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SAN LUIS 1 - ATLÉTICO 2

El picante lo puso la cantera

Ibáñez castigó a 'su' Atleti, pero Correa y los canteranos impulsaron a los del Cholo. Empató Camello y Manu Sánchez propició el autogol del San Luis.

Mira este Atlético del Cholo sólo hacia delante. Y no sólo porque el tiempo alcanzara a Godín, Juanfran o Filipe, y toque dejarlos atrás, seguir sin ellos. Es por el futuro que apunta su cantera y por la propia pizarra del Cholo, que busca más que nunca la verticalidad. Y eso que en el Alfonso Lastras se topó con una piedra, la primera de este verano. Le bastó levantar los ojos según pisó la hierba y mirar: la imagen que el San Luis Potosí le devolvía era como la de un espejo.

Porque es México un país donde el Atleti ha sembrado su semilla y ese que tenía enfrente llevaba heredados sus colores, los rojiblancos, como un buen hermano menor. Vestido su equipo de riguroso negro, pronto recibió Simeone un golpe inesperado: por primera vez este verano se vio por detrás en el marcador. Y eso que el negro con el que había saltado era también de gala, con un once muy titular. Con Felipe, con Vitolo, con Joao Félix, en su sitio, por primera vez por detrás de Costa.

Todo comenzó bien, tenía el Atleti el balón y las ocasiones (Trippier, Lemar) pero a medida que pasaron los minutos, el San Luis, con su liga ya comenzada, quiso mostrarle al hermano mayor que ha crecido viendo sus fotos. Se mostró como un equipo sólido e intensísimo, de los que no conceden un sólo espacio. Sujetaba un doble pivote con oficio y hormigón, Sánchez-Maya. Sobre sus piernas dominó el San Luis. Y corrían como si desayunaran-comieran-cenaran cada día con La Cuesta del Profe, infernales.

Avisó primero Sánchez, atajó Oblak. Pero un minuto después un mal pase atrás de Felipe dejó a la intemperie al portero. Despeja como puede, Reyes estampa el balón en el palo y el rechace acaba en el pie de Ibáñez, que golea: fichado por el Cholo este verano, se le envió a hacer la mili a México con el hermano pequeño. Por si no hubieran llegado sus postales de tan lejos le mandaba recuerdos a Simeone ante sus propios ojos. El golpe inesperado salió de su bota derecha, ante un Oblak vencido ya desde aquel mal balón de Felipe. 1-0. La de ayer no sería una de esas tardes de Vitolo.

Tampoco de Joao Félix ni Costa, ahogados ambos por un San Luis que parecía una tela de araña. Pero el talento siempre encuentra resquicios y, con un rendija, al portugués le bastó para enviar por encima de los centrales un pase de fantasía a su mejor socio, Costa, que lo estampó de volea en el travesaño. Sería la última noticia del Atleti por el área contraria de la primera parte. Un Atleti cada vez más incómodo con el balón. Muy lento e incapaz de picar el espejo que el San Luis le había plantado delante. Sin tensión y con un Trippier coladero. Al menos estaba, que Lodi ni eso, mientras se maldecía al tiempo y lo que éste se llevó.

La cantera se luce en la segunda parte

Un San Luis nuevo emergió del vestuario, cambiado casi al completo, con piernas más frescas y un viejo conocido, Werner. Los cambios del Cholo fueron a cuentagotas, más lentos, como el regreso de su equipo tras el descanso. Primero Carlos Isaac y Hermoso con Correa, un gran agitador que no decide partidos. Salió como siempre, con su chispa y desequilibrio para llevar al Atleti al área, pero tuvo una y también lo de siempre: nada; la remontada no saldría de sus botas.

A la hora entraba el resto de la Unidad B en tropel, cuando el San Luis sólo eran regates de Centurión. Herrera y Llorente rodeados de chavales. Al buen hacer de Carlos Isaac ya en la derecha se sumó Camello y juntos fabricarían el gol. Centro del lateral y cabezazo del delantero a la escuadra. 1-1. Que el picante en este día era cosa de cantera. Cinco minutos antes del final un pase de Manu Sánchez tras jugada de Riquelme terminó por deshacerle la piedra al Atleti. Portales, como un buen hermano, se lo metería en su propia portería para que este Atlético del Cholo cerrara la gira en América con la camisa impoluta: cinco partidos, cuatro victorias y un empate, invicto.

Y sin dejar de mirar hacia delante. Como el San Luis.