreto mejor guardado de Augusta

El club, al que solo se puede acceder por invitación, cuida con celo la privacidad de sus miembros, aunque varios nombres han visto la luz con los años.

Los ‘chaquetas verdes’: el secreto mejor guardado de Augusta
JONATHAN ERNST
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Uno pasea por el Augusta National y de tanto en cuanto una estampa llama la atención. En medio de un mar de patrons, generalmente ataviados con ropa de golf ellos, bermudas en los días de más calor (solo el público está autorizado a llevarlas en este torneo), vestidos ligeros y pamela ellas, emerge una isla de elegancia protocolaria. Una americana tintada con el código 342 del Pantone, el ‘verde Masters’. Su titular es uno de los socios del club más exclusivo del mundo, refugio invernal de algunas de las personalidades más destacadas de la política, las finanzas, la tecnología y las profesiones liberales. Uno al que solo se accede por invitación. Nunca, jamás, a petición propia.

Es una presencia con doble significado. Un recordatorio de que en este rincón del mundo se mueven hilos que van mucho más allá del deporte profesional, y a la vez una muestra más del espíritu cercano y acogedor que los fundadores de la institución, Bobby Jones y Clifford Roberts, especialmente este último, quisieron darle al encuentro golfístico anual que acabaría convertido en el más importante del mundo. Un ciudadano lo suficientemente afortunado como para conseguir entradas puede preguntarle a Condoleezza Rice, secretaria de Estado estadounidense en la presidencia de George Bush hijo, la primera mujer invitada a unirse al club junto a Darla Moore hace solo 14 años, a qué hora juega Rory McIlroy. O puede debatir sobre la bandera que han puesto ese día en el 12 con Bill Gates si es que le da por aparecer por el campo y tiene tiempo para ello, cosa poco probable.

Los ‘chaquetas verdes’: el secreto mejor guardado de Augusta
Condoleezza Rice se convirtió en 2012 en la primera mujer socia junto a Darla Moore. David Cannon

Augusta guarda con celo los nombres que integran este círculo, pero inevitablemente, precisamente por esta política de puertas abiertas a la que le obliga cada año el Masters, muchos han acabado trascendiendo. Bloomberg recopiló 118 nombres, que serían cerca de la mitad de los alrededor de 300 que se estima que conforman el total. Warren Buffett, Rex Tillerson, Andy Jassy, Roger Goodell, Ginny Rometti, Ana Patricia Botín, la presidenta del Banco Santander, que en 2018 se convirtió en la primera socia de este país y es habitual entre el gentío en las vueltas de Jon Rahm... Dwight Eisenhower, el 34º presidente de los Estados Unidos y el único que ha sido socio, que se sepa, tiene a su nombre un pequeño chalet detrás del tee del 1, el Eisenhower Cabin, en cuyo sótano se construyeron unas dependencias del Servicio Secreto encargado de protegerle en sus desplazamientos. Hay más poder e influencia juntos en una jamboree, el torneo solo para miembros que se disputa a finales de marzo, que en el Consejo de Seguridad de la ONU.

¿Son los campeones del Masters socios?

Ganar el Masters te garantiza una chaqueta verde, ni mucho menos a perpetuidad (hay que devolverla al año siguiente), poder jugar el torneo hasta que el paso del tiempo o el sentido del ridículo te lo impida, cenar con el resto de campeones vivientes un martes al año en la planta superior de la casa club y la reverencia dentro de los límites de la propiedad, que se mantiene o se pierde en función de lo que se haga después.

Jack Nicklaus o Tom Watson, intachables, se dan un baño de masas ante los aficionados y los socios el jueves al despuntar el alba, en una de las tradiciones más bonitas del torneo, la salida honoraria. Es una de las pocas cosas por las que merece la pena madrugar en esta vida. Les acompaña cada año desde hace tiempo Gary Player, que tiene tres victorias allí entre las nueve que consiguió en los grandes. Pero un año escogió a Wayne, uno de sus hijos, para hacerle de caddie, y a este no se le ocurrió mejor idea que hacer publicidad encubierta de un fabricante de bolas de golf en cuya nómina figuraba. Para colmo ese día también participaba del homenaje Lee Elder, el primer jugador de raza negra invitado al Masters allá por 1975. Ahora Wayne tiene la entrada vetada de por vida y a su padre no le dejan ir a jugar una vuelta de golf con sus nietos. Tampoco gustó que el propio Gary luciera en la salida una gorra de Golf Saudi, promotor del LIV, cuando la tensión entre la superliga árabe y los circuitos tradicionales tocaba máximos históricos en 2022. Entre otras cosas porque Augusta ha sido un bastión en la defensa contra los petrodólares. No en vano también son socios Jimmy Dunne y Ed Herlihy, los muñidores del PGA en las tentativas de reunificación que se han ido produciendo, por ahora sin llegar a concretarse.

Los ‘chaquetas verdes’: el secreto mejor guardado de Augusta
Jack Nicklaus hace su salida honoraria en 2023 con Gary Player, de negro, observando a su derecha.JAMIE SQUIRE

Ser campeón no viene con el privilegio de la pertenencia, aunque han habitado y habitan golfistas notables en su seno. El citado Nicklaus, Arnold Palmer, Annika Sorenstam, Jack Burke Jr... También figuras de otros deportes como los hermanos Eli y Peyton Manning, entre los mejores quarterbacks de la historia de la NFL. Sea cual sea su ocupación, nadie se libra de pagar un canon de entrada indeterminado, que diversas fuentes sitúan en un amplio abanico entre los 40.000 y los 200.000 dólares. A partir de ahí la tarifa anual se calcula en el entorno de los 10.000. Las ventajas: el acceso a buena parte de las fuerzas que mueven el mundo y al campo más deseado que se ha construido sobre su faz, para ti y para tus amigos de vez en cuando si así lo deseas, entre mediados de octubre y finales de mayo, salvo en la semana del Masters.

Las obligaciones incluyen colaborar en las labores del club, actualmente presidido por Fred Ridley, un gran golfista a nivel amateur y abogado de profesión. Se estructuran de forma jerárquica en una serie de comités encabezados por distintos miembros, encargados de supervisar las múltiples ramificaciones que tiene el Masters y sus torneos satélite como el ANWA, desde las normas y el formato de competición a las relaciones con los medios. Nada se deja al azar en una institución formada por gente que gestiona la vida diaria de millones de personas, reservados por naturaleza salvo una semana de abril, en la que ponen a disposición de los demás su envidiable lugar de retiro.

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