Historias de leyendas y traspasos
Alberto y Morán, jugadores de los años 60 y 70, recibieron el homenaje de la afición antes de un partido que también recordó al presidente de honor de la federación asturiana, Maximino Martínez.


Muchos (quizá una gran mayoría) no recuerdan a Alberto con la camiseta del Sporting. Morán, en cambio, está más próximo en el tiempo y es recordado siempre por haber formado parte de una delantera mágica al lado de Quini y Ferrero. Los dos volvieron a pisar el césped del estadio El Molinón, donde comenzaron una carrera futbolística que desarrollaron más allá del Puerto Pajares. Su pasado sportinguista, así como su relevancia en el fútbol español, llevaron al Sporting a sumarlos a la serie de homenajes a legendarios del club con motivo del 120 aniversario de la fundación de la entidad gijonesa.
Alberto y Morán, un centrocampista y un extremo, volvieron a sentir el aplauso de un estadio que ha cambiado mucho desde sus respectivas épocas. En los años 60, cuando el candasín vistió la camiseta rojiblanca, aún seguía en pie la vieja tribuna de madera como Preferencia y la grada Este así como el Fondo Sur ni siquiera tenían techo que protegiera de la lluvia a los aficionados. El lenense, en cambio, ya disfrutó de un estadio más moderno, en los años previos a la reforma para el Mundial-82.
Alberto Fernández (Candás, 1943) jugó en el Sporting --el Real Gijón en aquellos años-- desde 1962 hasta 1968. Después de esas seis temporadas y 122 partidos de rojiblanco, su salida no fue la mejor. Alberto pidió un aumento de sueldo, que no se le concedió, porque en aquella época los clubes sometían a sus jugadores bajo el yugo de un derecho de retención que, felizmente para ellos, se acabó derogando en 1979 por vía judicial, después de una huelga de futbolistas.
Entonces apareció el presidente del Real Valladolid, Antonio Alfonso Gómez, que pagó por su traspaso más de tres millones de pesetas (poco más de 18.000 euros). Su marcha no fue traumática porque, para esa parcela, estaban Puente, Valdés y Eraña. Un año en el Pucela, 35 partidos, y nuevo traspaso al Atlético de Madrid cuya historia todos conocen. Alberto es hoy uno de los legendarios del club colchonero, donde hizo carrera al lado de los Calleja, Adelardo, Ufarte, Luis, Gárate, Irureta, etc. En total, 361 partidos, tres ligas, dos copas y una Intercontinental.
Por su parte, Enrique Morán (Pola de Lena, 1953) tuvo una trayectoria menor, porque se quedó a dos partidos del centenar como sportinguista, pero de gran impacto para todos los aficionados, que lo recuerdan como un extremo espectacular, por su velocidad y su dribling en carrera. Formó parte de la mejor delantera de la historia, que llevó al Sporting a la Copa de la UEFA (marcó uno de los goles en el primer partido ante el Torino) y al subcampeonato de Liga. Precisamente, este último hito, en 1979, provocó un incremento notable en la nómina del equipo rojiblanco lo que llevó a Manuel Vega-Arango a negociar su traspaso al Betis por 30 millones de pesetas (180.300 euros).
Estuvo dos temporadas en el club verdiblanco, para volver a coincidir con Quini en el FC Barcelona (1981-1984) y acabar una temporada en el Atlético de Madrid. Una Recopa, dos Copas del Rey, una Supercopa y una Copa de la Liga figuran en la hoja de servicios de Morán.
Estos dos legendarios volvieron a sentir el calor de las gradas de El Molinón, a la vez que el ex portero rojiblanco Claudio Silva hacía las veces de maestro de ceremonias y se encargaba de hacer una breve semblanza de ambos desde el centro del terreno de juego. Redondo y Joaquín les acompañaron en un momento muy emotivo, como lo fue también el minuto de silencio en recuerdo de Maximino Martínez, presidente de honor de la Real Federación de Fútbol del Principado.
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Después, durante el partido, el Sporting no fue capaz de brindarles a los tres la victoria sobre el Real Valladolid. No obstante, Juan Otero se destapó con una asistencia que firmó Morán en no pocas ocasiones para acabar la mayoría de las veces en gol de Quini. Un Morán que nunca olvida aquella noche del miércoles 5 de abril de 1978 cuando hizo tres de los seis goles que le endosó el equipo rojiblanco a la Real Sociedad en El Molinón.
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