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RUGBY | MUNDIAL

Japón consuma su desafío a la jerarquía del rugby mundial

Los anfitriones, que abrazaron el balón oval a mediados del siglo XIX, jugarán por primera vez los cuartos de la Copa del Mundo tras batir a Irlanda y Escocia en fase de grupos.

Japón-Escocia Mundial rugby 2019
ODD ANDERSEN AFP

EI próximo domingo, Japón jugará por primera vez los cuartos de final de un Mundial. Lo hará como primera de un grupo A que ha terminado invicta tras derrotar a Irlanda y Escocia, a estos últimos ayer en el partido que decidía cuál de los dos avanzaba a las eliminatorias (28-21). Es el único equipo fuera del circuito del Seis Naciones y el Rugby Championship que las disputará y lo ha conseguido tumbando en su camino a dos combinados del Tier 1, el primer nivel de selecciones.

Todo un desafío a la jerarquía clásica del rugby por parte de un país que empezó a abrazar la pelota ovalada a mediados del siglo XIX (y no a finales, la creencia más extendida, desmentida en esta historia del Japan Times), la popularizó en el XX con el apadrinamiento de los equipos por las grandes empresas del país y cruzó el Rubicón en la edición de Inglaterra 2015 para quedarse en la orilla buena. Fue en Brighton, con un ensayo de Karne Hesketh con el tiempo cumplido para ganar por primera y única vez hasta ahora a una potencia como Sudáfrica.

Cuatro años después son los organizadores del cotarro y han comparecido con un equipo con 16 jugadores de 31 nacidos fuera de sus fronteras. Tan cierto como que todos los puntos anotados ayer contra el Cardo, obra de Fukuoka, Inagaki, Tamura y Matsushima (este último nació en Sudáfrica, de madre japonesa, y se trasladó a Tokio cuando contaba seis años), hunden sus raíces en el archipiélago nipón.

Más allá de los 40 minutos de exhibición física y ofensiva de la primera parte, que decantaron la balanza, el partido en sí fue una demostración de fuerza. Porque se produjo un día después de que el tifón Hagibis, el más violento que ha pasado por el país en 60 años según los servicios meteorológicos, surcara la bahía de Tokio dejando barrios inundados, al menos 35 muertos, cientos de heridos y 17 desaparecidos hasta ahora.

Y porque se jugó en un estadio, el Internacional de Yokohama, que lució impoluto, con más de 70.000 almas dentro y una atmósfera cautivadora, tras horas de drenaje del agua y el barro que lo habían inundado por parte de los equipos de mantenimiento. Un acto de fe de la nación que ha dinamitado el statu quo en este Mundial, su Mundial.