Ciclismo | Tour 2005 - 10ª etapa

Voigt, nuevo líder

Armstrong permitió la fuga del segundo clasificado y perdió el liderato de la carrera. Moreau también se aprovechó de la falta de vigilancia y ya es segundo en la general. Rasmussen, que se fugó en el kilómetro 5, culminó una victoria épica. Hoy es día de descanso. A partir de mañana, los Alpes.

<b>EL OTRO GANADOR. </b>Voigt celebra tras cruzar la meta la conquista del maillot amarillo. Moreau se felicitó también por escalar posiciones.
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Algo ocurre. No parece normal que Armstrong El Terrible permita la escapada del segundo clasificado en la general, y más aún cuando pertenece a un equipo, el CSC, que será uno de sus principales adversarios en la ruta (Basso está al acecho, entre bambalinas). Igual de extraño es que haga la vista gorda ante la fuga de Moreau, cuarto en el Tour 2000 y un ciclista habituado a terminar entre los diez primeros. Ninguno es un ganador potencial de la prueba, pero no resulta inteligente concederles ventaja para que sueñen con serlo. Y tampoco se ahorró el Discovery ningún trabajo por ser tan tolerante, sino que se vio obligado a controlar la carrera e incluso al final tuvo que pedir ayuda al Cofidis para que redujera distancias con los escapados. Demasiado pronto para solicitar favores.

Lo sé. Hemos detectado en Armstrong tantas alarmas que han acabado siendo falsas que cuesta convencerse de la veracidad de las nuevas señales. Al contrario: su presencia inspira un temor tal, que ya interpretamos sus errores como jugadas maestras. Hay quien dice que el desplome de su equipo en la etapa del sábado no fue más que un movimiento "estratégico". Y se extiende la sospecha de que, además de un gran ciclista, Armstrong es un actor fabuloso, un virtuoso del engaño.

No descarto ninguna opción, pero creo que, ya sea por falta de fuerzas o por un sesudo planteamiento que se me escapa, Armstrong se está equivocando. Mañana, en el primer final en alto, saldremos de dudas.

Rasmussen fue el gran héroe de la etapa, aunque no el único ganador. El finísimo escalador danés, campeón del mundo en bicicleta de montaña en 1999, lanzó, cuando apenas se habían recorrido cinco kilómetros, un ataque largo y valiente que le sirvió para consolidar su liderato en la montaña y para conseguir un triunfo épico y glorioso. Gárate, el aspirante español al jersey de puntos, se hundía en uno de los primeros puertos.

Por detrás de Rasmussen, que no debía dar crédito a la permisividad del pelotón, Voigt y Moreau libraban otra batalla apasionante. Uno se jugaba el maillot amarillo y el otro un lugar de honor en la clasificación general. Aunque tuvieron compañía en una parte del trayecto (Zandio, Vicioso y Landaluze viajaron con ellos), lo completaron solos, en perfecta armonía, con poderosos relevos. Al final, aventajaron al grupo del líder en tres minutos. Y eso, pese al trabajo mercenario del Cofidis, el equipo al que pertenecía Armstrong cuando contrajo el cáncer y en el que nunca llegó a correr, no le veían futuro. Deudas eternas.

Así se saldó la etapa, con una cierta decepción, porque nadie se movió en la ascensión al mítico Balón de Alsacia, al menos para probar las fuerzas del Discovery, que parecía tener el día clemente. Lo intentó Valverde, pero sin fe y sin aliados.

Panorama.

La general la encabeza ahora Voigt, 35º en el último Tour, un cazador de etapas de 33 años. Moreau se queda a 1:50 y Armstrong a 2:18. Rasmussen, al que convendrá no perder de vista, llega a su verdadero terreno, la alta montaña, a 2:43 del liderato y a sólo 25 segundos del americano. Como en los libros de Agatha Christie, el asesino puede ser cualquiera.

La cruz de la jornada fueron las caídas, que forzaron las retiradas de Igor González de Galdeano y Marchante, un superclase sin suerte y una gran promesa por confirmar. Ullrich también rodó por el suelo, pero como es alemán no se sabe si le dolió mucho o poco.

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Hoy es día de descanso. Los Alpes, al fondo.

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