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La última comida: ¿cómo afrontar la alimentación en la última fase de la vida?

Los expertos aportan consejos y recomendaciones de nutrición y psicología para pacientes, allegados y cuidadores de personas a un paso de la muerte.

Una mujer y un hombre, durante una de sus últimas comidas en el hospital.
Elien Dumon Unsplash

Saberse en la última fase de la vida no es sencillo. Ya sea por una enfermedad, por complicaciones o por el proceso natural, cada persona se adapta a la cercanía de la muerte de una manera. No hay una predicción exacta. Pero sí hay una manera de encontrar una mejor vía para los últimos días tanto para el paciente como para sus allegados en varios aspectos. La comida es uno de ellos.

"Uno de los síntomas de las personas que están en edad avanzada o en última fase de la vida es la perdida del apetito. Uno deja de comer y se muere, pero no se piensa al revés; es decir, que una persona deja de comer porque está llegando al final", señala Rafael Mota, un doctor que conoce bien la experiencia porque trabaja en la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital de Badajoz.

En esos momentos difíciles en los que el simple hecho de que alguien se acerque a la muerte es difícil pensar en cosas aparentemente mundanas como la comida. ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo hay que afrontar esa última fase de la vida? ¿Cömo hay que preparar las últimas comidas? ¿Qué deben hacer los allegados? ¿Y los pacientes? Un grupo de expertos se ha reunido con la fundación New Health para escribir 'Recetas para el alma' y aconsejar o sugerir algunas pautas para quienes se encuentran perdidos en la delicada situación.

¿En qué se equivocan los más cercanos en estas situaciones?

"Cuando se intenta forzar a comer es lo peor, porque cuando tu cuerpo no te pide comer no te pide comer. A lo mejor se pueden pequeñas cantidades al día y dosis. Hay que respetar y ver lo que necesita el paciente, no forzar a lo que tú necesitas, que es que el otro coma para que tú sentirte bien porque el otro está bien. Hay que aceptar lo que está ocurriendo", señala la psicóloga Ana Raventós.

Los pacientes en la última fase de su vida no suelen necesitar grandes dosis de nutrientes porque su movilidad suele estar reducida y los gastos calóricos serán ínfimos. "Cuando mejor nutrido está uno, mejor puede afrontar la enfermedad, pero la propia enfermedad te lleva a esa desnutrición. El objetivo es que las personas vivan lo mejor posible hasta el final y también es parte de nuestra cultura. Hay que hacerlo de manera lo más agradable, pero no como un suplicio. Cuando atiborramos a una persona enferma que no quiere más, le vamos a provocar más síntomas como náuseas, vómitos y malestar. Y muchas veces se siente una angustia por los familiares porque se dedican a preparar comidas y cuando uno no tiene ganas comer se hace un mundo", advierte el doctor Mota.

Aceptar, observar y responder

Uno de los mayores problemas para los enfermos suelen ser quienes intentar ayudar sin demasiado conocimiento. "A veces se vive como una angustia por los familiares más que por el enfermo", señala el médico. En realidad, hay un aspecto del propio cuidador provisional del enfermo en la última fase de su vida "Aunque esté enfermo, si ves que se alimenta piensas que se va a curar antes, que es una fuente de salud. A la alimentación se le da importancia de cuanto mejor coma la persona está más saludable. Es como cuando criamos a nuestros bebés: 'Mira qué bien que está gordito, que está creciendo...' Por eso, en la etapa de enfermedad que están dependiente, que nosotros les tenemos que dar de comer, nos esmeramos porque parece que está bien gracias a ti, a lo que le estás dando", explica la psicóloga.

Los expertos recomiendan atender al enfermo y observar sus reacciones. Nadie mejor que él para saber lo que quiere. "Mi consejo es que no les agobien. Lo poquito que comen, si lo comen a gusto, bien", adelanta el doctor Mota. "Los pacientes son conscientes de que sus familiares quieren lo mejor para ellos. Se empeñan en hacer comidas que les gustan a ellos, los platos favoritos, se dedican... Y lo que pasa es que no pueden. Si es un plato pequeño, a lo mejor pueden hacer el esfuerzo y comer ese poquito, pero si dejan más de la mitad les provocamos tristeza porque saben el esfuerzo que también están pasando los familiares. Ese componente psicológico también les influye", explica el médico.

