Vuelta a España | Jornada de descanso

Entre dos fuegos

Saiz vuelve a ser protagonista cuando su líder es amenazado

<b>EMPIEZA LA BATALLA. </b>Hoy se reanuda la competición y Roberto Heras tendrá que luchar contra Valverde y Santi Pérez para mantener su maillot de líder.
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Dan para mucho los días de descanso. A media tarde reproducía Eurosport en su página web una entrevista con Manolo Saiz en la que aseguraba que para acabar con el dopaje sería necesaria una mayor colaboración de la prensa. Los periodistas tienen mucha culpa de ello. Casi diría que existe cobardía por su parte, por no contar, por no denunciar todo lo que saben. Tengo datos de que así es. Los periodistas no lo explican todo.

Y pienso yo (a media tarde): si los periodistas tienen mucha culpa, ¿cuánta tienen los directores? Muchos de ellos se rasgaron las vestiduras cuando nuestro compañero Juan Antonio Gutiérrez publicó en AS las revelaciones de Manzano, ex corredor del Kelme, que confesó que se había dopado con el consentimiento y la colaboración de los médicos del equipo. No hacía sino confirmar una sospecha que afecta al ciclismo. Sin embargo, una gran parte del pelotón condenó al mensajero y, especialmente, la Asociación de Ciclistas Profesionales (tenebroso sindicato), que declaró la ley del silencio y repudió a Manzano. Que se sepa, Saiz no hizo nada al respecto, al contrario: No hablo de casos particulares, Confío más en el trabajo del ciclista que en el sensacionalismo (20-4-2004). A la gente de la calle le importa un pito el doping (24-7-2004). De hecho, muchos de los corredores de su equipo participaron hasta hace poco en ese absurdo boicot.

Los principales responsables del dopaje son los ciclistas, sin unión suficiente para protegerse de los que ponen su vida en juego, pero muy cerca les siguen los directores que intervienen o hacen la vista gorda y los médicos que les acompañan. Entre todos ellos han puesto en duda la credibilidad de su deporte. Es muy cínico atacar al periodista cuando destapa la suciedad y reprocharle después que se limita a narrar las gestas deportivas sin averiguar lo que las sostiene. Sobre todo, cuando las gestas son de otro, como ha ocurrido en los últimos días.

Desmentido.

Dado que al mensajero, a veces, hay que pegarle dos tiros para rematarle, el director del Liberty desmintió a última hora sus declaraciones y se remitió a la cinta, pues sabía que en esa parte de la entrevista la grabadora no estaba en marcha. Pensar que un periodista se puede inventar, no ya un adjetivo, sino las conclusiones sobre un tema es de una ingenuidad absoluta. Ya lo habría fichado la prensa del corazón.

Mienta quien mienta, Saiz se convierte en protagonista cuando tiene a Heras como líder de la Vuelta a España, con cinco segundos de ventaja sobre Valverde y 1:45 con respecto a Santi Pérez. No es la primera vez que Saiz, inconsciente o no, saca los pies del tiesto cuando ve peligrar el triunfo, ya le ocurrió hace un año cuando era Nozal el primero y hasta los motoristas eran enemigos. Y no es tampoco la primera vez que sus fantasmas particulares, su facilidad para convertir los molinos en gigantes, devora a sus propios ciclistas. Y conste que yo sí creo que Saiz ha sabido descubrir campeones, aunque extranjeros, como Zülle o Jalabert (entiendo que Nozal se ha descubierto solo). No critico su sapiencia ni su palmarés, sólo sus modos, su legendaria inoportunidad.

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Descanso, lo llaman, pero es más bien jornada de cuchillos largos. Pino, para liberar tensiones, corrió junto a Santi Pérez los 60 kilómetros programados para desentumecer las piernas. En el hotel de Phonak el optimismo chorrea por las ventanas y, aunque se admite el favoritismo de Valverde, en el equipo piensan que su purasangre no tiene límites conocidos. Los más escépticos recuerdan que el chico acaba contrato y que las renovaciones inminentes dan alas.

En el Comunidad Valenciana se vive un entusiasmo parecido y se repasan las etapas restantes, con especial deleite la crono del último día. En cada curva hay dibujada una bomba. Es difícil saber qué será de Valverde en otro equipo sin el arrojo de Belda, cuando le toque heredar los complejos de otros, sus tácticas conservadoras, su miedo a los mensajeros.

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