Menchov, en butaca
Eladio venció en los Lagos. El ruso aguanta y Mancebo cede.

Llegados a este punto, convendría preguntarse si Heras y su equipo están siguiendo la táctica adecuada para desbancar a Menchov. Lo digo porque lo que comenzó siendo un encomiable intento de Heras para descolgarle en los Lagos se convirtió al final en un generoso trabajo en favor del ruso, quien, guiado por la rueda de su enemigo, controló la fuga de Sastre y alejó la amenaza de Mancebo.
¿Qué hubiera ocurrido si pasadas las rampas más duras, al comprobar lo infructuoso de su esfuerzo, Heras se hubiera echado a un lado y le hubiera dejado toda la responsabilidad a Menchov? Como poco, le hubiera creado un cierto conflicto mental: tirar, desgastarse y llevarse a rueda a un gran escalador o no hacerlo y permitir que Sastre amenace el liderato.
Eso sí, una apuesta tan fuerte implica riesgo y ausencia de vanidad. Se arriesga el dudoso valor de un segundo puesto y el aspirante se expone a que otros ciclistas, seguramente españoles, se incluyan en la pelea por el triunfo. Pero no queda otra. Continuar como hasta ahora es ofrecer a Menchov el trabajo de un equipo del que carece.
Manolo Sáiz, que ve venir la polémica, ya dijo ayer que no concibe el ciclismo moderno como una alianza nacionalista. Pero equivoca los términos. No se trata de pactar con los paisanos, si no de fijar el enemigo y hacer exactamente aquello que le puede perjudicar. Y, de momento, no se le perjudica. Al Liberty no se le puede reprochar la actitud mostrada ni su implicación. También se entiende su planteamiento de ayer y que Heras agotara sus opciones hasta el último instante. Pero eso ya no se entenderá hoy si Menchov consigue cruzar la meta a rueda de su gran rival.
Al final, los Lagos no permitieron más proeza que la de Eladio Jiménez, que culminó una escapada de 133 km en la que participaron otros trece ciclistas. Eladio se despidió de ellos en las primeras rampas de la última subida y se lanzó a la cumbre con un ritmo irresistible, ligero, imperial.
Por detrás, Liberty exprimía a sus gregarios para castigar a los favoritos. Pero sólo Mancebo acusó el castigo, tanto, que su famosa goma terminó por romperse. Fue entonces, a 13 km de meta, cuando Sastre echó el resto y comenzó una fuga incierta en la que se prohibió mirar atrás. Intento valiente, pero insensato.
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Algo más lejos, nunca más allá de los 15 segundos, Heras tiraba de Menchov y de Simoni, que por si no lo sabían corre la Vuelta. El italiano decidió ayer ganar esa etapita que le redime de su abulia general, pero debió confundir al gran Eladio con un membrillo. Y no lo es. Cruzó la meta tan sobrado que se marcó un derechazo torero.
Hoy la Vuelta acaba en Pajares, el último final en alto y, probablemente, la última oportunidad clara de asaltar a este líder que parece español y no lo es y que no tiene equipo, aunque lo parezca.