La epidemia silenciosa en la NFL
Esta pasada temporada, dos jugadores en activo, Moore y Kneeland, han acabado con su vida. Protagonistas reclaman un mayor cuidado de la salud mental por parte de los equipos.


En una maquinaria deportiva que luce tan perfecta como la de la NFL, en la que cada domingo se celebra el espectáculo y el poderío físico de sus protagonistas, hay otra realidad en la sombra, opacada por los touchdowns, los estadios llenos y las mareantes cifras que maneja la competición. Esta realidad es silenciosa, y no se puede cuantificar en las mil y un estadísticas que rodean a este deporte: la salud mental de los jugadores. En esta última temporada, la alarma por el descuido de este asunto se ha disparado a raíz del fallecimiento de dos jugadores en activo, Marshawn Kneeland y Rondale Moore. Los dos, de 24 y 25 años, respectivamente, aparecieron muertos por heridas autoinfligidas con un arma, y su trágica desaparición ha hecho que numerosas personalidades clamen por un mayor cuidado de la salud mental en la liga que más dinero mueve en el planeta.
El 5 de noviembre de 2025, las autoridades encontraron el cuerpo de Kneeland cerca de su coche en Frisco, Texas, después de una persecución policial. El linebacker estaba disputando su segunda temporada en los Dallas Cowboys y, tan solo tres días antes de su muerte, había anotado el único touchdown de su carrera en un partido en prime time frente a los Arizona Cardinals. El 21 de febrero de este año, apenas 108 días después, Moore fue encontrado sin vida en un apartamento de New Albany, Indiana. El receptor, después de tres decentes temporadas en los Cardinals, se había perdido los dos últimos cursos, en los Atlanta Falcons y los Minnesota Vikings, por sendas lesiones en la rodilla sufridas durante la pretemporada. Ambos hechos continúan bajo investigación policial para esclarecer lo sucedido.
Durante décadas, la conversación sobre los riesgos del fútbol americano se centró casi exclusivamente en el cuerpo: conmociones cerebrales, dolor crónico, carreras cortas. Sin embargo, cada vez más estudios, testimonios y tragedias personales apuntan hacia otro frente igual de preocupante. Ansiedad, depresión, aislamiento y la presión constante de rendir en una industria multimillonaria forman parte de una carga invisible que muchos jugadores llevan solos. “En momentos como este, recordamos lo mucho que nuestros jugadores aportan, dentro y fuera del campo. A nuestros miembros: sepan que siempre tienen apoyo a su alcance. Cuiden de sus compañeros y prioricen su salud mental. Si ustedes o alguien que conocen está pasando por un momento difícil, los animamos a aprovechar los numerosos recursos y servicios confidenciales disponibles a través de la NFLPA”, rezó el comunicado de la Asociación de Jugadores de la NFL después del fallecimiento de Moore.

“Aseguraos de que todos estáis pendientes de vuestros amigos fuertes... Los que animan y hacen que todos los demás sean buenos”, escribió en X el defensor Sauce Gardner, uno de los primeros jugadores en pronunciarse sobre lo importante que es la salud mental. “¡Mirad qué tal está vuestra gente, tío", siguió Darius Slay, mismo mensaje que Aaron Jones. “Hermano, cuídense, amigos deportistas, nosotros también somos humanos”, dijo Lynn Bowden Jr. “Escucha, no me importa quién seas. Si necesitas hablar con alguien, comunícate. Aquí estoy para ponerme en contacto con todos”, añadió el corredor Raheem Mostert. Y algunos fueron más allá.
“No está nada mal pedir ayuda o ir a un terapeuta, yo tengo uno y lo veo todas las semanas. Viene con esta vida del fútbol americano y la mayoría de la gente nunca lo entendería, pero aún así me contactan. Esto me dejó en shock. Descansa en paz, hermano”, contó Michael Jackson Sr. “Los aficionados y los medios se apresuran a etiquetar a un jugador como ‘propenso a las lesiones’. No elegimos lesionarnos... a veces las cosas pasan. No ven la rehabilitación, el dolor, el desgaste mental que causa. Ese proceso puede hacer que te pierdas a ti mismo. Esto es real. No importa cuánto apoyo recibas, aún tienes que luchar esa batalla solo. Echan más leña al fuego, sin siquiera saber con qué se enfrenta un jugador de puertas para dentro”, reflexionó Jamal Adams.
Medidas... ¿insuficientes?
Los casos de Kneeland y Moore, tristemente, no hicieron más que confirmar unos datos que preocupan. Un estudio de Football Players Health Study de Harvard determinó que la tasa de suicidio entre exjugadores de la NFL que terminaron su carrera después de 2011 es mayor que la de exjugadores de MLB y NBA en el mismo periodo. ¿Se cuida lo suficiente la salud mental en la liga estadounidense de fútbol americano? Desde 2019, una fecha relativamente reciente, la liga exige que cada franquicia tenga al menos un profesional de salud mental en su staff.
Sin embargo, no todos los conjuntos funcionan igual. “Algunos equipos tienen psicólogos deportivos a tiempo completo; otros solo trabajan con clínicos a tiempo parcial o externos”, advirtió California Healthline en 2023. Además de esta medida, los jugadores cuentan con otras ayudas como el acceso a una línea confidencial de apoyo psicológico las 24 horas, el programa Total Wellness que aborda la salud de forma integral, programas de transición tras la retirada o campañas para normalizar que los jugadores pidan ayuda.
Pese a estos esfuerzos, muchos de ellos propuestos en los últimos años, aunque mejor tarde que nunca, los tristes acontecimientos que se suceden hacen ver que son insuficientes. Por ejemplo, se solicita una mayor especialización. “El entorno del deporte de élite es muy específico y requiere especialización; no todos los doctores que llegan a la NFL la tienen”, reclamó el psicólogo Sam Maniar, consultor de la liga, hace tres años. También existe el estigma de que, en uno de los deportes más para ‘tipos duros’ que puede haber, con un entorno feroz y con franquicias sin piedad, pedir ayuda puede verse como una muestra de debilidad e incluso lastrar carreras.
Contra ello, poco a poco, van luchando cada vez más referentes. Uno de los más vocales al respecto es Dak Prescott, que no tiene problemas en hablar abiertamente sobre su lucha contra la depresión y la ansiedad, especialmente después del suicidio de su hermano en 2020. El quarterback de los Cowboys, además, tiene una fundación que lucha precisamente por dar visibilidad a los problemas de salud mental. “Pide ayuda”, es uno de los más repetidos mensajes que escribe Prescott sobre su protección en la muñeca antes de los partidos. “La enfermedad mental no es una debilidad”, es el lema que llevó por bandera Brandon Marshall, un reputado receptor que fue de los primeros en poner el foco en este asunto.

