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Dispraxia: la enfermedad que no impidió a Daniel Radcliffe hacer magia con su vida

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Ilona Higgins

El actor británico, el eterno Harry Potter, fue diagnosticado con el denominado ‘síndrome del niño torpe’, un trastorno psicomotriz que dificulta la coordinación de distintos grupos musculares en tareas cotidianas.

No debes permitir que la dispraxia te detenga. A mí nunca me detuvo y algunas de las personas más inteligentes que conozco tienen discapacidades de aprendizaje. El hecho de que algunas cosas nos resulten más difíciles solo hará que seas muestre más determinación, que me esfuerce más y que sea más imaginativo para encontrar soluciones a los problemas”.

Quien habla es Daniel Radcliffe, el actor británico de 29 años mundialmente famoso por dar vida en la gran pantalla Harry Potter, el personaje principal de la serie de novelas fantásticas escritas por J. K. Rowling, al que vimos crecer al mismo ritmo que el aprendiz de mago y que reconoció en su momento que sufría dispraxia o trastorno del desarrollo de la coordinación motora (TDC), una patología de tipo psicomotriz que dificulta la coordinación de distintos grupos musculares en tareas cotidianas.

Pero como indica Radcliffe, más que un problema, para él ha supuesto un verdadero desafío y en más de una ocasión ha reconocido que no habría llegado hasta donde lo ha hecho de no ser por la dispraxia y esa necesidad de superarse. Pero, exactamente, ¿cuáles son las dificultases que ha tenido que superar el actor británico?

Qué es la dispraxia y tipología

La dispraxia, como hemos comentado, es trastorno psicomotriz que se da principalmente en la infancia y hace que determinados movimientos que implican la movilización y coordinación de varios grupos musculares (atarse los cordones, montar en bicicleta, escribir, etc) se desarrollen con lentitud, torpeza y no poca dificultad a pesar de que muchos de ellos puedan ser a priori sencillos.

Actualmente no se conoce a ciencia cierta su origen, aunque la dispraxia se relaciona con un problema de inmadurez en el desarrollo neuronal o lesiones sufridas en las etapas iniciales de formación del tejido nervioso. Pero ni mucho menos hay que considerarla como una discapacidad intelectual ni como un problema único, ya que existen cuatro tipos de dispraxia:

• Ideomotora: hay una desconexión entre un pensamiento y su ejecución

• Ideatoria: se altera la sucesión de actos sencillos que permiten completar uno más complejo, como atarse los cordones de los zapatos.

• Oromotora: los músculos de la fonación están afectados lo que incide sobre el habla.

• Constructiva: dificultad de manipular objetos.

Así pues, la dispraxia tiene diferentes manifestaciones y multidisciplinar debe ser su tratamiento ya que es probable que deba incluir fisioterapia, rehabilitación logopédica y neuropsicología, sobre todo en e supuesto de que sea ideatoria.