Camavinga toca fondo
El centrocampista francés fue sustituido en el descanso tras una mala primera parte: se mostró superado ante el equipo granota.


Transcurría el mes de mayo de 2024, cuando la plantilla del Real Madrid celebraba la conquista de la Liga número 36. En un momento dado del festejo, Carlo Ancelotti, entrenador de los blancos con micrófono en mano, espetó: “Yo tengo un sueño: quiero bailar con Eduardo Camavinga (23 años). Música, maestro”. Acto seguido, comenzaron a sonar los acordes de la canción El fin del mundo del grupo La La Love You, mientras los componentes de la plantilla blanca formaban una conga que rodeaba la estatua de la diosa Cibeles… Todo era felicidad...
Ante el Levante, y bajo la atenta mirada de Carlo Ancelotti, su entrenador hasta este pasado verano y presente en el estadio Bernabéu para ver el encuentro ante el Levante, Camavinga salía en el once titular, formando en el eje del centro del campo junto con su compatriota Aurelien Tchouameni. Pero el centrocampista, de origen angoleño, fracasaba en una primera parte para el olvido. En un encuentro similar a una entrega de notas, el principal suspendido fue el 6 madridista: se mostró totalmente superado (¿quizá por el ambiente?), con pérdidas absurdas que casi le cuestan serios problemas a su equipo...
Tan irregular estuvo que Arbeloa decidió sustituirlo en el descanso. Dio entrada a Arda Güler: el turco fue quien revolucionó el encuentro. Los blancos sentenciaron el encuentro en apenas siete minutos con dos acciones del otomano: un pase a Mbappé que acabó en penalti sobre el francés (él mismo se encargó de transformarlo), y en un saque de esquina que Asencio remató a la red…
Cada vez es más palpable que el turco y el francés son vasos comunicantes, cuando deberían ser jugadores complementarios: nunca han estado los dos a un alto nivel en los diferentes encuentros en los que han jugado juntos: con Camavinga, el Madrid fue plano, demasiado horizontal y él cometió errores bastantes groseros para un centrocampista. Con el turco, la situación fue completamente diferente: Arda le dio profundidad, verticalidad y ritmo a un equipo que lo estaba pidiendo a gritos.
Sus datos estadísticos muestran la involución de un jugador que llegó hace cuatro temporadas, pero que no acaba de asentarse (mucho menos de consolidarse) ni como interior ni como compañero de Tchouameni en un doble pivote: no filtró pases verticales (prefiere más la posesión del balón que arriesgar en ataque), apenas robó balones al rival, no hizo jugar al equipo… incluso una de sus grandes virtudes, que era conducir el balón superando líneas rivales, desapareció ante un Levante que tampoco le exigió mucho. Dio la sensación de encontrarse algo perdido en un sistema 1-4-4-2 en el que se dispuso el Madrid a lo largo de numerosos tramos del partido. Esa anarquía controlada que mostró a su llegada se ha convertido en dejadez de funciones.
Sobre el papel y a nivel numérico, los 45 minutos que estuvo en el campo fueron potables: 42 pases precisos de 49 (un 86% de efectividad), de los que 28 de 33 (85%) fueron en campo rival, y el resto (14 de 16, 88%) fueron en campo propio. Remató una vez sobre la meta rival, pero perdió un par de balones de manera ingenua. Uno de ellos acabó en una falta muy peligrosa en la frontal del área.
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Cierto es que terminó 2025 y empezó 2026 con fuerza: ha participado en los cinco encuentros que han jugado los blancos en estos días. Atrás dejaba un año en el que sufrió cuatro lesiones complicadas: rotura en el bíceps femoral de la pierna izquierda (se perdió seis partidos), rotura completa del tendón del aductor izquierdo (12 partidos fuera), esguince en el tobillo derecho (cuatro partidos sin jugar) y otro esguince, esta vez en el tobillo izquierdo (otros cuatro partidos sin jugar). Acaba de arrancar 2026, y con actuaciones como la completada ante el Levante, Camavinga va perdiendo puntos, fuelle… Toca fondo.
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