Balonmano - Champions League | Kiel 25 - Ciudad Real 31

Ciudad Real, capital de Europa

Por primera vez en la historia de la Champions, un equipo remonta la final en la cancha visitante. Entre Stefansson y Kallman (23 goles) enmudecieron a los 11.200 espectadores del Sparkassen Arena. Año redondo del equipo de Talant Dujsebaev.

<b>CIUDAD REAL SE LLEVA OTRA COPA. </b> Hombrados, como capitán, levantó también la segunda Champions del Ciudad Real en su historia. Sólo un jugador del equipo, Rolando Urios, segundo capitán del equipo, ha estado en todos los títulos internacionales del equipo manchego.
Enrique Ojeda
Actualizado a

No mentía el Ciudad Real con sus declaraciones de toda la semana instando a los boticarios de La Mancha a no dispensar pastillas para no soñar. Con todo en contra, se apuntaba al imposible: a ganar contra pronóstico, contra la tradición y contra sus bajas (cinco). Y lo logró en una pista majestuosa, ganando la Champions ante el que era el vigente campeón, dos años sin caer en su coliseo, y que partía con dos goles de ventaja obtenidos en la ida. Nadie había remontado a domicilio una final de la Champions, por eso el éxito es de un valor superlativo, la guinda a un año de cinco títulos.

Ayer Dujsebaev corrigió el error garrafal del primer partido: impidió pensar a Karabatic con un Kallman que en la posición de avanzado evitó que crease o que lanzase cómodo. Jonas lideró la defensa, y cinco más protegieron como una muralla al gran Sterbik, un trabajo numantino aferrado a esa idea para ganar el título. La solidaridad por encima de todo, y el Kiel, descreído desde el mismo momento en que comprobó la solidez del rival, fue menguando con el tiempo.

Dúo nórdico.

Sin Rutenka, sin Urios (jugó un minuto), sin Metlicic, sin Chema, en ataque surgió el islandés Stefansson para romperle la crisma al Kiel. Sus ocho goles en la primera parte mostraron el camino a los suyos. Le relevó Kallman, especializado en finales, como en Zaragoza, cuando sentenció al Barça con un golpe franco.

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La combinación nórdica (23 tantos, casi como el Kiel) fue extraordinaria, pero los goles de Stefansson hubiesen sido imposibles sin la entrega de Entrerríos, Laen y Zorman, y los de Kallman al contragolpe no hubiesen llegado sin Pajovic, Dinart y Morros.

Ni la tángana del último minuto, forzada por un impotente Zeitz que acabó con la expulsión de Dinart y Pajovic, rebajó la victoria manchega, que en esa inferioridad de tres (Stefansson estaba excluido) contra seis la saldó con un empate a uno que reafirmaba al Ciudad Real como el campeón más grande y el primero que acaba con una tradición que parecía ley.

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