Así es la ‘maldición’ de Bèla Guttmann: la predicción que acecha al Benfica en Europa
Tras ganar dos Copas de Europa seguidas, el entrenador húngaro condenó a ‘Las Águilas’ a no ganar el título en cien años. Desde entonces, han perdido ocho finales europeas.


Todo parece indicar que la maldición de Béla Guttmann seguirá vigente un año más para el Benfica. El cuadro portugués llega como 29º de la fase liga en la Champions y con un Mourinho cuestionado desde la afición. Así, lejos del Oporto en el campeonato nacional, ‘The Special One’ tratará de obrar el milagro y, al menos, meter al equipo de Lisboa en los playoffs. Para complicar más la situación, si cabe, se jugará pasar a la siguiente fase contra su exequipo, el Madrid de Arbeloa, que quiere asegurar su plaza en el Top 8.

¿Cuál es la maldición de Bèla Guttmann?
Desde 1962, los aficionados de Las Águilas, como se conoce al Benfica, conviven bajo el embrujo de una de la teóricas maldiciones más popular del planeta fútbol: nunca han vuelto a alzar una Orejona. Ese año, en mitad de la eufórica celebración en Lisboa del segundo título de la Champions League consecutivo, el equipo entonces rey de Europa, ensombreciendo al Real Madrid de Di Stéfano o Puskas, se hace añicos por divergencias económicas. Bèla Guttmann, el arquitecto del mejor Benfica de siempre, reclama a la directiva un aumento de sueldo que acaba derivando en su despido...y en la pronunciación de una sentencia tomada por entonces como anecdótica y convertida en lapidaria con el paso de los años: “Sin mí, el Benfica nunca ganará más la Copa de Europa”.
Se ha mencionado como teórica ya que existen diversas interpretaciones en base a la traducción de la entrevista original que concedió Guttmann, que fue al diario alemán, ‘Bild’. Unos cifraban la maldición en cien años o que se hacía extensible también a todos los equipos portugueses. Otros señalaban directamente que la supuesta maldición no sería tal, resultado de un error de traducción, intencionado o no, del periódico portugués, ‘A Bola’. Sea como fuere, desde la supuesta pronunciación de esas palabras en los albores del verano de 1962 después de que el Benfica ganara su segunda Copa de Europa consecutiva, ‘Las Águilas’ vuelan sobre terreno maldito en Europa, sin volver a alzar un título europeo en los últimos 61 años.

Solo el filial juvenil del conjunto lisboeta consiguió sortear el mal de ojo de Guttmann para conquistar en abril de 2022 la edición número ocho de la Youth League. Para los mayores, desde ese gol de Frank Rijkaard que significó el inicio del calvario ante el AC Milan en la final del año siguiente, el rosario de frustraciones se resume en cinco finales de Copa de Europa (1962-63/1964-65/1967-68/1987-88/1989-90) y tres de la Europa League (1982-83/2012-13 y 2013-14) perdidas.
¿Quién fue Bèla Guttmann?
Arquitecto del considerado mejor Benfica de la historia, Bèla Guttmann fue considerado el primer entrenador superestrella, inaugurando la senda de los Helenio Herrera, Johan Cruyff, Arsène Wenger, Arrigo Sacchi, Ernst Happel, Bill Shankly, Rinus Michaels, Pep Guardiola o José Mourinho. De origen judío, pudo escapar del Holocausto nazi. Este devoró a su familia, pero, junto a las discriminaciones antisemitas forjaron el carácter indómito que sería la principal seña de identidad de un técnico adelantado a su tiempo.
Tras interrumpir el inicio de su carrera como entrenador en Hungría para pasar meses escondido en el sótano de una peluquería con tal de refugiarse de las bombas, pasa por 21 equipos antes de llegar al Benfica. Austria, Países Bajos, Hungría, Rumanía, Italia, Argentina, Chipre, Brasil o Portugal, el Benfica recurre a sus métodos, poco ortodoxos para la época, con tal de instaurarse entre la élite futbolística europea después de ver cómo maravilla en su primera temporada en Portugal, conquistando brillantemente ese campeonato que tanto quería el Benfica, pero con el Oporto.
Revolucionario en sus métodos comunicativos y conocido por su apuesta por el dominio total de cada una de las situaciones y una propuesta futbolística eminentemente moderna basada en el fútbol directo y ofensivo, Guttmann también impresiona en su estreno en el antiguo Estadio Da Luz, derrumbado en 1952, conquistando el doblete. La Liga, y el título más deseado: la primera Copa de Europa en su primera final europea. Lo hace además, con valor añadido, tumbando a uno de los mejores Barcelona de siempre por 3-2 en Berna (Suiza), en la conocida final de los postes cuadrados. “No podéis andar regateando y pasando tanto delante de la portería. Hay que tirar. Tirar, tirar y volver a tirar. Es como cuando estás con tu esposa o tu novia y sigues besándola y hablando. Al final también tienes que marcar un gol”, decía, según relata David Bolchover en su biografía The Greatest Comeback: From Genocide To Football Glory: The Story of Béla Guttmann.

Un año después, no gana Liga, pero consuma su gesta repitiendo Copa de Europa, también ante otro equipo español. Este vez, ante el Real Madrid, que venía recientemente de ganar las cinco Orejonas consecutivas. En Ámsterdam, supera 5-3 al Real Madrid de Di Stéfano, Gento o Puskas. Solo blancos y lisboetas habían ganado el título. Sin embargo, acaba significando el germen del mal de ojo del que es profeta el técnico húngaro, después de que la directiva del Benfica rechazara el aumento del sueldo y de los bonos que reclamaba por sus logros. Soy el entrenador más caro del mundo, pero mirando mis logros, en realidad soy barato”, llegó a declarar. Entre medias, también logró otro ‘trofeo’: el fichaje del Eusébio, gestado en una barbería de Lisboa gracias a su nutrida red de contactos, que llégo a Mozambique. La Perla Negra acabaría siendo uno de los mejores jugadores de la historia.
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El calado de Guttmann en la idiosincrasia benfiquista se aprecia en hechos como el levantamiento de una estatua de bronce en su honor en la puerta del estadio 18 de Da Luz, días antes de que ‘Las Águilas’ se enfrentaran al Sevilla en la última ocasión en la que la maldición volvió a cruzarse en su camino, en la final de la Europa League de 2014, decidida en la tanda de penaltis. No se trataba de “exorcizar” a nadie, sino que era un “homenaje”, aseguró el vicepresidente del club, Rui Gomes da Silva. “Si de paso rompemos la maldición, mucho mejor”, afirmó el artista. En mayo de 1990, ya desesperado, poco antes de la final de la Copa de Europa contra el Milan de Sacchi en Viena, el Benfica envió a Eusébio a una misión escatológica, implorando por el fin de la maldición en la tumba de Bèla Guttmann.
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