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Warriors-Mavericks: las ganas de recuperar contra las de llegar

La última eliminatoria de la Conferencia Oeste enfrentará a unos Warriors de vuelta tras dos malos años con unos Mavericks listos para el gran salto.

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Warriors - Mavericks
Ron Jenkins AFP

Quedan dos series y en cada una se otorga un billete para las Finales NBA 2022. Cuatro equipos se la juegan. Por un lado, Heat y Celtics reeditan un enfrentamiento que se dio hace dos años en la burbuja de Lake Buena Vista -con tintes histórico para desgracia de todos- en el que los Heat querrán repetir aquel resultado que les volvió a meter en la pelea directa por el título y los Celtics irán a aprovechar esta racha espléndida que les recuerda a lo florido que les ha quedado el palmarés. Por el otro, Warriors y Mavericks. Este choque del Oeste cuadra mal con la tendencia actual en la que la parte contraria del cuadro es la fuerte, nada que ver con lo ocurrido en la mayor parte del siglo XXI, pero sí que es una pugna en la que los tiempos juegan un papel fundamental. Casi ningún partido de este calado se explica sin mirar al pasado y éste, o los siete que los aficionados esperan, no es la excepción.

Como ya se explicó cuando los Mavericks accedieron a estas finales de conferencia, los Grizzlies se quedaron también fuera, como los Suns, y desde 2011 los dos mejores de la fase regular no se quedaban fuera. Aquel año Dallas se llevó el título, el único que tienen a nivel nacional. En Phoenix, observando aquella histórica paliza, estuvo viéndolo desde cerca Dirk Nowitzki. Jason Kidd, desde el banquillo. Héroes de ese solitario éxito en una franquicia que se ha recompuesto bien pronto de la partida de su jugador más importante. Porque ahora suspiran por otro genio europeo, en este caso de Eslovenia y que se llama Luka Doncic. Entre todos irán a pecho descubierto, una vez que se rompió la barrera de la primera ronda avanzando dos, ante los Warriors que se cargaron, precisamente, a los mencionados Grizzlies. Y en el caso que está sobre la mesa los tiempos son mucho más cortos pero no necesariamente mucho más espídicos.

Para la franquicia californiana han cambiado sólo algunas cosas desde su lapso de cinco años en el que tocaron todas las finales y se llevaron a casa tres de aquellos campeonatos. En 2019 se marchó Kevin Durant y se rompió Klay Thompson en aquella maldita caída ante los Raptors, para nada favoritos a destronar al equipo que cambió el baloncesto. Las lesiones de Curry y Green han aderezado estos dos años, pandemia mediante, de altibajos para una plantilla que se ha ido ajustando: no valió Russell y sí ha cuajado Wiggins, aunque sea un contrato a mover; Wiseman no ha jugado en todo el curso y es la incógnita del nuevo proyecto; Iguodala puede aportar el efecto añejo y sería un elemento clave contra Doncic si estuviera bien a nivel físico; Bob Myers, el encargado de fichar, acertó en complementos como Otto Porter, en herramientas para el futuro como Jonathan Kuminga y en un suplente de oro como Jordan Poole. Y Kerr dirige la banda. Como nunca antes pero como siempre. En sólo dos años han regresado.

El head-to-head es interesante y también ratifica esta dictadura temporal. En los años en los que los Warriors ganaron el título, 2015, 2017 y 2018 los Mavericks perdieron todos los partidos de la fase regular: 12-0, a cuatro derrotas por temporada. En los demás cursos no ha ocurrido. Desde aquel cambio de aires de hace tres los texanos han perdido sólo dos de los diez encuentros y el balance de 2021/22 es de 3-1 a favor de ellos. La tendencia cambió y tiene significado.

Será más difícil de adivinar por dónde pueden ir los tiros. Lo imprevisible se ha apoltronado en los playoffs. Los Mavericks forzaron para emparejarse con los Jazz y les vencieron en seis encuentros, aprovechando bien sus armas y contando con la lesión de Doncic entre medias. Trabajo sin una dificultad extrema. Pero en la siguiente ronda sí sacaron de su sitio las mandíbulas de muchos dejándoles con la boca abierta: el subcampeón, con Paul y Booker como uno de los juegos exteriores más peligrosos de la NBA, un pívot dominador como Ayton que no tenía una pareja de baile similar en la zona, elementos cortantes como Crowder o Bridges y una estructura que se había probado como ganadora, no sólo el año pasado sino en la fase regular de éste, cedió y cedió con partidos malísimos para terminar por los suelos en su casa en un séptimo para la historia. En otro sitio del cuadro los Warriors empezaron sufriendo a Ja Morant y su baloncesto taquicárdico, amarraron la tercera victoria en un encuentro en el que el base ya no estaba enfrente y en el que fueron perdiendo toda la noche y culminaron el vaivén en dos tiempos más: ridículo en Memphis, llegando a perder por 55 puntos, y triunfo en el Chase Center de San Francisco para pasar de pantalla.

Los ajustes de Kidd y su cuerpo técnico sacaron de quicio a Monty Williams, Entrenador del Año, y marcaron una línea. En defensa férrea no entran balones y a los Warriors es sólo un corte de ritmo lo que puede incomodarles. Los Mavs se han ido metiendo en el plan y hasta malos contenedores de ofensiva como Bullock o Bertans están aportando atrás. Pero el relato de los Warriors y su ataque demoledor siempre ha dejado poco a la vista que también saben moverse para parar al rival: un ratio de 106,9 les dejó como mejor equipo en esta faceta durante la fase regular y ahora, pese a la mejora de los Mavs, los dos equipos empatan en los playoffs con 110,5. El que más pueda reducir sin pasarse, como en el programa televisivo en el que se adivina el precio de los objetos, ganará.

Durante los enfrentamientos anteriores hemos observado alguna pista de por dónde pueden ir los tiros de los emparejamientos, salvo que alguno guarde un as en la manga. Y recordando que Gary Payton, un más que posible defensor de Luka Doncic, no será de la partida tras lesionarle Dillon Brooks con una falta flagrante. Curry, la amenaza más grande de Kerr, se podría repartir entre Brunson y Bullock. Sería importante para Dallas proteger a Doncic poniéndole con Wiggins, con menos influencia en la circulación que un Thompson que en cualquier carretón te saca puntos y al que Dorian Finney-Smith debería poner un cerrojo. Green se puede venir arriba con Powell, flojo, y Kleber, al que puede soportar que se salga fuera de manera distinta a lo que ocurrió con Gobert y Ayton, y que Looney venga de capturar 22 rebotes puede reajustar la rotación para buscar una figura grande si Golden State lo necesita. Y en la aparición de suplentes están siendo tremendamente importantes dos exteriores, uno por cada lado: Jordan Poole y Spencer Dinwiddie. Aparecerán las mentes brillantes y echarán por tierra todo lo pensado. El objetivo no es otro que uno y los caminos son dos: Warriors está para volver donde lo dejó hace dos años, con el mismo núcleo y más madurez; Mavericks está rodando un nuevo proyecto y da pasos de gigante para evolucionar. Sólo quedará el mejor, que es suficiente.