Gafe goleador
El Atlético fue el que creó más ocasiones de gol (dos palos y un penalti), ante un Rayo que se creció en el segundo tiempo

Una igualada con sabor a derrota. A los puntos hubiera ganado el Atlético, que puso fútbol, dos palos y hasta un penalti que le birlaron. El Rayo concedió la primera parte, y en la segunda puso nervioso al hermano mayor. También Bolo dejó su sello en los palos de Esteban. Los rojiblancos ven que se les escapa el sueño de la Champions, mientras que los vallecanos se ahogan en el descenso.
Este Atlético que lucha por Europa, sería insuperable si tuviera instinto matador. Ante el Rayo, su primer tiempo fue un auténtico monólogo al que le faltó concretar el buen fútbol que exhibieron desde el pitido inicial. Movilla pronto se erigió en el jefe del centro del campo. Tenía en Coloccini su mejor aliado con su seguridad defensiva, Luis García entraba con facilidad por la izquierda y el Niño volvía loco a los centrales vallecanos. Para rematar la faena Jorge jugando entre líneas rompía todos los moldes. El Rayo poco a poco se fue asustando y cerrando filas para tapar a Segura.
Luis García, Jorge en dos ocasiones y el Niño tuvieron oportunidades para abrir el marcador. El partido se volvió hasta tedioso. La duda a resolver era cuando el Atlético se pondría en ventaja. Esteban era un convidado de piedra. Era una delicia el partido de Movilla que era el chico para todo. Pese a las dimensiones de Vallecas, los atléticos jugaban de manual. Apuesta por controlar el balón, entrada por las bandas y una infinidad de situaciones de gol. José Mari falló una, a pase genial de Jorge, increíble. El único lunar negro era el pésimo arbitraje de Turienzo. El Atlético tenía k.o. a los rayistas con una lección de gran fútbol. Su único argumento era el pelotazo hacia Bolic. Benítez había apostado por el pelotazo hacia Bolic para buscar luego la entrada de su segunda línea.
Locura. Los inicios del segundo tiempo fueron no aptos para cardiacos. El Rayo, con Michel de enganche, salió ofensivo y el capitán veía cómo Contra le sacaba una pelota en la raya. Toque de atención para el Atlético que respondió con un derechazo del Niño al larguero, un penalti por mano de Mario que se comió Turienzo y otro cabezazo de Mario al poste de su propia portería. Había más igualdad y los dos equipos buscaban el área adversaria. Movilla volvió a poner las cosas en su sitio. El problema es que el Rayo cerraba mucho mejor las bandas. Luis intentó cambiar la suerte y sacó a Stankovic para buscar profundidad por la izquierda. El Rayo sacaba a Cembranos para buscar socio para Michel. En el juego aéreo incluso imponían su autoridad.
La recta final era un carrusel sin sentido. El Rayo le quitó el balón al Atlético, y los rojiblancos eran un manojo de nervios. Estaban incómodos y les costaba llegar a la portería de Segura. La moneda estaba arrojada al aire, a la espera de un error para sentenciar el encuentro. Pese a la entrada de Javi Moreno, los de Luis no se encontraban y fue Bolo el que llevó el susto a Esteban con un pelotazo al larguero. Al final Segura salvaba el gol del Niño. Al final, el empate no terminó de gustar a ninguno. Un partido que debió acabar con muchos tantos y que al final demostró que los débiles suelen fallar a la hora de matar las ocasiones que se tienen.
EL DETALLE
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Penalti por mano de Mario
La clara mano de Mario en su propia área provocó las protestas de los rojiblancos, ya que Turienzo no quiso señalar el penalti favorable al Atlético.
