DETROIT PISTONS

Blake Griffin, la estrella olvidada: "Hay un buen mercado para él"

Blake Griffin tiene 31 años, dos años de contrato mastodóntico y problemas serios en una rodilla. Pero puede convertirse en objeto de deseo de los aspirantes al anillo.

Blake Griffin, la estrella olvidada: "Hay un buen mercado para él"
Tommy Gilligan USA TODAY Sports

Da vértigo pero casi habría que preguntar quién se acuerda de Blake Griffin. Por un lado, los Pistons no estuvieron en la burbuja de Florida. Y para los equipos que no llegaron (salvo para los que siempre tienen ruido detrás: Knicks, Warriors…), esa ausencia les ha borrado, al menos temporalmente, de la conciencia colectiva de la NBA: hace más de siete meses que no juegan un partido, para empezar. Los Pistons, un clásico de la Liga, se quedaron fuera en un año terrible, en el que acabaron con un 30% de victorias (20-46) y comenzaron a desmontar un proyecto que ya no iba a ningún sitio y cuya nueva dirección depende del general manager contratado para obrar el cambio: Troy Weaver.

Ya no están Andre Drummond ni Reggie Jackson y acaban contrato y seguramente no haya más noticias de ellos en la MoTown Tony Snell (aunque tiene una player option de 12 millones) y Brandon Knight. Las cuentas quedarán muy aligeradas entre esta postemporada y la próxima en un equipo en el que, se supone, tienen que dar un paso al frente Luke Kennard, Sekou Doumbouya, Bruce Brown, Svi Mykhailiuk… y que intentará retener a Christian Wood, seguramente su mejor noticia de la pasada temporada (más de 13 puntos y 6 rebotes por partido). Así que la cuestión es obvia: ¿qué pinta en todo eso Blake Griffin? ¿Qué lugar puede tener en estos Pistons en transición camino de los 32 años y con un contrato de 36,8 millones la próxima temporada y una player option de 38,9 en la 2021-22?

En principio, muy poco. Y menos si se considera que es una baza óptima para obtener no solo flexibilidad en las cuentas sino piezas de futuro, vía jugadores o draft (los Pistons elegirá con el número 20 en la próxima edición). Al menos, si las franquicias con aspiraciones de primer nivel consideran que Griffin todavía está en condiciones de ayudar. Bill Simmons y Zach Lowe, en el podcast de este, hablaban de su buen encaje con los Warriors, por ejemplo, y recalcaban que habría mercado con el ala-pivot, que los Pistons no se encontrarían sin buenas ofertas por él.

La cuestión es que quien puje tiene que saber si Griffin está en condiciones. La pasada temporada, el ala-pívot solo jugó 18 partidos y pareció en ellos seriamente mermado. En diciembre paró definitivamente y en enero se operó de la rodilla izquierda por segunda vez en ocho meses. También había pasado por el quirófano después de los playoffs de 2019, a los que casi llevó solo a su equipo. Ese esfuerzo reventó esa rodilla y lo dejó fuera durante la mitad de una primera ronda sin historia ante Milwaukee Bucks. Ese esfuerzo, en suma, le costó un castigo físico que es difícil saber si dejó huella para todo el resto de la carrera de un jugador que dio, desde luego, un ejemplo de profesionalidad, compromiso y liderazgo.

Y de buena salud, al menos hasta esos problemas finales: jugó 75 partidos a un nivel, mientras aguantó la rodilla, excepcional: 24,5 puntos, 7,5 rebotes, 5,4 asistencias y un 36% en triples. Fue all star (por sexta vez) y entró en el Tercer Quinteto de la temporada. Sin el físico de los viejos tiempos, demostró una enorme madurez y una mejoría obvia como tirador, un avance clave para navegar por la última etapa de su carrera… y luego se fue al quirófano. Ese Blake Griffin es todavía un jugador de élite y una pieza óptima para casi cualquier equipo. Pero la cuestión es cómo de irreparable fue el daño que le hizo a la rodilla para cargar con el peso de los Pistons en una temporada realmente heroica en lo individual.

Griffin, número 1 del draft en 2009, ya se perdió completa la que habría sido su primera temporada (2009-10) por problemas en esa misma rodilla izquierda. Después de unos años excelentes en los Clippers, las lesiones lo martirizaron entre 2015 y 2018, cuando la unión con Chris Paul y DeAndre Jordan aspiraba a romper la maldición histórica de su equipo, que en esas temporadas solo lo tuvo 35, 61 y 58 partidos y vivió sus frustrantes lesiones en playoffs, la hora de la verdad. En julio de 2017 los Clippers le dieron 173 millones por cinco años. Le prometieron ser el rey de un equipo aspirante, le agasajaron con el lema “Clipper for life”… y le enviaron a Detroit en enero de 2018. La cara más dura del negocio NBA y una prueba a la que Griffin respondió con un comportamiento admirable. De eso, desde luego, pueden dar fe en Detroit.

Griffin es veterano, tiene una rodilla en alerta roja y un contrato al que le quedan dos temporadas monstruosas (una vía player option). Pero también es un jugador que puede hacer mejor a cualquier equipo en un mercado en el que hay pocos agentes libres verdaderamente diferenciales y en el que los Pistons pueden estar muy inclinados a vender. La oportunidad está ahí. El riesgo es grande… pero la recompensa puede serlo también.