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"Si juega en su sitio, Raúl aún tiene cuerda para rato"

Santillana

"Si juega en su sitio, Raúl aún tiene cuerda para rato"

"Si juega en su sitio, Raúl aún tiene cuerda para rato"

¿Cómo recuerda su fichaje por el Madrid?

Estaba yo estudiando los exámenes del preuniversitario cuando recibí una llamada de Fernández Mora, que era el entrenador del Racing, diciéndome que acababa de fichar por el Madrid. Hasta ese momento yo no sabía nada.

¿Quiso ser Químico?

Era mi ilusión, aunque empecé a hacer Empresariales. Luego vino Miljanic, empezamos a entrenar mañana y tarde y dejé los estudios. Yo estudié en un colegio de las monjas Clarisas Franciscanas. Fui incluso monaguillo. Incluso intentaron convencerme para ser misionero en Las Filipinas. Yo contesté que no, que quería jugar al fútbol, pero el afán por el estudio sí que se me quedó.

¿Recuerda quién le puso el apodo de Santillana?

Fue Valentín Cuétara, el entrenador que tenía en infantiles del Barreda, que tenía tantos chavales que no se acordaba de los nombres y siempre decía: "¿Dónde está el de Santillana? ¿Ha bajado hoy el de Santillana?". Y con ese nombre me quedé.

El Madrid pagó 18 millones por usted, Aguilar y Corral. ¿Cuánto habría costado Santillana hoy?

¡Salimos baratísimos! El de más caché fue el de Aguilar. Lo que pasa es que el Racing tenía una deuda con Caja Cantabria, de 20 millones, y eso quedó cubierto con otros jugadores: Corral y yo.

A usted le fue de fábula

¡Hombre, estuve 14 años de titular!

Y llegó Butragueño en la 83-84, y luego Valdano...

La primera vez que yo no jugué creo que estaba Di Stéfano como entrenador. Recuerdo aquello de una manera ingrata, porque el aficionado, después de haber estado muchos años arriba, se cansa de ti. Y lo que hacen es apoyar al nuevo. Eso pasó con Butragueño y conmigo. Nos comparaban, aunque nuestro juego es radicalmente distinto. Podíamos ser complementarios, como luego demostramos en las remontadas de UEFA. Yo pasé unos partidos muy difíciles. El aficionado no me perdonaba nada. No podía dar un pase atrás o bajar a recibir el balón a mi campo.

¿Está pasando Raúl esa etapa ahora?

Raúl está todavía en una edad estupenda, con una gran madurez, y va a seguir derribando barreras. Pero claro, los años no pasan en balde y los clubes tienen que ir pensando en gente no sólo para un año, sino para mucho tiempo. Raúl tiene cuerda para rato si juega en su sitio. Es arriba donde con su habilidad, picardía y listeza hizo goles estupendos.

Y usted, ¿por qué no fue nunca Pichichi?

Lo fui en Segunda, en el Racing. En el Madrid tuve muy mala suerte. Siempre había un Kempes o un Krankl, el austríaco, que hacían 29 o 30 goles. O Quini, que era un fenómeno. Yo conseguí llegar hasta los 23 o 24 y no me bastaron. No tiraba ni los penaltis, se los dejaba a Juanito. No éramos egoístas.

¿Dónde estaba el secreto de su salto?

Era algo innato. Intentaba anticiparme, también en la carrera, pero una vez en el aire me daba cuenta de que aguantaba más arriba que los demás.

¿Cuál ha sido su mejor gol?

Pues no ha sido con la cabeza. Fue ante el Derby County, por la calidad del tanto y por la emoción. Habíamos perdido 4-1 allí y ganamos 5-1 en el Bernabéu en la prórroga. Yo ya había marcado el tercero.

¿Y como fue?

Fue un pase de Del Bosque, la paré con el pecho, le hice un sombrero al defensor y la metí de volea con la pierna izquierda. ¡Estábamos clasificados ante 120.000 personas!.

¡Y eso que decían que usted era malo con los pies!

Y lo era, lo era Tuve que aprender deprisa, no me quedó otra, a marchas forzadas mientras hacía goles. Me quedaba más en los entrenamientos. Lógicamente, Amancio, Pirri, Velázquez y Grosso estaban a años luz de mí. En el norte casi todos los campos eran de barro y jugábamos tipo inglés, balones arriba.