Puede que haya avances, pero la muerte por suicidio de dos jugadores en activo durante la misma temporada ha sacudido a la NFL, que ya lleva un tiempo lidiando con fallecimientos prematuros de exjugadores, muchos de ellos en extrañas circunstancias y con la sospecha, o la confirmación, de que padecían CTE (encefalopatía traumática crónica). Esta enfermedad cerebral degenerativa, la cual puede aparecer tras repetidos golpes en la cabeza y provoca graves trastornos cognitivos y en el comportamiento, puede explicar muchos de estos tristes desenlaces.
Una relación preocupante
Aunque sigue siendo difícil poner una cifra, un estudio del Boston University CTE Center encontró CTE en 345 de 376 exjugadores de la NFL analizados, es decir, un 91,7%. Otro de JAMA en 2017 halló CTE en 110 de 111 cerebros de exjugadores de la NFL estudiados, cerca del 99%. En el estudio de Harvard previamente mencionado, se resuelve que uno de cada tres exjugadores encuestados afirma creer que padece CTE, afección contra la que la liga lleva años luchando, y varias innovaciones o cambios de reglamento han conseguido, al menos, reducir la cifra de conmociones cerebrales en los jugadores.
¿Es posible que exista relación entre la CTE y los suicidios de jugadores y exjugadores de NFL? “Cuando se produce una lesión cerebral, en particular una conmoción cerebral, se altera el equilibrio de los neurotransmisores. Ese desequilibrio químico puede provocar depresión y otros síntomas de salud mental”, cuenta Alaina S. Davis, especialista en lesiones cerebrales y directora del Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trastornos de Howard University, que recuerda que la CTE presenta síntomas como pérdida de memoria, cambios de humor, depresión, impulsividad y deterioro cognitivo y lleva a quienes la padecen a tener mayores pensamientos suicidas que quienes no la sufren. “Mucho de lo que se etiqueta como salud mental es en realidad una lesión cerebral. Como esas lesiones son invisibles, es más fácil ignorarlas”, añade Davis, que incidió en la necesidad de luchar contra los estigmas existentes. “Los deportistas están entrenados para luchar contra el dolor. Cuando la lesión es mental o neurológica, sienten aún más presión para ocultarla”.
Coinciden estos trágicos sucesos, además, con lo que en Estados Unidos ya se bautiza como “crisis” de suicidios entre hombres de raza negra, que en la NFL alberga a más de la mitad de sus jugadores (en torno al 55%). Un estudio de Statline basado en datos federales concluyó que la cifra de suicidios entre la Gen Z, de entre 18 y 27 años, es mayor que la que era entre millennials hace una década. Además, se señaló que dentro de ese crecimiento, el 85% del incremento se había producido entre la población negra e hispana. “Muchos de los síntomas que preocupan a los jugadores podrían estar causados por afecciones tratables, lo que refuerza aún más la importancia de la atención temprana a la salud mental", explica Rachel Grashow, quien lideró el estudio de Harvard que ha sido previamente mencionado. La NFL está siendo sacudida por una pandemia silenciosa, y la necesidad de darle una mayor importancia al cuidado de la salud mental de sus protagonistas es imperiosa.
Nota de ayuda: En España, si tú o alguien que conoces está pasando por una crisis de conducta suicida, se puede llamar al teléfono 024, disponible las 24 horas y de manera confidencial y gratuita. Ofrece orientación y apoyo profesional inmediato.
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