NBA

Seattle tendrá a sus Supersonics

Con la expansión de la NBA ya definitivamente en marcha, el cantado regreso de los Supersonics, en Seattle, obliga a recordar su traumática salida con destino a OKC.

Gary Payton y Shawn Kemp, contra Michael Jordan
DIARIO AS
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Parecía que se rumiaba y se rumiaba, pero que el regreso de Seattle Supersonics no terminaba de llegar. Hasta ahora: el board, las otras treinta franquicias, ha aprobado, y en teoría ratificará antes de fin de año, el salto a una competición de 32. Además, no va a haber proceso de selección de sedes y la puja tendrá que ver con quién pone el dinero y controla los dos nuevos equipos, no con dónde jugarán: la NBA llegó a ese comité con un plan claro y cerrado. Las nuevas ciudades serán las dos que han sido las favoritas por aclamación en los últimos años: Las Vegas, la oficiosa ciudad 31 de la NBA (Liga de Verano, fase final de la NBA Cup…) y el regreso de los viejos Supersonics, en Seattle.

Un clásico con aficionados en todo el mundo, desde la época del crecimiento global de la competición (cuando Dale Ellis, Xavier McDaniel, Tom Chambers…) a los años del Sonic Boom con Shawn Kemp, Gary Payton, Schrempf, Hawkins… y George Karl en el banquillo. Aquellos inolvidables Sonics acumularon en los 90 aficionados y éxitos (temporadas con balances de 63 y 64 victorias) y también decepciones, eliminaciones en primera ronda ante Nuggets y Lakers o, sobre todo, aquellas Finales de 1996 en las que sufrieron (como Stockton y Malone después) a los grandes ladrones de ilusiones de la época, los Bulls de Michael Jordan.

Todos los amantes de la NBA conocen la tradición e historia de los Sonics, de Lenny Wilkens a Spencer Haywood, de Bill Russell a Paul Silas, de Dennis Johnson y Jack Sikma a Nate McMillan… El equipo que durante muchos años tuvo el único título (1979) del deporte profesional de Seattle y que parecía preparado para revivir sus históricas rivalidades (con los vecinos Trail Blazers, sobre todo) y despuntar de nuevo de la mano de un ejecutivo/niño prodigio como Sam Presti, que ya estaba allí cuando en 2007 y 2008 llegaron Kevin Durant, Jeff Green y Russell Westbrook, tres top 5 de draft.

Los dos primeros llegaron a jugar un año con la camiseta de los Supersonics, Westbrook solo se hizo la foto con la gorra del equipo en la noche del draft. Lo siguiente fue la mudanza a Oklahoma City, la reconversión de los Thunder, un shock cultural en la NBA, que perdió un pedazo de su fisionomía clásica (un bocado en el Noroeste) y una enorme injusticia para Seattle, su afición y un equipo que se despidió con 20 victorias pero en pleno ensamblaje: dos años después ya estaba en 50 y cuatro, en 2012, en las Finales con el trío Durant-Westbrook-Harden.

Ahora, dieciocho años después del traslado de Seattle a OKC y catorce después de aquella primera Final de la renovada franquicia, de los Sonics a los Thunder, vuelve a ser pertinente, a la fuerza, aquella operación que permitió a Oklahoma City tener un equipo listo para desembalar, plug and play, sin pasar por la casilla del draft de expansión. Sin dolores de crecimiento y como aspirante al título ya en el horno, pero también con nueva identidad: nombre, colores, logos… una diferencia drástica con la mayoría de traslados, solo (que no es poco) un cambio de ciudad: Lakers, Jazz, Grizzlies, Rockets, Hawks…

Los Thunder, un caso mucho menos habitual, se llevaron un equipo de ciudad a ciudad pero lo transformaron por el camino. Así que ahora, con la expansión a poco más de dos años vista (se trabaja con la idea de tener una NBA de 32 en 2028), hay que repetir las explicaciones que se han dado sobre este traslado durante estos dieciocho años: ¿Qué pasa con el título de 1979 de los Supersonics? ¿con sus récords, cifras y camisetas retiradas? ¿son de los Thunder o no? Es decir, ¿el del pasado junio fue el primer o el segundo anillo de los Thunder?

La lógica y la logística

La respuesta más sencilla es que a efectos de la NBA fue el segundo (con asterisco) pero acabará siendo el primero. A nivel social y real, debería ser considerado el primero. Cuando los Sonics se convirtieron en Thunder, y se fueron de Seattle a OKC, heredaron el equipo, con Kevin Durant y Russell Westbrook al frente, y un lote que incluía sillas de oficina, pantallas de televisión, máquinas de sonidos, CDs (eran otros tiempos), asientos de los que se colocan a pie de pista… pero dejaron en suspenso la historia, la bandera de campeón del 79, las estadísticas y los números retirados. Clay Bennett, el gran villano para Seattle que orquestó el cambio de ciudad, dejó aparcado el nombre, los colores y los logos de los Sonics. No quería estropear más la situación y no veía necesidad de usarlo: su idea siempre fue crear un equipo nuevo. En cuanto Seattle recupere a los Sonics, cuando la NBA concrete su expansión, Bennett cederá (sin pedir nada a cambio) todo para que la franquicia de Seattle sea, otra vez, la que tiene que ser.

