ESPANYOL

Cronología de una crisis de identidad

El Espanyol ha perdido las virtudes adquiridas en la primera vuelta y no se reconoce como un equipo de Vicente Moreno, quien afronta el sábado casi una final.

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Vicente Moreno.
Angel Martinez

La mecha con la que contaba Vicente Moreno desde que empezó la temporada empieza a agotarse. El fuego que avivaba a su Espanyol, un equipo que completó una notable primera vuelta (45 puntos), se ha ido consumiendo jornada a jornada por distintas circunstancias, y ahora los blanquiazules se asoman a las últimas 13 de LaLiga SmartBank pendientes de lo que hagan Almería, Sporting, Leganés o Mallorca y con encuentros antes rivales directos entre medio. El técnico afronta sin duda el primer momento delicado de una temporada sin margen de error.

Moreno fue siempre la primera opción de la dirección deportiva, encabezada por Rufete, y del consejero delegado, Josep Maria Durán. Su experiencia era un aval. Tres ascensos con Nàstic y Mallorca, uno de ellos a Primera, un liderazgo marcado en sus plantillas y un juego cuando menos equilibrado. Un técnico ideal para una plantilla herida por la debacle del curso anterior, obligada a no salir del RCDE Stadium por las coyunturas del mercado. He aquí una de las armas de doble filo que ha ido erosionando el rendimiento.

El mensaje una vez acabó la temporada era claro: alrededor del 80% de los jugadores querían salir del club. Finalmente, la inflexibilidad del Espanyol a vender por debajo de su precio de mercado cambió el plan. Moreno llegó a un pacto de mínimos con unos futbolistas forzados en su mayoría a jugar en Segunda, pero con una carrera superior a la del resto de rivales. La plantilla era la más cara de la historia de la categoría, repleta de clásicos de Primera. El balón empezó a rodar y los puntos fueron cayendo al saco con más facilidad de la esperada, incluso el equipo batió su récord de imbatibilidad y llegó a promediar una media de 100 puntos, datos que en el vestuario se acogían con prudencia.

Lluís y Wu Lei.

Pero el Espanyol no era un equipo de autor. "Hace cuatro meses que estamos aquí y hay que ver una evolución pero es poco tiempo. En mi equipo anterior estuvimos tres años y cuanto más tiempo estás en un equipo hay más automatismos", declaró en diciembre el técnico. Lejos de la realidad, en esta ocasión. El Espanyol no ha evolucionado. Aunque los datos sitúan al equipo perico como uno de los conjuntos más ofensivos y goleadores, en esta segunda vuelta ha ido perdiendo equilibrio. Defensivamente ha recibido un tanto en cada encuentro de media, mientras que en ataque ha perdido dinamismo y eficacia, incluso en partidos como ante el Lugo o el Mirandés los rivales contaron con las mismas o incluso más ocasiones. Más allá de las áreas, no ha sido capaz de controlar los partidos desde el juego.

El técnico ha ido puliendo su alineación hasta mantenerla fija en varias jornadas, con jugadores como Calero, Vargas, Mérida, Wu Lei o Vadillo sin apenas titularidades durante dos meses, un riesgo en la gestión que no ha ido acompañada del salto en la clasificación que se esperaba. Con menos margen, el técnico afrontará el sábado ante el Logroñés prácticamente una final. La victoria cerraría permanentemente la herida, pero todo lo que no sea ganar sería añadir incertidumbre hacia su figura en el complejo universo de Chen Yansheng y su equipo.