Isco: historia de un “fracaso”
El paso del malagueño por el Real Madrid fue un éxito a nivel de títulos (cinco Champions), pero acabó con cuatro cursos oscuros, marcados por su conflicto con Solari. Nadie le entendió como Zidane.


El martes 21 de abril de 2026 fue una fecha de doble celebración para Isco. Primero, porque cumplió 33 años. Y lo celebró como mejor sabe: jugando al fútbol. No ha sido una época fácil para Isco en ese sentido: tras la fractura de peroné que le impidió estar en la Eurocopa 2024, se presentó en este curso con energías renovadas, pero las lesiones no le han dejado rendir apenas, sufriendo otra rotura de peroné y problemas en el tobillo. El caso es que apenas ha acumulado 54 minutos en lo que va de campaña, pero todo eso ya es pasado. Isco está listo para recibir este viernes en La Cartuja al Real Madrid.
En el Betis ya se ha hecho estrella, en el Madrid lo fue durante mucho tiempo y luego cayó en desgracia, algo que él mismo reconoce abiertamente en las entrevistas que ha dado desde que salió del club blanco: “El único responsable de mi fracaso en el Real Madrid soy yo. Algunos entrenadores te aprecian más que otros, así es el fútbol. Después de un tiempo, en Madrid todo fue más complicado para mí. Cuando no estás bien mentalmente, se nota en tu juego. Estaba pasando por una mala racha deportiva y personal. No sabía cómo recuperarme”.

Es, en cualquier caso, un análisis algo pesimista. ¿Fue el paso de Isco por el Madrid un fracaso? Si se miran sus vitrinas, no lo parece: cinco Champions, tres Ligas, cuatro Mundiales de Clubes, una Copa del Rey... En total, 19 trofeos levantados con la camiseta del Madrid en nueve años. Más de dos por temporada. Y sin embargo, el paso de Isco por el Bernabéu quedó empañado por una etapa final muy mejorable, después de una inicial que le colocó como uno de los mejores medios del mundo.
Firmó en 2013 desde el Málaga, a cambio de 30 millones de euros tras haber liderado a la Selección Sub-21 para ser campeones de Europa y haber ganado el Golden Boy que le señaló como el mejor joven de 2012. Ancelotti confió en él, quizás no como titular indiscutible, pero como una presencia constante. Si un entrenador le dio confianza y sacó lo mejor de él fue Zidane.

Y esa confianza en un Madrid que se dedicó a reinar por Europa se mide en finales de Champions. En las dos ante el Atleti (2014 y 2016) fue suplente, pero salió en la segunda parte y fue importante. Y en las dos siguientes, contra Juventus (2017) y Liverpool (2018) se metió en el once titular, dejando en el banquillo nada menos que a Gareth Bale. Fueron sus mejores años, el Madrid eran Isco y diez más.
Todo se tuerce en la temporada 2018-19, que arranca en una forma impresionante a las órdenes de Lopetegui, aunque una inoportuna apendicitis corta su momento. El vasco fue cesado pronto por la mala racha de resultados y el sustituto fue Solari, con el que Isco nunca se entendió. Tras una derrota en Eibar, saltó la sorpresa en el siguiente partido, en el Olímpico ante la Roma en Champions: Isco, que había viajado, fue directo a la grada.
El conflicto con Solari
Su participación en el equipo pasó a ser residual y a principios de marzo todo estalló cuando Solari solicitó al club que le abriese un expediente disciplinario por haberse negado a subir al autobús del equipo para ir al Bernabéu y asistir a la charla en un duelo de Champions en que sabía que iba a ir a la grada.
A nivel interno, Solari acusaba a Isco de no trabajar en los entrenamientos y de haber descuidado la forma física. En una de sus últimas ruedas de prensa antes de ser cesado, lo insinuó claramente: “Las cuestiones disciplinarias las manejamos de manera interna. Para jugar hay que ponerse primero en forma física y luego en forma competitiva, es inexorable”.

Se fue Solari, volvió Zidane y el francés pidió al club que cerrase el expediente sin castigo. Sólo le interesaba recuperar al mejor Isco, que estaba en ese momento en edad de dar su mejor nivel. Lo logró a cuentagotas, después de aquel traumático curso 2018-19, nada fue lo mismo, tampoco con Ancelotti en su última temporada antes de dejar el Madrid, la 2021-22.
Los números hablan claro: en sus primeras cinco temporadas, promedió casi 3.000 minutos por curso y en las cuatro últimas, poco más de 1.200. En la 2021-22, la de su despedida, apenas acumuló 407’ y no jugó ni un minuto en Champions... pero se llevó otro título europeo. Fue la historia de Isco en el Madrid, un “fracaso” esplendoroso.
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