Deporte y Vida

Por qué es tan importante que los niños hagan deporte

EJERCICIO

Por qué es tan importante que los niños hagan deporte

Por qué es tan importante que los niños hagan deporte

Analizamos con un experto los beneficios de la práctica deportiva desde niños pequeños hasta la adolescencia: desarrollo, relaciones, valores, esfuerzo, reto, desafío, autoestima…

La vuelta al cole supone para muchos niños, y padres, la vuelta a las actividades extra escolares. Y es en el deporte donde la gran mayoría disfruta y aprende. Preguntamos a Sergio Lorenzo Jiménez Saiz, director del Máster Universitario en Entrenamiento y Nutrición Deportiva de la Escuela Universitaria Real Madrid - Universidad Europea, sobre los beneficios de la práctica deportiva a cada edad, los valores, cómo influyen los padres, qué esperar, cómo divertirse…

¿A qué edad sería recomendable que un niño empezara a jugar más como deporte que como mero juego?

Lo más importante, en edades tempranas, es que hagan actividad física, ejercicio físico para el desarrollo armónico, integral y corporal del niño. Esto desarrolla, no solo su apartado físico, sino también su desarrollo social, intelectual, visual, coordinativo, etc.

Según las investigaciones, el niño puede practicar deporte desde los 6 años en adelante. Hoy en día existen academias dirigidas con grandes profesionales para estas edades. Pero el objetivo debe ser desarrollarse mediante el movimiento en entornos estructurados y no estructurados para jugar, no para competir. El enfoque se centra en ofrecer deportes divertidos, inclusivos, multisport y apropiados para el niño. Estas experiencias harán que el participante desarrolle una amplia gama de habilidad de movimiento junto con la mejora de la confianza y el deseo de participar. Antes de los 6 años, también puede realizar actividades que sean divertidas y desafiantes.

Es a partir de los 11-12 años (depende del nivel madurativo) cuando se puede ser algo más estricto en el entrenamiento del deporte con sus reglas, tácticas, estrategias, sin perder la diversión. En algunos deportes muy muy estructurados, se puede producir a los 9 años.

Finalmente, dependiendo del deporte, el gran punto de inflexión es a los 15-16 años, donde el deporte aumenta profundamente a nivel de cantidad y calidad de horas.

¿Qué le aporta?

Como hemos dicho antes, depende de la edad. Justo en los inicios, consiste más en divertirse, socializarse, hacer amigos y debe haber retos y desafíos que provoquen mejoras de la autoestima y de la percepción de la competencia personal, además de todo lo relacionado con el desarrollo motor y físico.

A partir de los 10-12 años también hay valores como la disciplina, la exigencia, la cultura del error, ganar y perder como parte del deporte, respeto a las normas y al rival, pertenencia a un grupo, sentimiento de pertenencia, etc.

A partir de los 15-16 años se aprende también a competir y ganar en deportes que ya están muy estructurados a nivel competitivo (depende del país), aquí en España serían por ejemplo fútbol y baloncesto, entre otros.

¿Deberían cambiarse algunos conceptos para los más pequeños para que sea más juego y menos imitar a los mayores?

Los niños pequeños quieren imitar a los mayores, todo depende del enfoque que se haga por parte de los entrenadores y padres. Lo importante es que ellos, en edades muy tempranas, aprendan a superarse a sí mismos y que cada día se vayan satisfechos con el trabajo; que sepan que lo importante es competir contra uno mismo, pero con la diversión como papel fundamental porque, ¿si alguien no se divierte, cómo jugará durante años a un deporte? Imposible.

Es cierto que hay un momento en el que, sin ser lo más importante, es importante aprender a competir para ganar porque, aunque quizás no se gane, se compite para ganar. Esto también se da en el deporte a partir de los 16 años aproximadamente.

¿El papel de los padres es fundamental, pero a veces llega a ser perjudicial como hemos visto en algunas ocasiones, es más lo bueno o lo malo?

Esto es como todo, un término medio es la clave. Ni muy “pasotas” o “dejados” que nunca vayan a ver a sus hijos, que no les acompañen; ni “ultras” o “forofos” que estén encima de todo, critiquen, quieran que su hijo haga lo que ellos dicen e incluso que llegue a ser lo que ellos no fueron. La clave de los padres es dar apoyo para que sus hijos realicen la práctica deportiva para que consigan sus sueños y lo que les gusta, que les den confianza al hablar y sepan hacer de balanza en momentos buenos o malos. Lo peor que se le puede hacer a un hijo es hacérselo todo (mochila, ducha, ropa, criticar al entrenador…) o ignorarlo por completo (nunca acompañarlo, no preguntarle, no conocer ni el nombre de sus compañeros o entrenadores…).

¿Es la adolescencia la edad más difícil para que el deporte forme parte de su vida?

Al revés, es la mejor época, es la edad en la que empiezan a “desligarse” de sus padres y empiezan a “crear” un grupo de amigos “eternos” que suele coincidir con sus equipos deportivos o clases escolares. Se empiezan a sentir competentes, creativos, con confianza… En definitiva, disfrutan. El problema puede ser si las expectativas es ser Ronaldo o Rafa Nadal y entonces abandonan por falta de confianza y por no sentirse buenos o protagonistas.

Otro problema que suele ocurrir en la adolescencia es que los que muestran alto nivel en un deporte y empiezan a dedicar muchas horas al mismo, pueden dejar en segundo plano los estudios y esto no debe ocurrir. Ambos son fundamentales, la educación y su desarrollo deportivo.

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