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Jrue, el tormento de Phoenix Suns

Holiday iluminó con su explosión ofensiva del quinto partido lo que está siendo una exhibición defensiva en las Finales. All star en 2013, llegó a los Bucks precisamente para esto.

Jrue, el tormento de Phoenix Suns
TANNEN MAURY EFE

Por primera vez en la historia de las Finales, tres compañeros de equipo superaron los 27 puntos en el mismo partido: 32 de Giannis Antetokounmpo, 29 de Khris Middleton y 27 de Jrue Holiday. En total, 88 de los 123 de Milwaukee Bucks rumbo a un 2-3 que, con tres victorias seguidas, deja a la franquicia de Wisconsin con dos balas para ganar su primer anillo en 50 años (y el segundo de su historia): la primera, el martes en su pista, el Fiserv Forum donde solo han perdido un partido en estos playoffs. Por segunda vez, tres compañeros superan los 25 puntos por encima del 50% en tiros en un partido por el título. Y estos son sus números desde que los Suns se pusieron 2-0, aparentemente rumbo al anillo:

Giannis: 33 puntos, 12 rebotes, 7 asistencias de media con un 60% en tiros

Middleton: 29+7+5 con un 39% en triples

Jrue: 20+5´10 con un 39% en triples

Si los Bucks culminan su revolución y ganan el título, el MVP será (con total seguridad) Giannis Antetokounmpo, que va camino de ser el primer jugador que firma un 30+10+5 por encima del 60% en tiros en unas Finales. Y que con 26 años sumaría el título y ese MVP de la serie final a dos MVP de Regular Season, un premio de Mejor Defensor, el de Jugador Más Mejorado y cinco all star. Pero es obvio que, más allá del nivel superlativo y el liderazgo del griego, la Final no estaría 2-3 sin la exhibición de Middleton en el cuarto partido y la deslumbrante actuación de Holiday en el quinto. Un big three formado para esto, para dar el salto definitivo: los Bucks todavía no sabían qué iba a pasar con Giannis Antetokounmpo y algunos situaban al alero en Miami cuando lanzaron su all in. Todo o nada después de dos años de reventar la regular season y pifiarla en playoffs. Si se trataba de que el jugador franquicia viera que en Wisconsin se podía consquistar el mundo, hacía falta algo más que ese estupendo Middleton que lleva al lado de Giannis desde 2013. Una vida juntos para una pareja all star que, sencillamente, necesitaba-algo-más.

Y Jon Horst, en los despachos de Wisconsin, sabía que ese más era un base, peso en la rotación exterior. Salió mal la llegada de Bogdan Bogdanovic pero no se falló en la caza de Jrue Holiday, aunque el precio fue alto: se fueron Eric Bledsoe (señaladísimo por sus lagunas en playoffs), George Hill (un buen base… suplente), el joven RJ Hampton (demasiado joven: pick 24 en el último draft) y tres primeras rondas de draft. Tres bases y tres picks esenciales para el futuro a cambio, en una operación a cuatro bandas, de la esperanza Jrue. Que además llegaba con la opción de quedar libre este verano (player option de 26 millones) y cuando no se sabía qué iba a pasar con Giannis. Los Bucks apostaron por el presente, apostaron por el equipo que estaba constantemente a un paso de estar a un paso del título y apostaron por enseñar a Giannis que se puede ser ambicioso en un mercado pequeño, también en esta era del jugador empoderado. Y ganaron. Lo hicieron desde el momento en el que Giannis renovó por cinco años y unos 228 millones de dólares.

Focos para una estrella silenciosa

Ahora, los Bucks pueden culminar ese all in con un título para el que, sencillamente, no contaban. Tras perder con Raptors y Heat en sus dos últimos pasos por las eliminatorias, parecía que esta sería la temporada del divorcio con Mike Budenholzer mientras ascendía el big three atómico de los Nets, se endurecían los Sixers y se ponían de moda los Heat. Pero, a 18 de julio de 2021, son los Bucks los que están a un partido, a un paso, de ser campeones. Y de que todo haya merecido la pena, pase lo que pase después. Y una razón esencial de que hayan llegado hasta aquí, y de que puedan cruzar esa última frontera, es Jrue Holiday.

Jrue es una estrella silenciosa, uno de esos jugadores de jugadores, adorado por sus compañeros y valoradísimo por sus rivales. Un muy buen base de ataque, en sus mejores trances, y un excepcional defensor en cualquier circunstancia. Eso es lo que creían que se llevaban los Bucks, el paso adelante que Bledsoe no iba a dar nunca en playoffs, y eso es lo que han recibido, un valor descomunal ribeteado por sus 27 puntos y 13 asistencias del quinto partido, en el que dejó una secuencia que acabará siendo histórica si los Bucks son campeones: con 16 segundos por jugar y 119-120 en el marcador, le arrancó la bola de las manos a Devin Booker y sirvió en transición un alley oop definitivo a Giannis Antetokounmpo. Jrue ya apareció contra los Hawks, cuando parecía que se acababa el mundo con 2-2 y la rodilla del griego maltrecha. Sin su jugador franquicia puso 25 puntos y 13 asistencias en el quinto partido y 27+9 con 9 rebotes en el sexto. Del 2-2 al 4-2 y el billete para las Finales.

