PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS

Teresa Perales, la incombustible sirena que soñaba con ser médico

La nadadora siempre ha sentido la necesidad de ayudar y lo ha hecho siendo el referente del deporte paralímpico español. No sólo ha ganado medallas, ha ejercido como política, actriz...

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Teresa Perales, posando con unas joyas.
CHOCRON JOYEROS DIARIO AS

Teresa Perales (Zaragoza, 1975) siempre ha sentido la necesidad de ayudar. Afrontó la Selectividad con el sueño de convertirse en médico, de salir a las misiones, pero con 19 años le cambió la vida cuando una neuropatía la dejó sin movilidad en las piernas. Eso no la impidió formarse y es Diplomada en Fisioterapia. La pandemia de coronavirus hizo que aflorase, de nuevo, aquel sentimiento de niña: “Cambiaría mis medallas por ser médico y poder ayudar”. Ella lo ha hecho, convirtiéndose en un referente del deporte paralímpico español.

Desde que emprendió su carrera en 1997, la nadadora atesora 26 medallas en Juegos, 22 metales mundiales, otros 43 europeos... Más de 90 preseas para construir su leyenda. Sin embargo, la nadadora no sólo ha cultivado su vida dentro de la piscina, también lo ha hecho fuera. Ha sido diputada del Partido Aragonés Regionalista (PAR), inspirado cómics (‘Teresa Perales Cómics’), escrito dos libros ('Mi vida sobre ruedas' y 'La fuerza de un sueño'), protagonizado un documental ('La teoría del Espiralismo'), actuado en un cortometraje ('Servicio técnico'), vivido aventuras extremas como correr un rally o nadar con tiburones... y después de sus incursiones en la docencia, ahora también es coach.

Por todo ese bagaje, esta incombustible sirena ha sido reconocida como miembro de la Real Orden del Mérito Deportivo, en las categorías de Bronce, Oro y de Gran Cruz, y posee la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Además, Teresa tiene un hijo, Mariano, 'Nano', fruto de su matrimonio con el periodista Mariano Menor Pastor. Su boda dejó uno de esos momentos de película. Ella, con su largo vestido de cola, agarrada al brazo de su hermano y con ayuda de unos bitutores, caminó hasta el altar de la Basílica del Pilar. Ella, que está a punto de cazar el récord de Phelps y a la que, con cinco añitos, sus profesores de natación le dijeron que mejor se dedicara a otra cosa... Ella, que ha derribado barreras y por eso hoy no sólo es sirena, también Princesa.