Los últimos días no deben dejar un sabor agrio. Puede ser un buen momento para reunir unos buenos recuerdos antes de la despedida. "Se le pone con cuidado, en trocitos pequeños, la que mejor puede hacer para su mejor digestión.. Se da amor y mucho esmero incluso se pone el plato que le gusta o que de pequeño le gustaba. Es momento de unión, no sólo alimenta las necesidades básicas de alimentación, sino que también se trata de algo social", explica Raventós.

Los caprichos antes de morir

El doctor Mota reconoce que en su hospital tratan de que las últimas comidas sean un momento más placentero. Facilitan que los visitantes traigan comida de fuera del centro para animar o cambiar los hábitos rutinarios. "En los hospitales, los horarios de las comidas son muy rígidos, no se tiene en cuenta a los hipertensos, diabéticos... Si encima no comen y les damos las comidas con sal... En esta fase de la vida hay que ser más flexibles. Lo que quiera, cuando quiera y no hacer algo angustioso sino agradable. Es una lucha muchas veces con los cuidadores, que se empeñan en insistir en comer cuando es difícil, y hay que intentar negociar para que sea más agradable que un suplicio", aconseja el doctor Mota.

Unos churros mejorarán el ambiente más que las galletas de la cafetería. "También puede recurrir a las recetas preferidas, lo que le guste más, siempre que lo pueda tomar. Por eso es una fuente de unión, de placer, de alivio por darle en los últimos momentos. También porque entra por los cinco sentidos. Si le apetece comer se disfruta. Cuidar la alimentación puede ser algo que una o se disfrute porque, por ejemplo, recuerde 'mi madre comía esto'", ilustra Raventós. "La dieta que ponemos en el hospital es capricho: lo que le apetezca cuando le apetezca. Hay que cuidar las texturas, los colores, la presentación... Los platos al ser más pequeñitos no dejan la sensación de que ha comido poco. En el libro damos pautas y recomendaciones de cómo preparar ciertas comidas", recuerda el doctor de la Unidad de Cuidados Paliativos en Badajoz.

El factor psicológico de preparación para la muerte

Desde un punto de vista psicológico, puede servir como adaptación a la futura ausencia. "También tiene un doble papel porque en el momento que el enfermo dice que no puede o está inapetente porque la propia enfermedad o el momento que está viviendo... El cuerpo es sabio y no le pide comer. En ese momento empieza un proceso de duelo en el familiar porque empieza a hacerse consciente de que empieza el proceso de despedida porque cuando una persona deja de comer ya está dando la señal de que la enfermedad o el proceso de vencimiento está ocurriendo. Es el momento que se abre el proceso de despedida, es un momento crítico porque nos resistimos muchas veces. Decimos 'Venga, come' porque no queremos ese momento de alguna manera", explica la psicóloga sobre el avance más duro.

Un último consejo puede ayudar a todos los implicados. "Trabajo y estoy en talleres donde formo acompañamiento del proceso final de vida y hago hincapié en lo emocional. Porque es una montaña rusa desde el mismo enfermo aceptando su propio proceso de enfermedad con muchas emociones. Muchas veces, tanto el cuidador/familiar como el enfermo, están en la negación, otras en la rabia, tristeza, dolor, miedo, culpa. Hay que respetar siempre las emociones que vive el enfermo porque forman parte de un proceso. Acompañar desde el cariño, la comprensión, transmitir calma, serenidad, amor... Es la mejor forma de sanar y de poder dar un acompañamiento de una manera respetuosa. Más que el 'no te pongas así' porque eso hace que se contenga y no se pueda desahogar contigo. Lo mejor es que pueda encontrar en ti ese apoyo y escuchar qué necesita", concluye la psicóloga Raventós como consejo para la última fase de la vida.