Jrue tiene 31 años y lleva 12 en la NBA. Solo jugó un año en UCLA, donde hizo pareja de backcourt con Darren Collison rumbo al draft de 2009: número 17 él, número 21 Collison. Allí, en la universidad californiana, conoció a su mujer, Lauren Cheney, dos veces oro olímpico (2008 y 2012) y campeona del mundo con la selección de fútbol femenino de Estados Unidos. Cuando llegaba a ver un partido, una joven del campus le confundió con Collison y le pidió un autógrafo. Lauren, que lo vio todo, le dijo que no se preocupara porque él era más guapo que su compañero de equipo. La pareja se casó en 2013, un año movido para Jrue, que fue all star por primera (y única, por ahora) vez y fue traspasado de los Sixers a los Pelicans a cambio de Nerlens Noel y una primera ronda. El Proceso de Philadelphia empezó, oficialmente, ahí.

En los Pelicans Jrue vivió años de buen baloncesto y muchas lesiones que cuestionaron la extensión de cinco años y 126 millones que se llevó en julio de 2017. Su respuesta fue una excelente temporada 2017-18, la mejor para los Pelicans de Anthony Davis que con ellos dos, los tiros de Mirotic y la dirección de Rajon Rondo, fulminaron a los Blazers (0-4) y retaron sin suerte (4-1) a los Warriors en segunda ronda. En esa eliminatoria, Jrue defendió a un nivel superlativo a Damian Lillard y promedió 27,8 puntos, 4 rebotes y 6,5 asistencias. En su carrera está en 16+4+6,4, números que casi ha clavado en su primer año en Milwaukee: 17,7+4,5+6,1. Una aportación total y su segunda (tras la de 2019) inclusión en el Mejor Quinteto Defensivo. Eso y su liderazgo, su actitud, su profesionalidad y su compañerismo era exactamente lo que necesitaban los Bucks. Que en abril silenciaron los debates sobre su futuro con una extensión de cuatro años y más de 135 millones de dólares. Se trata (por todos los medios) de ganar ahora, y los Bucks están a punto de hacerlo.

Y es, en parte, gracias a que Giannis y Middleton tienen, esta vez, a Jrue a su lado. Cuando Budenholzer apostó por cambiar en todas las posiciones defensivas tras los bloqueos de los Suns en el primer partido, Jrue se vio fuera del foco defensivo, relegado a marcar a los exteriores que se abrían para tirar y sin poder incidir en el juego como acostumbra. Un base de defensa POA (point of attack: agresividad máxima sobre la bola), pasó a defender a Chris Paul casi a tiempo completo a partir del segundo partido. Y ha convertido la vida del base de los Suns, uno de los mejores de la historia en su puesto, en un suplicio. Un muro de músculo y concentración de plomo, Jrue había tenido secuencias defensivas para enmarcar antes del quinto partido, pero todavía no había firmado una noche completa en ataque en unas Finales que comenzó fallando todo, lejos y cerca del aro. Ese partido integral, definitivo, llegó en el quinto. Veremos si junto a un buen pedazo del anillo. 

Si Jrue gana, es difícil imaginar alguien que no se alegre. Elegido Jugador Más Deportivo en 2021 y Mejor Compañero en 2020, ha sido muy querido en todos los vestuarios y todas las ciudades por las que ha pasado. Su labor social es constante, y en el reinicio de la burbuja de Florida donó su salario de las semanas en Walt Disney World (más de cinco millones de dólares) para ayudar a negocios de propiedad afroamericana y asociaciones vinculadas al movimiento Black Lives Matter. Nadie, realmente es así, habla mal de Jrue y su mujer Lauren, que en 2017 dio a luz a la primera hija de la pareja (en 2020 tuvieron un niño) y poco después pasó por el quirófano para eliminar un tumor cerebral del que se recuperó con la ayuda de su marido, que dejó las pistas para acompañarla durante todo ese trance. Hermano de otros dos jugadores NBA (Justin y Aaron, los dos en los Pacers), está a un paso de ser campeón y a días de unirse al Team USA que competirá en Tokio. Podría sumar un oro a los dos de Lauren y, tal vez, rematar un año de ensueño si los Bucks sentencian a los Suns. No será fácil, pero para eso llegó Jrue: para dar el paso definitivo, para cambiarlo todo.