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COVID-19

“Es posible que entre el 40 y el 70 por ciento de la población mundial pueda infectarse”

Marc Lipsitch, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard y director de su Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles, cree que estamos cerca de que se declare la pandemia.

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LUONG THAI LINH EFE

Desde las primeras informaciones surgidas en la provincia de Hubei (China) sobre la aparición de una tipo de neumonía que amenazaba con propagase, las similitudes con el brote de SARS de 2002-2003 han sido evidentes: el origen en mercados de animales salvajes, la forma de transmisión y propagación o los síntomas y complicaciones son algunos ejemplos que invitan a pensar en que la resolución puede también mantener semejanzas. O no.

Al principio, se denominó al causante del brote nuevo coronavirus, pero desde hace unas semanas su nombre oficial es SARS-CoV-2 (coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo 2) y la enfermedad que que causa es el COVID-19. Pero que le hayamos puesto un nombre oficial a la amenaza, no implica que estemos más cerca de su comprensión y son todavía muchos los interrogantes que ululan, cual virus, en el ambiente.

¿Serán suficientes las medidas de salud pública para contener su propagación? ¿Es muy infeccioso? ¿Cuál es el período de incubación? ¿Es esto una pandemia? ¿Qué papel juega la respuesta del sistema inmunitario en la progresión de la enfermedad? ¿Qué poblaciones están en mayor riesgo? ¿Pueden los científicos desarrollar una vacuna y con qué rapidez? Estas son algunas de las preguntas que se formulan los científicos de todo el mundo y, en general, la mayoría de la población.

¿Cómo se evalúa la gravedad de una epidemia?

Cuando los epidemiólogos evalúan la gravedad de una epidemia, quieren saber la capacidad de propagación de la enfermedad en una población. La primera medida que intentan calcular es el número reproductivo (R0): el número de personas que un individuo infectado infectará a su vez en una población no expuesta, en ausencia de intervenciones. Cuando el número de reproductores es mayor que 1 (lo que significa que cada persona infectada a su vez infecta a más de una persona), cada vez más personas se infectan y comienza una epidemia. Por lo tanto, las intervenciones de salud pública están diseñadas para reducir la tasa de transmisión por debajo de 1, lo que eventualmente hace que la epidemia disminuya.

El segundo número en el que se centran los epidemiólogos es el intervalo en serie: cuánto tiempo tarda una persona infectada en una etapa particular de la enfermedad en infectar a otra persona hasta el punto de la misma etapa de la enfermedad. Por lo tanto, el intervalo en serie sugiere la rapidez con que la enfermedad puede propagarse, lo que a su vez determina si los funcionarios de salud pública pueden identificar y poner en cuarentena todos los contactos conocidos de una persona infectada para evitar que transmitan la enfermedad a otros.

"El número de personas infectadas puede ser mucho mayor que el número de personas enfermas: es una buena noticia"

Marc Lipsitch

Y es en este punto donde la opinión de Marc Lipsitch, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard (EEUU) y director del Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles de la escuela, que ayudó a dirigir uno de los dos equipos que primero calcularon el número reproductivo del SARS en el 2002-2003, cobra una especial importancia.

El SARS tenía un R0 de 3: cada caso llevó a otros tres. En ese brote, alrededor del 10 por ciento de los que se enfermaron murieron. La buena noticia es que el SARS CoV-2 parece tener un R0 mucho más bajo que el SARS, desde los más altos hasta los más bajos, y solo del 1 al 2 por ciento de los que se enferman han muerto. Por otro lado, el intervalo en serie, que aún se está resolviendo, parece ser más corto, lo que significa que el nuevo virus tiene el potencial de propagarse más rápido.

Un dato para la preocupación

Llegados a este punto, Marc Lipsitch comparte en Harvard Magazine, una preocupación adicional: el hecho de que la distribución del período de incubación y la distribución del intervalo en serie son casi idénticas. Esa es una forma matemática de decir que las personas pueden comenzar a transmitir el virus incluso cuando son pre-sintomáticos, o simplemente comienzan a mostrar síntomas. Eso hace que la localización y la cuarentena de contactos de personas infectadas, una medida clásica de primera línea de salud pública, sea casi imposible. Un problema que ya estamos comprobando en todo el mundo.

"El SARS-CoV-2 se va a convertir casi seguro en una pandemia debido a la transmisión sostenida en múltiples ubicaciones"

Marc Lipsitch

El rastreo, la cuarentena y otras intervenciones de salud pública, como las medidas de distanciamiento (cerrar lugares de trabajo o pedirles a los empleados que trabajen desde casa, por ejemplo) resultaron suficientes para derrotar al SARS a principios de la década de 2000. Pero con el SARS-CoV-2, las medidas de salud pública por sí solas pueden resultar inadecuadas. El control de esta versión del SARS puede requerir antivirales, terapias de anticuerpos provisionales y, en última instancia, vacunas, implementadas junto con estrategias sólidas de contención de salud pública.

Desafortunadamente, el SARS-CoV-2 se va a convertir casi seguro en una pandemia debido a la transmisión sostenida en múltiples ubicaciones que eventualmente llegarán a la mayoría, si no a todos los lugares del mundo. La enfermedad parece estar transmitiéndose con bastante eficacia en Corea, Japón e Irán, y últimamente en otros lugares como Italia. Es posible que entre el 40 y el 70 por ciento de la población mundial adulta pueda llegar a infectarse”, explica Marc Lipsitch.

Un dato para la esperanza

Eso sí, hay una diferencia entre estar infectado y estar enfermo. "Solo algunas de las personas que se infectan enfermarán y solo entre el 1 y el 2 por ciento de los que han enfermado hasta ahora han muerto. Pero el número de personas infectadas puede ser mucho mayor que el número de personas enfermas y muchos casos pueden ser asintomáticos y leves, aunque es complicado precisar cuál es ese porcentaje. En cierto modo, son muy buenas noticias. Porque si cada persona que tuviera la enfermedad también estuviera enferma, eso implicaría un número gigantesco de muertes por la enfermedad”, concluye el experto.

La OMS no quiere hablar de pandemia

Si bien la opinión de Marc Lipsitch es respetable dada su trayectoria y experiencia, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reiterado por activa y por pasiva que el escenario no es el de una pandemia.

Utilizar la palabra pandemia ahora no se ajusta a los hechos y ciertamente puede causar miedo. Lo que vemos son epidemias en diferentes partes del mundo, que afectan a los países de diferentes maneras y que requieren una respuesta adaptada. Nuestra decisión de utilizar la palabra pandemia para describir una epidemia se basa en una evaluación continua de la propagación geográfica del virus, la gravedad de la enfermedad que causa y el impacto que tiene en toda la sociedad", ha explicado en los últimos días.

"He hablado constantemente sobre la necesidad de hechos, no de miedo. Este no es el momento de centrarse en qué palabra usamos. Eso no evitará una sola infección hoy, ni salvará una sola vida. Este es un momento para que todos los países, comunidades, familias y personas se concentren en prepararse. No vivimos en un mundo binario, en blanco y negro. No es ni lo uno ni lo otro. Debemos concentrarnos en la contención, mientras hacemos todo lo posible para prepararnos para una posible pandemia", concluye.