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EUROPEOS 2018 | ATLETISMO

Fernando Carro se estrena con plata en 3.000 obstáculos

El madrileño, que llegaba con la segunda mejor marca del año de todos los finalistas, estrenó a lo grande su palmarés internacional. Solo cedió ante Mekhissi-Benabbad.

Berlín

Fernando Carro es un alma libre, anárquico y feliz de pensamiento, que no corre bonito, un chico de barrio al que huir de ‘los malos’ le curtió en la calle y encontró su lugar en una diminuta pista madrileña de 200 metros en Suanzes. Ese chaval, a los 26 años, es un atleta maduro que tiene la plata europea en 3.000 metros obstáculos, esa disciplina clásica en Kenia y que en España tuvo arraigo. Pero Carro viene de otro lugar. Nuevo atletismo en una prueba de siempre. Sólo pudo con él el francés Mekhissi Benabbad (8:31.66), subcampeón olímpico. Carro marcó 8:34.16, con tierra de por medio con el italiano Chiapinelli.

Con su pelo largo al viento se siente libre, como cuando monta en su moto BMW vintage que arregla para aplacar los nervios, el madrileño saltó al Olympiastadion decidido, como el que se sabe que está “en el momento y en el lugar”. “Cuando sabes que estás tan bien de forma da miedo”, reconocía el madrileño, que no siempre ha podido estar tan centrado como lo está ahora. La vida y el sabio Arturo Martín, que guió los pasos de Arturo Casado, han reconducido a un chaval que desayunaba pizza y ahora vive como un profesional.

Salió Fernando controlando una carrera que arrancó lentísima, a 3:02 el 1.000 y 5:51 el 2.000. Hasta que Chiapinelli la animó y Carro, que sabía que era “el día” respondió, como cuando huía de los quinquis, junto a Mekhissi, que comenzó a hacer su selección personal. Todos caían, menos el bravo Carro. Para ganarle hay que matarle, ley de la calle.

Sonó la campana y sólo el de Suanzes aguantaba en la última vuelta al díscolo francés, descalificado en su día por quitarse la camiseta antes de llegar a meta. Esta vez fue moderado en las formas, pero brutal en su cambio. Carro ya no pudo en la ría, pero su felicidad era inmensa. Tenía la plata que le apasionaba y le aterrorizaba a partes iguales. El sueño era mayor que la pesadilla.

Un estilo diferente

Carro se escapa de la ortodoxia del obstaculista que gana ventaja en el paso de la valla. “Yo no lo hago demasiado bien”, dice el atleta, que sí se maneja en los cambios de ritmo, algo que le sale desde que era júnior, y que ha madurado sus prestaciones trabajando a conciencia el fondo, con cross, 10.000, 5.000. “Podría dedicarme a esas distancias, porque se me dan bien. Los obstáculos me gustan más, por la intensidad, por los cambios. Se asemeja al 800 que eso sí que me gusta, pero soy lento para ello”, dice humilde.

Carro conoció la parte dura del atletismo en 2017, cuando tras los Juegos de Río se rompió la fascia del pie al pasar la ría y su patrocinador le abandonó por hablar sin pelos en la lengua. Regresó al equipo de Suanzes, sin cobrar nada, “sólo para recibir cariño”. Y en 2018, este activista contra el dopaje recuperó la estabilidad refugiado en su grupo de entrenamiento, con la psicología del mister Arturo y con chavales (Ben, Sergio Jiménez, Valladares...) que le llaman en broma ‘líder’. Con ellos, y con Clara, su compañera y obstaculista, espantó los fantasmas. Creyó en él y ahora Carro es de plata.

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