NBA | HORNETS 102 - WARRIORS 100

Locura en Charlotte: misteriosa ausencia, expulsión y tiro final

Curry se marchó antes de empezar el partido, que acabó con una comedia de enredo: Green fue expulsado y Rozier ganó el partido para los suyos.

Hornets - Warriors
Jared C. Tilton AFP

Nadie podrá decir que no se entretuvo si siguió el partido que Hornets y Warriors disputaron en Charlotte esta noche de sábado. Tuvo de todo. Los locales se llevaron la victoria por 102-100 tras una jugada final en la que a Rozier no le tembló la mano y que vino precedida de una expulsión polémica. 

La noche comenzó con misterio. Tras hacer el calentamiento, vestirse de corto y participar en la charla previa ya sobre la cancha, Stephen Curry abandonó las instalaciones al encontrarse mal de salud. La imagen, captada por las cámaras de televisión, dejó helado a más de uno, como su padre (que es comentarista en las retransmisiones de los Hornets). El equipo se apresuró a confirmar más tarde que no tiene nada que ver con el COVID-19 y que simplemente el jugador se sentía enfermo. Con ello tuvieron que contar también los Warriors, que apostaron por Mychal Mulder en su puesto. 

La noche se resolvió con una tormenta de las que arrasan con todo. Green en la cara del rival y de un árbitro, Kerr asegurando en rueda de prensa que se había cargado el partido y con Rozier como autor de 36 puntos y de la estocada final con la que los Hornets se apuntaron una victoria más en casa. 

Sin Curry tocó que otros hicieran su parte. Su cuñado, Damion Lee, hizo bien de revulsivo en un segundo cuarto donde los Warriors enmendaron errores del primero y se hicieron con el control. El novato Jalen McDaniels era el único que parecía reaccionar a los triples de Wiggins y Wanamaker, a la dirección del mencionado Lee y a un Kelly Oubre extramotivado y que se iba chocando con todo aquel que se ponía por delante. Los de San Francisco se fueron al descanso ganando por dos y con buenas sensaciones pese a faltar su mejor jugador. 

A Wiggins, por pedigrí, y a Paschall, por experiencia en plantilla, les tocó dar un paso adelante para hacer que esa mínima ventaja valiera la pena. Aguantaron muy bien a Gordon Hayward, más flojo que en otros partidos, en el puesto de alero. Costó más que Golden State tuviera remedio para lo que abrían el campo, no sólo acertando con los tiros, Washington y Rozier. Y los Hornets empezaron a coger la batuta. 

Charlotte, que no paraba de perder balones y dar aire a su rival, se encomendó a un Terry Rozier que metió veinte puntos en el último cuarto. Los dos últimos, los que más valieron. Desde seis metros, sobre la bocina y con la defensa de Juan Toscano-Anderson, canasta de las que hacen grande a un jugador. La acción venía precedida de un triple suyo y de un salto entre dos que derivó en la locura: balón peleado por Hayward y Green, tiempo muerto de los Hornets antes de que los dos tuvieran la posesión simultáneamente, balón para ellos y enfado monumental de un Green que despotricó contra todos y acabó expulsado.