Balonmano | Supercopa de León

Stefan Kretzschmar ya no es el Rodman europeo

"Me he hecho viejo; me cuido para no arrastrame"

<b>ICONO. </b>Lleva años siendo el niño terrible en Alemania, pero también la referencia del balonmano.
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Pasa por ser el deportista más transgresor de Alemania pero Stefan Kretzschmar, icono universal del balonmano mundial, ha trascendido a sus actuaciones deportivas con el Magdeburg, que compartía con sus negocios de hostelerÍa, publicidad y televisión. "Lo estoy dejando. Soy viejo y debo cuidarme. Me quedan dos años más de balonmano, y no quiero arrastrarme. Cada vez me duele más el cuerpo y necesito más tiempo para recuperarme", asegura Stefan (1973).

Es posible que haya sentado la cabeza y no quiera seguir los pasos de Dennis Rodman, el jugador de la NBA a quien siempre le han comparado. "No tengo tiempo de pensar en mi imagen". Parece un bucanero agotado, un histrión que no renuncia a ser diferente, aunque ya no le buscan los fotógrafos.

"Me he retirado de la selección por mi salud", por lo que ha perdido presencia internacional, aunque esta temporada los españoles podremos seguir viéndole: jugó en la pretemporada en Ciudad Real; este fin semana lo hará en la Supercopa de Le y la próxima, ante el Barça en la Champions.

Es tan exuberante en todo que por amor aprendió español en tres meses pasa casarse con una joven cubana a la que conoció en un viaje la Isla ("era nula para los idiomas, y yo no quería intermediarios cada día al teléfono"). De su primer matrimonio tiene una hija, cuya cara llevaba tatuada en el cuerpo, como la de Franziska van Almsieck, la diosa de la natación alemana, con la estuvo unido sentimentalmente hasta hace bien poco, "pero ya no; es pasado". "Mi tercera mujer es esquiadora, para variar un poco", y le acompaña a los partidos, también con sus tatuajes en la espalda. No ha dicho nada sobre si estará el fin de semana en León.

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Risas y cervezas en Mallorca

Kretzschmar se sigue divirtiendo con el Magdeburg y le agrada la manera de hacer equipo: "Cuando terminamos la temporada nos juntamos una semana. El último año, en Palma de Mallorca. Pero no como la selección sueca, en la que llevan a sus esposas o novias. En el Magdeburg es una semana sólo para nosotros, para beber, para reírnos, para ser más amigos". Y así disfruta este gran conversador, con quien se puede enhebrar desde una discusión de moda a otra de política internacional sin que decaiga el interés.

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