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‘Síndrome del edificio enfermo’: cuando una construcción afecta a tu salud

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Según la Organización Mundial de la Salud, que describió el término por primera vez en 1982, un 30 por ciento de las construcciones están afectadas e inciden en la salud de quienes las habitan.

A priori su existencia puede parecer sorprendente pero es real. El síndrome del edificio enfermo es un conjunto de sintomatologías y enfermedades derivadas por la contaminación del aire en espacios cerrados, descompensación de temperaturas, cargas iónicas y electromagnéticas, uso de determinados materiales o productos y un aislamiento deficiente. Es decir, por la confluencia de diferentes agentes químicos, biológicos (bacterias, hongos, esporas) o físicos originados frecuentemente en edificios de los denominados inteligentes o muy tecnificados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que acuñó el término en 1982 tras detectar problemas de salud masivos en los trabajadores de algunos edificios de oficinas de Londres, Manchester o Liverpool, estima que afecta a un 30 por ciento de las construcciones y hasta a un 30 por ciento de sus ocupantes.

De igual forma, la OMS atribuye al síndrome un carácter transitorio o permanente. En el primero de los casos, la incidencia de los síntomas es pasajera, persisten medio año, y suele desaparecer con el tiempo en edificios de nueva construcción o que han sido remodelados recientemente, mientras que si esos síntomas se manifiestan durante años a pesar de haberse tomado medidas, ya se considera permanente el problema.

Síntomas del ‘síndrome del edificio enfermo’

La sintomatología a observar para poder diagnosticar un edificio enfermo es muy variada, pudiendo llegar a ser compleja, ya que suele ser el resultado de la combinación de distintos efectos. Los síntomas más significativos incluyen:

· Irritaciones de ojos, nariz y garganta.

· Sensación de sequedad en membranas mucosas y piel.

· Ronquera.

· Respiración dificultosa.

· Eritemas (Erupciones cutáneas).

· Comezón.

· Hipersensibilidades inespecíficas.

· Náuseas, mareos y vértigos.

· Dolor de cabeza.

· Fatiga mental.

· Elevada incidencia de infecciones respiratorias y resfriados.