¡Príncipe de Europa!
Javi Navarro vuelve a ponerse la capa en la tanda y para dos penaltis. Jacobo hizo el primero y Jensen empató. El Madrid logra la segunda Youth de su historia.


La vida es sueño y los sueños, sueños son. Pero, a veces, se cumplen. Con sufrimiento extremo, porque así se paladean las grandes victorias. Después de dominar, de merecer, de parecer sentenciar. De no hacerlo, tras un gol de Jacobo. Hasta depender de un punto que reparte penas y alegrías. Pero ahí, el Madrid tiene ventaja. Porque bajo palos no hay un niño, sino un ‘santo’. Está él, Javi Navarro. Un niño convertido en héreo. Un gigante que tras los tres penaltis detenidos al PSG, detuvo dos al Brujas. Si el himno habla de “historia por hacer”, los 25 diamantes han hecho la suya. Como la escribieron los de 2020. De Raúl a Álvaro López. Seis años después, La Fábrica vuelve a ser la reina del continente. Justo cinco después de que el cetro se le escapase a los mayores en Múnich, la Segunda pone rumbo a Valdebebas. Con todos ustedes, los nuevos príncipes de Europa.
El triunfo de quienes convirtieron lo que pudo ser una noche de brujas en uncuento de hadas. Uno que comenzó con un monólogo blanco. Ese “ojalá llegue ya” que salía de la expedición durante el fin de semana se notó. Esos dos días de reflexión, de atemperar euforia, pero también de convencimiento. De que los mimbres estaban. De que el camino más corto hasta la Segunda era morder y no esperar. Y no lo hicieron. Hasta convertir a una de las mejores defensas de la Youth en un flan. Con posesión, con verticalidad. Con colmillo.

Con la banda derecha como lanzadera. Como demostración que la mejor defensa es atacar. Porque ahí aparecían García y Koren, los dos grandes talentos belgas. Lateral y extremo. Acostumbrados a ser estrellas, se convirtieron el soldados. Por la pujanza de Fortea y, sobre todo, Yáñez. Ciclotímico de inicio. A los 15 minutos ya había acariciado el gol tres veces. Pero Vanden Driessche y unos centímetros de precisión pudieron con su zurda.
Pero no con el delantero de moda de La Fábrica. Con el ‘killer′ del Castilla, que también lo es de Europa. Cocinaron de nuevo Fortea y Yáñez y tras un barullo, donde solo los ‘nueves’ ven petróleo, apareció Jacobo Ortega. Metió el tacón y gol. De Caco, para su familia y amigos. Para su madre y su abuelo, que gritaron el tanto desde la Tuilière. Para su padre, que lo gritó desde la distancia porque el trabajo no le permitió estar. Ante el PSG lo hizo todo menos marcar, contra el Brujas primero marcó y luego preguntó. Premio al juego y a la propuesta.
Las gacelas no despertaron. Y los de Álvaro López no tardaron en volver a amenazar, a defender con balón. A pisar campo rival. Y cuando lo tenían los de De Roeck, Diego Aguado, cuya muñeca quedó en anécdota, hizo que Musuayi, que fue pesadilla para Atleti y Benfica, se volviera transparente. Para poner el broche a un primer tiempo que seguro hizo sonreír a Florentino desde la grada.

Y de repente...
Aunque entre todas las loas, Fortea vio una amarilla que hizo a Álvaro López tirar de precaución. Melvin, una locomotora, al campo. Para no arriesgar. Para poner más palos en la rueda. Consciente de que, por dormido que Goliat esté, siempre es Goliat. Que no se llega a la final de la Youth si no eres un gigante. Y esa dupla diabólica, Garcia-Koren, masticó una jugada aislada. De la nada apareció Jensen. Y de repente, de la nada apareció un gol. Reinicio en el 65′.
El tanto aturdió por momentos al Madrid, pero Javi Navarro sacó su capa por primera vez para devolver la calma. Una que se mantuvo durante muchos minutos. Entró al campo Liberto, para buscar la agitación de la semifinal, pero el contexto era otro. Porque si el primer tiempo fue de rock and roll, en la última media hora se temió que aparecieran los violines de Psicosis. Con voluntad, pero sin querer patinar. Porque hacerlo casi en la línea de meta era encontrarse con el iceberg del Titanic. Y así, a los penaltis. Los blancos, todos dentro: Liberto, Yáñez, Carlos Díez y Diego Aguado. Los del Brujas, ya saben, territorio Javi Navarro. De parar tres al PSG, a los dos de la final (Amengai y Koren). Para ser el héroe del Madrid. Para ser el príncipe de Europa.
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