Fenómeno de masas
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Elogios generalizados en la Prensa hacia la gesta de Fernando Alonso en Australia. Tan previsible como lógico. Lo inesperado, por original, es la crítica de Carlos Toro en El Mundo de la imagen del asturiano. No cuestiona, obviamente, su rendimiento en pista, pero sí que ofrece una visión diferente del nuevo ídolo deportivo español. El periodista cree que Alonso "da la impresión de que se lo tiene creído", que "se ha afiliado a la estética del desaliño" y "que no quiere que le confundan con un opositor a notarías". Es su personal y respetabilísima percepción de un individuo, aunque lo realmente importante es que el fenómeno Alonso trasciende en estos momentos cualquier apreciación subjetiva, sea acertada o no...
Lo que cuenta de verdad es que Nano fue capaz de mantener despiertos hasta las seis de la mañana a 600.000 españoles, o que muchos más de un 1,5 millones no tuvieron reparos (más bien lo contrario) en seguir una carrera en diferido. Vamos más allá de las audiencias de televisión: nunca antes tanta gente me había demostrado su interés por el automovilismo (las motos son otra cosa), queriendo ampliar los detalles de una competición que, por cierto, duró poco más que lo que fue la salida. El mundo entero se rinde al sucesor del Kaiser Schumacher, porque esa condición ya no hay quien se la quite al ovetense. ¿Una carga para él? En absoluto, un desafío. Así son los campeones...
