Ciclismo | Vuelta a España. 4ª etapa

Petacchi de La Mancha

El italiano sumó su 14ª victoria en la Vuelta en un fabuloso sprint

<b>FANTÁSTICA &#39;VOLATA&#39;. </b>De izquierda a derecha, en primera línea: Tom Boonen, Marco Zanotti, Sebastien Chavanel, Tom Steels, Alessandro Petacchi y Erik Zabel.
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Cuando yo era pequeño había abanicos y pájaras, y no quiero que piensen que tuve una infancia de arrabal y barrio chino, porque estoy hablando de mis más tiernas memorias ciclistas. Cuando yo era pequeño, e incluso adolescente, cualquier etapa llana de la Vuelta era una diversión, o así lo recuerdo, porque si no era el viento el que causaba estragos en el pelotón siempre podías confiar en el enfado de Manolo Sáiz o en la proeza de algún corredor del Huesitos, nuestro equipo favorito por razones elementales.

Pero el viento de ahora ya no debe ser como el de antes, que nos volaba, ni hay Huesitos que echarse que a la boca, que engordan, incluso Sáiz ha apaciguado su carácter y nos convence cada vez que habla. Las etapas llanas de hoy en día, con huracán o calma chicha, las gana todas Petacchi.

Tampoco las pájaras son como las de antaño, súbitos agotamientos que asaltan por igual a favoritos y gregarios; ahora atacan fuera de la carretera y los desfallecimientos, que pueden durar meses o años, tienen más difícil explicación, ustedes ya me entienden, supongo.

La historia.

Sí, ayer ganó Petacchi, como casi siempre, aunque esta vez el desenlace incluyó muchísima emoción porque en algún instante dio la impresión de que el italiano no podría vencer esta vez, y ya sabemos que los sprints duran poco más que un instante. Ocurrió que el implacable Fassa Bortolo calculó mal las distancias o se dejó un lanzador por el camino o se le hicieron largos los 232 kilómetros cuando faltaban pocos metros para la meta. El caso es que de repente no hubo motorista del equipo marcando la ruta y los perseguidores, al verlo solo, se echaron encima del flamante Alessandro. Al olor de la sangre, los velocistas llenaron el ancho de la recta de meta, tan diáfana que podría haber aterrizado allí un Jumbo. Varios sabuesos superaron al favorito.

Sin embargo, en una remontada inesperada y prodigiosa, Petacchi los batió a todos casi en la misma línea de meta, con tiempo suficiente para levantarse y señalarse repetidamente el pecho, una manera de decir que no gastaran carrete en la foto-finish, que había ganado él. Después aparecieron Thor Hushovd y Zabel, los extras.

Il Padrone del sprint o AleJet, como le llaman en Italia, sumó en Argamasilia (así lo escriben y queda chic) su 14º triunfo en la Vuelta, el 101 en su historial. Y por si fuera poco cada día tiene los ojos más azules. Ser sprinter italiano exige al candidato un cierto porte, de no tenerlo se aconseja la reconversión en escalador o en grillo Bettini.

Así acabó la etapa, pero empezó de otro modo bien distinto. En el kilómetro 3 se escaparon Finot, Joly, Edaleine y Van Bon, tres franceses y un holandés, para que luego digan que no hay extranjeros en la Vuelta.

Los galos, ya en solitario, alcanzaron una ventaja de 13 minutos sobre el pelotón, que a partir de entonces se agitó en busca de los fugados, que cayeron en el km 186.

Con un viento mínimo, el gran grupo se rompió en tres pedazos, en el último de los cuales quedaron descolgados Mayo y Beloki, en otra vida aspirantes al Tour.

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A pesar de que los equipos de los sprinters ya estaban a los mandos de la carrera se registraron varios intentos de escapada, el más reseñable el de Luis Pasamontes (Relax), un ciclista con el apellido perfecto y el coraje infinito. Su ataque fue contra los molinos, pero fue hermoso.

Hoy no ganará Petacchi, creo. Las cuestas de Cuenca deberían impedirlo. Por fin se inclina la Península.

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