Vota Mancebo
El abulense se reivindica con una gran victoria. Menchov resiste.

Todos le admiran, pero él se siente poco reconocido, por eso se irá a un equipo francés, el Ag2r. O pudiera ser que no fuera de su agrado el tipo de admiración que recibe aquí. Debe ser eso. Y lo entiendo. Y lo admito: le dedicamos el elogio mitad cariñoso y mitad compasivo que se entrega a los ciclistas que se dan cabezazos contra el muro y no agrietan la pared, sino su propia cabeza, y pese a todo vuelven, y vuelven. Y entonces hablamos de su entrega, de su casta, de su arrojo, pero sólo un poco, un par de líneas, porque siempre se le cruza por delante un ganador de etapa, o de Tour, o uno de esos genios inconstantes que roban nuestro corazón.
Ayer, sin embargo, no se le cruzó nadie. Se comportó como siempre, fue valiente y entusiasta, atacó de lejos, hizo la goma, se recuperó cuando parecía desfallecido y en cuanto recuperó el aliento volvió a atacar. La diferencia es que esta vez ganó y la foto es suya. Y Mancebo necesitaba victorias, fotos, materiales tangibles que le pusieran cara y cuerpo a su incomparable constancia: cuarto en el pasado Tour y antes, sucesivamente, sexto, décimo, séptimo, decimotercero y noveno; tercero en la última Vuelta. Y candidato en la presente. Eso es lo que trató de decirnos ayer: Vota Mancebo.
Después de una etapa enorme, la primera en los Pirineos, Mancebo superó al sprint a Heras y no incluyo entre sus rivales en la llegada a Menchov porque el ruso de Pamplona, en un gesto típico de Indurain, decidió no disputar la victoria, ya que, según explicó, se había limitado a defenderse y no había tirado del grupo. Ya lo dije: como le escuchemos con atención terminará por engancharnos.
Justo después del trío de cabeza llegaron Carlos García Quesada y Mercado, más tarde Beltrán, Plaza, Sastre y Sevilla, todos en diferencias razonables y todos protagonistas de una jornada que, después de varias explosiones, no varió excesivamente la general de ayer, aunque tal vez sí la de hoy, porque el castigo pasará factura.
La dinamita la puso, como se esperaba, el equipo de Belda, fabuloso en la maniobra aunque sin el premio que se había trabajado. Adolfo García Quesada sirvió de puente a su hermano Carlos, que atacó en el último puerto y llegó a tener un minuto de ventaja. Pero se desfondó.
Gran batalla.
En las escaramuzas participó también Aitor Osa, que se cayó en un descenso y se rompió la clavícula, el honor intacto. Después de eso sólo le debe quedar buena suerte en el depósito. También fueron valientes Mercado y Sevilla, que ha regresado al mundo de los vivos. Y una promesa para el futuro: el americano Danielson. Tiembla Leblanc.
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Fue un gran día, del que salen muy beneficiados el vencedor de la etapa y el líder, ciclistas que entran en una dimensión nueva en la que no conocemos sus límites. Ambos han descubierto cosas sobre sí mismos. Menchov sabe que puede. Y Mancebo sabe que sólo hay una forma de convencernos a los pobres incrédulos. Aunque él dice que el triunfo se lo dedicó a su hija Paula, cuando lanzó el puño al aire a mí me dolió el mentón.
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