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El traspaso de Marcus Peters es una colección de incógnitas

Los Angeles Rams

El traspaso de Marcus Peters es una colección de incógnitas

El traspaso de Marcus Peters es una colección de incógnitas

No hay muchos precedentes de grandes cornerbacks de 25 años, en contrato rookie y con opciones de ser Hall of Fame, que sean traspasados.

¿Quién es capaz de traspasar a un jugador de la NFL, que trabaja en una de las posiciones preeminentes en el actual estilo de juego, que cuenta con 25 años, que tiene potencial para llegar a ser Hall of Fame y que aún está en su contrato rookie, esto es, es barato? Si uno rebusca por arriba y por abajo en la historia de la liga es posible que la única respuesta sean los Kansas City Chiefs, y sólo en un caso: Marcus Peters.

El cornerback de los Chiefs jugará en Los Angeles Rams la temporada que viene y este movimiento del mercado nos ha dejado con una montaña de incógnitas, porque apenas tenemos comparativas para juzgarlo.

Los motivos del traspaso, qué duda puede caber, son extradeportivos. Peters es un dolor de cabeza. Su comportamiento ha dejado que desear en más de una ocasión. Más allá de si es una distracción en el vestuario o no, asunto en el que cada cual cuenta una película, sus desplantes, como el tirar un pañuelo amarillo arbitral a las gradas, algo que le costó un partido de sanción, no han sido ni pocos ni pequeños en los tres años que lleva en la liga. No es de los de aceptar autoridades ni de los de respetar a compañeros, como demostró cuando se mofó del safety de los New Orleans Saints, Marcus Williams, tras el terrible fallo del chico en el partido de la ronda disivional de los playoffs frente a los Minnesota Vikings.

En los Chiefs las cosas han cambiado al respecto de la tolerancia con este tipo de personajes. John Dorsey ha dejado de ser general manager y Andy Reid parece haber ganado protagonismo. Y, desde luego, Reid no es de lo que se siente a gusto con personajes del calibre de Marcus Peters.

Pero aquí aparece una de las grandes incógnitas. Con un jugador del nivel de Peters en el mercado no pujaron por él ni los Cleveland Browns ni los Indianapolis Colts, y resulta que los que toman las decisiones en ambas franquicias son el citado Dorsey, general manager de los primeros, y Chris Ballard, mismo cargo en los segundos. Ambos hombres en los Chiefs cuando se eligió en el draft al cornerback.

Otra incógnita es el hecho de que llevamos 72 horas sabiendo una parte del traspaso pero no la otra. Los Angeles Rams no han hecho público, no han filtrado, qué han pagado por él. Algo que escama. Y mucho. El año pasado los New England Patriots pagaron una primera ronda por Brandin Cooks, receptor de los Saints, que también era un jugador en contrato rookie y con buen cartel. Menos que Peters, por cierto. Así que todo lo que sea una primera ronda y algo más (¿quizás una cuarta?) sería visto como una ganga para los Rams, y los rumores apuntan a que podría ser algo tan poco esperanzador como una tercera de este año y una segunda del que viene, lo que haría reventar de indignación a la afición de los Chiefs.

Si es así, si ni siquiera han tenido que dar la primera ronda, los Rams acaban de hacer uno de los negocios de la década en la NFL. No olvidemos que durante los dos próximos años pueden retener a Peters a un precio ridículo de 1,7 millones de dólares en 2018 y una extensión de quinto año que no llega a los 10 millones. Estaban pagando  casi 17 millones al año a Trumaine Johnson, que se convierte desde ya en una de las grandes piezas de la agencia libre, claro.

Lo siguiente que intriga es pensar en qué dirección van los Chiefs. El equipo, no lo olvidemos, jugó playoff esta temporada. Desde entonces, ha traspasado a Alex Smith, Marcus Peters y ha cortado a Derrick Johnson. Ninguna de esas bajas es fácil de llenar. Y, si no la han conseguido en el intercambio de Peters, no tienen primera ronda este año, que voló camino de los Bills para hacerse con Pat Mahomes la temporada pasada.

Hay una última incógnita sobre Marcus Peters. Su producción en el campo está fuera de toda duda. Es esa clase de cornerbacks a los que les das medio campo y te olvidas por completo. Los números de los quarterback que lanzan hacia su zona lo explican claro: cada vez lanzan menos y evitan su esquina. Además, tiene un ratio de "big plays" como no se recuerda, pues en tres años ha acumulado 19 intercepciones, 5 recuperaciones y 5 fumbles forzados. Si mantiene estos números... bueno, el Hall of Fame sería seguro.

Sin embargo, también peca de una hiperagresividad y un gusto por el riesgo que hace que cometa errores que cuestan muy caro a su equipo. Lo uno va unido a lo otro, por supuesto, y a su carácter, que es el principal de sus problemas y el motor de que un talento como el suyo haya cambiado de equipo incluso antes de firmar su primer gran contrato.

Que esa es otra. Dado que el año que viene negociará una extensión, negociará por primera vez en la NFL, es más que probable que aspire a acercarse a los 100 millones de dólares, algo inédito para un cornerback ¿Hará eso que se centre y juegue al máximo de sus posibilidades sin ser un problema ni dentro ni fuera del campo? Esa es, probablemente, la incógnita definitiva. Porque como la respuesta sea sí, en los Rams habrán conseguido uno de los traspasos más imponentes de la historia reciente de la NFL.

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