NBA

Davis, Trae y el hogar de las almas perdidas

Pívot y base se reúnen en Washington, lejos de los focos y, por diferentes motivos y de diferentes generaciones, totalmente defenestrados.

What did the Mavericks gets in the trade for ten-time All-Star Anthony Davis?
Cary Edmondson
Alberto Clemente
Redactor de Baloncesto
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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El Distrito de Columbia, que es el nombre oficial de Washington D.C., es la capital federal de los Estados Unidos de América. Se lo debe a George Wahington, primer presidente del país económicamente más poderoso del mundo. Se localiza a orillas del río Potomac y está rodeada por los estados de Virginia al oeste, y de Maryland al norte, este y sur. Ahí, en la principal ciudad de la teórica cuna de la democracia (este es obviamente otro debate), fue donde llegaron los Wizards allá por 1973, una franquicia fundada en 1961 y que previamente había pasado por Chicago y Baltimore. Pero fue en la capital donde Elvin Hayes y Wes Unsled conquistaron, en 1978, el primer y único anillo de su historia.

Entonces se llamaban Bullets (“balas” en castellano), nombre que cambiaron en 1997 para que la gente no lo asociara a los altos índices de criminalidad que había entonces. Vencieron por 4-3 a los históricos Sonics en las Finales, y en 1979 llegaron otra vez a dicha ronda y contra los mismos rivales, pero esta vez cayendo por 4-1. Pero la gloriosa etapa fue efímera y en los años siguientes los Wizards se convirtieron en uno de los equipos tradicionalmente perdedores de la competición: es más, de 1988 han transcurrido 38 temporadas y sólo en 10 de ellas han pisado los playoffs, a pesar de contar con jugadores de la talla de Gilbert Arenas hace ya dos décadas o, más recientemente, de John Wall o el denostado Bradley Beal.

De nada sirvió, y desde 1979 no pisan unas finales de Conferencia, mientras que desde 2021 no llegan a playoffs, algo que ese año hicieron sumando apenas 34 victorias en regular season, en consonancia con una Conferencia Este que desde hace ya demasiado tiempo es muy inferior a su homólogo en el Oeste. Tras los últimos playoffs, tuvieron dos temporadas de 35 partidos ganados, que luego fueron 15 y 18, convirtiéndose en uno de los peores equipos de la NBA. En esta llevan 13, vagan sin ton ni son por un páramo que nunca acaba y no tienen rumbo ni dirección. De hecho, suscitan una enorme indiferencia, como si sus encuentros no le importaran a nada ni a nadie. Pues bien: ahí, precisamente ahí, es donde han ido a parar dos de los defenestrados por excelencia de los últimos tiempos en la mejor liga del mundo: Trae Young y Anthony Davis.

Dos historias, un destino

Trae Young llegó procedente de los Hawks, que acabaron con su estancia en Atlanta renunciando al que probablemente sea el mejor jugador (o al menos el que más talento tiene) que han tenido en su historia. Su nivel ha bajado y ha tenido problemas con las lesiones en los últimos tiempos, Pero es un tres veces All Star de apenas 27 años, con una facilidad para la anotación, el triple o el reparto de juego excelsa. No es bueno en defensa, su peor parte, y se ha revelado como un líder ineficaz en algunas parcelas. Eso sí, tiene un margen de mejora brutal y todavía mucho que decir más allá de las comparativas eternas con Luka Doncic, su compañero de generación. En 2021, lideró a los Hawks a las finales del Este. El esloveno igualó esa ronda en 2022 y la superó en 2024, cuando llegó a las Finales. Un poco más, pero el mismo resultado: ninguno ha ganado el anillo. Que, al final, es lo que importa.

De Doncic también hay que hablar para referirse a Anthony Davis. Al fin y al cabo, su destino quedó sellado cuando ocurrió el traspaso de todos los traspasos y el esloveno llegó a los Lakers. El pívot fue entonces el daño colateral, el hombre que se fue para no volver. Denostado y casado con su habitual e infinito historial de lesiones, Davis entra en otro traspaso que le lleva a la más absoluta clandestinidad. Eso sí, estamos hablando de un 10 veces All Star que cuando está en forma es un portento físico en los dos lados de la pista. Y que fue clave en la consecución de del anillo de 2020 de los Lakers, el último que la franquicia ha conquistado en su larga historia. Pero también un jugador que se ha quedado muy lejos de las expectativas que generó en su día y que, camino de los 33 años, genera muchas dudas sobre el nivel que puede mostrar.

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A priori, se juntan en los Wizards dos hombres que tienen un talento inconmensurable para jugar al baloncesto, que en su día hicieron y deshicieron a su antojo y que están ahora compartiendo un proyecto común que, si bien da igual este año (con Davis ya fuera toda la temporada) podría ser interesante en el futuro cercano. Pero también dos jugadores que, siendo de diferentes generaciones y por diferentes motivos, están totalmente defenestrados por una NBA que no espera a nadie. Y bien lo saben el uno y el otro, compañeros ahora de equipo y de miserias. Aunque cosas más raras se han visto en la mejor liga del mundo, donde las grandes historias se graban en mármol, yendo y viniendo. Eso sí, parece poco probable que esta vaya a ser una de ellas. Una pena para dos grandísimas estrellas que están muy lejos de ser lo que fueron y tienen muy difícil volverlo a ser. Es lo que tiene. Juntas y revueltas se juntan ahora en el Distrito de Columbia. En Washington. El hogar de las almas perdidas.

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