Ciclismo | Tour 2005 - 3ª etapa

El cielo y el suelo

Zabriskie rodó por el asfalto y Armstrong ya es el líder del Tour.

<b>CARA Y CRUZ.</b> Mientras Armstrong posaba así de enamorado con la rockera Sheryl Crow, David Zabriskie se presentaba en la meta solo y magullado, después de haberse caído a falta de kilómetro y medio para el final de la etapa. Como consecuencia de ese accidente, perdió el maillot amarillo y su equipo se quedó sin una victoria parcial que ya estaba acariciando.
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Cuando el CSC se disponía a ganar la crono, cuando el equipo estaba a poco más de un kilómetro para la meta, David Zabriskie, hasta ayer líder de la carrera, rodó por el asfalto. Si cualquier caída provoca alboroto y alarma, el tropiezo del maillot amarillo genera una angustia especial, el rey en jaque. También debieron sentirlo sus compañeros. No debe ser fácil abandonar a quien de pronto se derrumba a tu lado, debe ser imposible no aminorar la marcha, no pensar en el rescate, en la ayuda, hombre al agua. Es difícil calcular cuánto tiempo pudo perder el equipo en esas dudas, pero es seguro que, al menos, los dos segundos que le separaron de la victoria.

Armstrong y su Discovery Channel fueron los ganadores y el líder natural del Tour se convirtió también en el líder oficial, maillot amarillo, el 67º jersey que se enfunda, otros tantos leoncitos de peluche. Sheryl Crow, siempre entre bambalinas, besó al héroe, aunque no fue un beso rotundo, sino uno de esos que caen entre el moflete y la comisura de los labios, esos que damos por vergüenza o falta de valor.

Resultado: el equipo americano feliz en el podio (Rubiera ya es quinto), la rockera entregada, el líder flamante, disfrazado de sí mismo, y un pensamiento general y coincidente: ¡Qué suerte tiene Armstrong! Más de uno recordó la caída de Ullrich en una crono final que pudo ser decisiva o el día que el alemán se despeñó en una etapa reina, y fue imposible no acordarse también de aquel accidente de Beloki que le rompió los huesos y el ánimo. Es lógico que sus enemigos le tengan miedo y toquen madera.

En la mayoría de los casos el golpe fue más moral que material, ya que casi todos los candidatos a desafiar al monstruo salieron de la crono con desventajas de tiempo razonables. Así, y una vez compensados los tiempos, Vinokourov se queda en la general a 1:21, Basso a 1:26 y Ullrich a 1:36. Entre los españoles, el mejor equipo fue el Liberty, que perdió sólo 53 segundos y dejó a Heras en buen lugar, a 2:58 del liderato y con todas las montañas por delante. Valverde está a 3:32 y Mancebo a 3:39. Digamos que ocultos tras las cortinas.

El gran damnificado de la jornada fue Iban Mayo, cuya pérdida entra en el territorio de lo preocupante: 5:48. Al menos esa desventaja le liberará de la vigilancia a la que se somete a los mejor clasificados. Otra cosa es cómo andará su cabeza.

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A pesar del golpe de efecto, las distancias, insisto, no son escandalosas ni sentencian absolutamente nada. La carrera sigue abierta e imprevisible, que se lo digan a Zabriskie. Hay argumentos para soñar con el cambio, entre ellos, la edad del líder, la paliza que le espera y aquel dicho que reza que "no hay nada que tanto amenace ruina como la felicidad".

Por si le dejan, Armstrong ya empieza a organizar el Tour y asegura que su equipo y el Quick Step de Tom Boonen están llamados a controlar a partir de ahora la carrera. La rebelión, para ser efectiva, debería comenzar ya. Que sufra Sheryl.

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