La que va ser: los Supersonics. Un equipo que rompió moldes cuando se sumó en 1967 a una NBA que intentaba, como el resto de competiciones profesionales, exprimir el boom de las nuevas metrópolis en Estados Unidos. En los sesenta, cuando la Liga se puso en serio con un ambicioso plan para llegar a dieciséis franquicias, Seattle no era la gran ciudad en la que se convirtió después y estaba lejos de los aires de metrópolis del Oeste de San Francisco y Los Ángeles. Era, para muchos, un lugar todavía provinciano, algo así como el sur de Alaska. Pero ya tenía un pabellón, gracias a la Exposición del Siglo XXI de 1962: el Seattle Coliseum que luego fue KeyArena y después, Climate Pledge Arena. Con eso y el dinero de dos inversores californianos, nada de políticos o empresarios locales, nació un equipo que enamoró a una ciudad que, desde entonces, se convirtió en un enclave trascendental para el deporte profesional.

Mientras la expansión se aprueba y pone en marcha, la NBA sí considera, en sus cuestiones organizativas y funcionales, que la historia de los Sonics se fue a los Thunder, aunque vaya a ser con vuelta. Sin embargo, ni en OKC han tenido ganas de apropiarse de nada más (con el equipo bastaba) ni en Seattle, donde el sentimiento general es de un inmenso rechazo a los Thunder, quieren mezclas. Ante esta situación, puede que lo más curioso sea que gran parte de la vieja historia de los Sonics no salió nunca, literalmente, de la ciudad: en el Museo de Historia e Industria (MOHAI) se guardan más de 5.000 objetos relacionados con la franquicia dormida (se fue, volverá). Ocupan veinte estanterías, todos perfectamente catalogados y con solo tres expuestos al público general: el trofeo Larry O’Brien del título de 1979, unas zapatillas de entrenamiento usadas y un banderín.

El MOHAI está a poco más de un kilómetro del Climate Pledge Arena, el viejo KeyArena en el que jubagan los Sonics y el gran caballo de batalla que acabó en el traslado a OKC. La caída de la franquicia se puede resumir con una hoja de ruta abreviada, en un pequeño recorrido por los qués y los quiénes. Bajo la permisiva mirada (y casi el compadreo) de David Stern, Clay Bennet se hizo (2006) con el mando, pronto no quedó ninguna duda, con el fin de facilitar primero y acelerar después la mudanza a Oklahoma City. Bennett, no en vano, es natural de Oklahoma, así que ese fue siempre su proyecto cuando su Professional Basketball Club LLC se hizo con los Sonics tras pagar 350 millones de dólares a otro de los grandes señalados en la ciudad de la lluvia: Howard Schultz, entonces propietario de Starbucks, que pasó de héroe local al hacerse con el equipo a enemigo público cuando se deshizo de él casi como un niño cansado de su juguete.

El plan estaba bien encaminado desde que Oklahoma City se ganó el corazón de Stern cuando acogió con gran éxito de público a los Hornets durante su ausencia de Nueva Orleans tras la desgracia del Katrina. La posibilidad de que los Hornets se mudaran definitivamente quedó completamente aparcada gracias a la gran imagen que Nueva Orleans ofreció en su All-Star Weekend. Stern y Bennett confluían ya en intereses y la ruta fue fácil de perfilar. El empresario pidió a la ciudad de Seattle que sufragara una nueva reforma del KeyArena y presentó además (con buena vista en virtud de sus intenciones) un presupuesto inicial muy inflado. Las autoridades de la ciudad y del estado de Washington no alcanzaron acuerdo alguno y aceptaron por parte de Bennett, para permitir la salida de los Sonics aunque seguía habiendo un contrato en vigor para ocupar el pabellón, un pago de 45 millones de dólares con otros 30 apalabrados si la ciudad seguía sin franquicia NBA en 2013. Así Seattle perdió incluso el derecho de contar con el equipo durante las dos temporadas que cubría el arrendamiento del KeyArena.

Bennett calculaba en 60 millones las pérdidas de esa espera que consideraba innecesaria toda vez que tenía la posibilidad de pagar y acelerar el trasvase. Oklahoma celebró un acontecimiento que esperaba para 2010 mientras las autoridades de Seattle cogieron el dinero y miraron para otro lado, sin reparar en todo lo que aportaba y generaba (directa e indirectamente) la franquicia. Un valor que conocían bien tras una relación de cuatro décadas. Oklahoma City parecía tenerlo sorprendentemente más claro e invirtió 121 millones en adecuar su Ford Center…

Entre los problemas económicos del grupo de Schultz, la recesión económica de 2001, los intereses de Bennett y el visto bueno de Stern, se gestó un movimiento duro para la NBA y que dejó a los Sonics, por suerte, en letargo pero no muertos. En cuanto la franquicia esté de regreso, volverá a tener su nombre, sus colores verde y dorado, su título de 1979 y sus números retirados (Jack Sikma, Nate McMillan, Gus Williams, Bill Russell…). Entonces quedará claro que el de 1979 fue el primer anillo de los Supersonics y no el de unos Thunder que abrieron esa cuenta, la real, el pasado junio en las Finales de 2025. Mientras se consuma la espera, se seguirán repitiendo las referencias a los Thunder pre y post mudanza y la NBA seguirá archivando así sus datos. Pero la realidad, aunque en compás de espera, es otra: Thunder y Sonics nunca han querido, las dos partes y desde 2008, tener nada que ver.

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