ATLÉTICO DE MADRID

Uruguay, país rojiblanco

De Forlán a Luis Suárez pasando por Godín y Giménez, la historia reciente del Atlético de Madrid se cuenta en clave charrúa. Como sus éxitos.

Madrid
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Luis Suárez, tras marcar el gol de la victoria del Atlético en Valladolid, que le da una Liga y confirma esa extraña conexión entre el club rojiblanco y Uruguay.
JESUS ALVAREZ ORIHUELA DIARIO AS

Lo contaba el mismo Cholo Simeone en ESPN Argentina: antes de que Luis Suárez se convirtiera el pasado verano en rojiblanco, ya lo intentó, vincular su nombre a la rojiblanca. Lucho salía del Liverpool, el entrenador le llamó, pero era imposible: Suárez acabaría en el Barça. No es la única llamada Madrid-Uruguay que ha hecho el argentino en todos sus años del Atleti. A jugadores que están o estuvieron, y a algunos que nunca llegaron, como Cavani. Porque si hay alguien que sabe que la sangre charrúa encaja como pocas en la idiosincrasia rojiblanca ese es Simeone. En su historia reciente está escrito. Forlán, Godín, Suárez. 

El país de Eduardo Galeano, quien contó como pocos del fútbol, "esa única religión sin ateos", ha sido cantera de gloria atlética. "Es genética. Nosotros descendemos de los charrúas, los únicos indígenas que no se dejaron colonizar. Nos tuvieron que matar para quedarse con nuestra tierra. A todos. Descendemos de españoles e italianos que crecieron ahí. De ahí la garra charrúa. Si es necesario morimos, pero doblegarnos, jamás", desvelaba hace unos años Leo, uruguayo en Madrid, en un reportaje de AS, buscando ese vínculo entre Atlético y Uruguay. "El por qué, yo creo que el uruguayo en sí vive el fútbol, nace con una pelota debajo del brazo", explica Richi, el uruguayo que regenta el bar con más solera de Los Ángeles de San Rafael, El Baguettin, donde el Atleti se prepara sus pretemporadas. "El uruguayo sigue mucho el fútbol español y el fútbol inglés y es de los equipos donde juegan uruguayos. Cuando estaba Diego Alonso, el Atleti por Diego Alonso, cuando estaba Forlán, del Atleti por Forlán. Y poco a poco fue creciendo eso y se fue transmitiendo. Diego Alonso, Forlán, Godín, el Cebolla, Giménez, que pasaron de ser cracks a megacracks, como que la gente los seguía y ahora mismo tú vas a Uruguay y es una fiebre por el Atleti, todo lleno de camisetas rojiblancas".

Camisetas rojiblancas que comenzaron en la historia reciente con Diego Alonso, en el año del ascenso, pichichi del equipo, que jugaba junto al Petete Correa, que llegó para el doblete, bajó, subió e inspiró la primera vez que se cantó en el Calderón eso de u-ru-gua-yo que tanto se ha escuchado después. Porque ese grito prendió como Forlán en aquel Atleti que volvió a ganar después de las sombras, porque Godín lo hizo gigante aquel mayo de hace siete años, con su cabezazo en el Camp Nou, porque la pandemia no le ha dejado a Suárez escucharlo este año en el Wanda Metropolitano pero lo hubiera hecho alto, cada vez que de la Zona Suárez regresara con un gol, sobre todo en Valladolid. Es Giménez otro representante fiel de lo que la sangra charrúa le da al Atleti, siempre dispuesto, siempre entregado, siempre dispuesto a morir por la camiseta que lleva, aunque a veces las lesiones maten. Giménez, Suárez y Torreira son los tres uruguayos que forman parte de la plantilla de este Atlético campeón en la 2020-21. Los dos primeros ya han confirmado que seguirán el año que viene. Su sangre es fundamental.

"Y es que jugadores que han jugado en el equipo se van siendo hinchas. El uruguayo es muy agarrado al fútbol, muy seguidor, y el Atlético te transmite eso. Ese fanatismo, esas ganas de salir a comerte la cancha. No es ser del Madrid o el Barça que es fácil ser hincha del Madrid o Barça, que ganan siempre, no, esto es fútbol", aduce Richi. Godín podría ser ejemplo. El sábado, la Unión de Peñas del Atlético, publicaba un tuit en el que El Faraón felicitaba a todos los hinchas rojiblancos por el nuevo triunfo. "Soy un aficionado más, estoy contento y orgulloso de este equipo. Y también como excompañero y exjugador que todavía me siento parte de esta hermosa familia", esgrimía, el mejor embajador de ese Uruguay, país rojiblanco, no mááás.