Siempre Petacchi
El italiano suma su cuarta victoria. Ahora insinúa su retirada

Petacchi logró ayer su cuarta etapa en la Vuelta a España, su triunfo 21º de la temporada y 78º de su carrera, la eterna historia, Zabel en segunda posición, y van cinco. Sin embargo, ayer no debió ganar Petacchi, ni Zabel, ni siquiera Horrillo, que fue tercero. Debió vencer el italiano Eddy Mazzoleni, porque, aunque llegó séptimo en el sprint, fue el primer ciclista de los clasificados que entró dentro del control en la etapa que terminó en Calar Alto. Petacchi, Zabel, Horrillo y otros 84 ciclistas fueron indultados por los jueces.
El fuera de control, que es el margen de llegada que se establece para los ciclistas en función de la dureza de la etapa, la media de velocidad y el tiempo que emplea el ganador, debería ser uno de los alicientes de las grandes carreras. De hecho, de los ciclistas míticos se valoran casi tanto sus triunfos como aquella vez en la que fueron capaces de dejar fuera de control a medio pelotón. El fuera de control, además, premia el sacrificio de aquellos que se esfuerzan y compiten aunque nada tengan en juego. Sin embargo, si quienes se retrasan son muchos y famosos se hace la vista gorda.
Es clamorosamente injusto que algunos de los ciclistas que perdieron 31 minutos en Calar Alto (por ir en grupeta comodona) se favorezcan de ello para vencer al día siguiente, en este caso, por ejemplo, a Mazzoleni, que cedió en esa jornada 17 minutos. Sin embargo la organización, que se desvincula de la decisión de los jueces (ejem), entiende que esa expulsión en masa hubiera perjudicado el espectáculo en las etapas restantes, cuando es justo lo contrario, pues convertiría en héroes a los supervivientes y aumentaría sus opciones de victoria en alguna etapa.
Esa permisividad, que también la tiene el Tour, ojo, quita importancia a la competición y termina por desvirtuarla. Las reglas deben ser invariables salvo en situaciones totalmente excepcionales de ventisca o temporal Iván. Además, esa falsa compasión de los jueces no aparece cuando quien se retrasa pertenece a un equipo modesto.
Lo bueno que tienen las victorias de Petacchi es que dan, por repetidas, para el desarrollo de diferentes teorías de esas que si no las sueltas revientas.
Hablando de reventar, ayer no tomó la salida Tyler Hamilton porque se le hinchó la tripa de forma alarmante y preocupante, no haremos chistes fáciles de sobre si lo que le faltaba desde que se le murió el perro era quedarse preñado, vaya, ya lo hemos hecho. Hamilton estaba entre los ciclistas que llegaron a 31 minutos a Calar Alto.
Como suele ocurrir en las etapas llanas, hubo aventureros, aunque en esta ocasión el pelotón no permitió las ensoñaciones y les tuvo controlados de forma que su ventaja no pasó de los tres minutos. Los escapados fueron Herbert Gutiérrez (fantástico nombre), Jufré, De Weert y Hulsmans. Saltaron en el kilómetro 40 y cedieron a 12 de Málaga.
Acción sospechosa. En el sprint final, que ya hemos desvelado, hubo una maniobra un tanto marrullera de Guido Trenti, uno de los lanzadores de Petacchi. Acabado su trabajo, el fiel escudero taponó, de forma intencionada o no, a los velocistas que seguían a su jefe. No es excusa, naturalmente, pero yo de ser OGrady o Zabel hubiera sollozado ante los magnánimos jueces reclamando justicia. Para desahogarme.
Petacchi, que pierde cuando habla, como las rubias platino, insinuó su retirada inminente para preparar la París-Tours, pero aclaró que no acabará la Vuelta porque no quiere, no porque no pueda, por favor. Se le olvidó, eso sí, mandar besos a los jueces o regalarles el ramo.
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