LeBron, como nunca y como siempre
El Rey, con 41 años y 23 temporadas en la NBA, afronta los playoffs con los Lakers con una especie de retorno al pasado que demuestra que todo cambia, menos él: sólo ante el peligro.


LeBron James tiene 41 años, lleva 23 temporadas en la NBA, 1.622 partidos disputados de regular season. Es el Máximo Anotador de la historia, tiene cuatro anillos con cuatro MVPs de las Finales, ha llegado a 10 Finales, tiene cuatro MVPs de la temporada y un sinfín infinito de récords, de precocidad y de longevidad. Y su nivel, insólito en el deporte a su edad, ni se puede ni se debe normalizar. Nadie, jamás, ha mostrado semejantes atributos de forma tan eficiente con tanto a sus espaldas. Y esta temporada ha finalizado con 20,9 puntos, 6,1 rebotes y 7,2 asistencias, lanzando por encima del 50% en tiros de campo. No será elegido en los Mejores Quintetos por no haber llegado a la cifra mágica de los 65 partidos. Pero se ha quedado en 60 y más de 33 minutos por noche. Una vez más: con 41 años y 23 temporadas a sus espaldas. Hay que insistir: 41 años. 23 temporadas.
Por eso no deja de ser irónico, incluso hasta gracioso, que llegue a los playoffs como líder en solitario de los Lakers. Las lesiones de Luka Doncic y Austin Reaves, que salvo sorpresa o milagro no estarán en la primera ronda ante los Rockets, pone a LeBron como líder indiscutible del equipo. Y, con 41 años y 23 temporadas a sus espaldaas, ha llevado al equipo al cuarto puesto de la Conferencia Oeste contra todo pronóstico, cuando todo el mundo preveía una debacle y el Rey se ha encargado de que eso no sea así. En los tres partidos que disputó justo tras el adiós de sus compañeros promedió 28 puntos, 7,7 rebotes y 12,7 asistencias, con 2,3 robos. En el último ante los Jazz se fue a 18, 4, 6 y 3, pero disputó menos de 17 minutos por lo cómoda que estaba la victoria... y lo que estaba por venir.
En ese último partido, LeBron salío de titular en un quinteto inicial que incluía Rui Hachimura, Luke Kennard, DeAndre Ayton y Marcus Smart. En una situación que recuerda en cierta manera a las Finales de 2018, cuando en el partido inaugural frente a los todopoderosos Warriors, la estrella saltó a pìsta con Kevin Love, George Hill, Tristan Thompson y JR Smith. Sí, ese encuentro histórico en el que este último se pensó que su equipo iba ganando y en el que James se fue a 51 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias. En esos playoffs, la leyenda se fue a 34 tantos, con 9 rechaces y 9 pases a canasta de media, con ocho partidos de 40 o más puntos, 12 con más de 30 y sólo uno por debajo de los 20. Además de conseguir cuatro triples-dobles y 11 dobles-dobles. Una actuación antológica, para la historia. Pero claro, LeBron entonces tenía 33 años y estaba a punto de salir de los Cavaliers por segunda vez, rumbo a los Lakers. Ahora las cosas son muy distintas... ¿no?
El más difícil todavía
Como nunca y como siempre, LeBron se ve abocado a liderar a su equipo con 41 años y 23 temporadas a sus espaldas. Se dirige a su 19ª participación en los playoffs (se los perdió en sus dos primeros años y en dos ocasiones con los Lakers), una fase final de la que es líder de casi todo: puntos totales, robos totales, tiros de campo, tiros libres, minutos, tiros libres convertidos... También es cuarto en rebotes (tras Bill Russell, Wilt Chamberlain y Tim Duncan), segundo en asistencias (después de Magic Johnson) y tercero en triples (tras, claro, Stephen Curry y Klay Thompson). Y su presencia número 19 le iguala a Karl Malone y John Stockton, que gozaron de una longeva carrera en los Jazz (el ala-pívot disputó su última temporada en los Lakers), a la par que infructuosa: nada de anillos.
Y, con todo esto, LeBron se encuentra en primera ronda con un viejo conocido, Kevin Durant. Se enfrenta a unos Rockets con los que sólo se vio las caras en las semifinales de Conferencia de 2020, en la burbuja de Orlando. Entonces, tenía enfrente a James Harden y Russell Westbrook, pero nada queda ya de esa plantilla a pesar de que las dos estrellas sigan en activo. Alperen Sengun es el epicentro del juego del organigrama de un Ime Udoka que salió fatal de los Celtics por escándalos extradeportivos, pero ha hecho competitivo a un proyecto que lo apostó todo a Durant. Pero la lesión de Fred VanVleet antes de empezar la temporada, y el estrambótico y problemático carácter de la leyenda en activo, ha impedido a los texanos emerger. Aunque, eso sí, se enfrentan en primera ronda a un rival sin Luka Doncic ni Austin Reaves, algo a tener en cuenta. “Todos quieren enfrentarse a nosotros en playoffs”, dijo JJ Redick tras las lesiones de ambos jugadores. Y es una realidad, claro. Los Rockets se frotan las manos.
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Pero, si bien LeBron no se ha enfrentado en demasiadas ocasiones a los Rockets en los playoffs (hasta llegar a los Lakers estuvo siempre en el Este), sí que lo ha hecho contra Durant. Otro de los grandes veteranos de la competición (37 años) que ha sido en ocasiones la némesis de su majestad. Concretamente, en tres ocasiones, todas ellas en las Finales: las de 2012, con victoria para LeBron en la que fue su primer anillo, cuando militaba en los Heat y su rival en los Thunder. Y en las de 2017 y 2018, cuando James estaba al servicio de sus Cavaliers y Durant había abandonado el lugar que dijo que nunca abandonaría (un clásico) para fichar por los Warriors en lo que fue una de las plantillas más increíbles de la historia. Ahí se jugará todo, con el Rey asegurando que no piensa que haya ningún declive en su juego y que si era la tercera opción con Doncic y Reaves era porque el equipo lo necesitaba. Ahora, vuelve a ser el líder del equipo, como nunca y como siempre, en el más difícil todavía. Con 41 años y 23 temporadas a sus espaldas. Otra vez, hay que insistir: 41 años. 23 temporadas. Vivir para ver.
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