NBA | ANÁLISIS

De Malone y Stockton a Gobert y Mitchell: ¿qué pasa en Utah?

Los Jazz siguen viviendo de un pasado cada vez más lejano mientras deciden qué hacer tras un año de peleas entre Mitchell y Gobert y dudas en torno al futuro del proyecto.

Donovan Mitchell y Rudy Gobert, durante un partido de la NBA con Utah Jazz
Mitchell Leff Getty Images

Lo que empezó siendo un proyecto prometedor, es ahora una posibilidad cuyo techo se desconoce, tanto deportiva como temporalmente hablando. Porque de momento, es obvio que los Jazz están lejos de ser aspirante, y bien podría ser pronto para ello... pero lo que ocurra en los dos próximos años puede marcar el devenir de un equipo que esperaba dar un salto cualitativo con los fichajes de Mike Conley y Bojan Bogdanovic pero se ha quedado en el mismo sitio que el año pasado. Y si bien la derrota ha sido en siete partidos por cinco que necesitaron los Rockets para eliminarlos en 2019, ver cómo te remontan un 3-1, algo que sólo ha ocurrido 11 veces más en toda la historia, deja un sabor que pasa de ser agridulce a ser, en su totalidad, agrio. De esos que hace daño al tragar y sabiendo además, o al menos teniendo una idea aproximada, de que las sensaciones que te habían dejado la temporada indicaban que una victoria ante los Clippers en semifinales habría sido realmente inopinada, y que las posibilidades reales de convertirte en un verdadero aspirante tendrían que esperar al menos un tiempo más.

Sin embargo, las temporadas siguen pasando y no parece que los Jazz terminen de superar ese pasado que tanto les marca, el que les puso en el mapa y les convirtió en una de las franquicias más famosas de los años 90. John Stockton y Karl Malone siguen pesando mucho en una institución que todavía llora la retirada, y ahora el fallecimiento, de un Jerry Sloan que se marchó en 2011 y que dejó un vacío difícil de llenar, dejando a Salt Lake City sin esa conexión con el pasado que nunca ha querido perder y sin un plan claro para el futuro. Algo que cambió con la llegada de Quin Snyder pero que ahora se mueve en aguas tumultuosas, sin saber muy bien qué hacer con las piezas que se tienen y cómo gestionar los próximos años de un proyecto que entrará en su fase intermedia, la que debería ser también madura. Esa en la que se demuestra si has dado los pasos correctos como para convertirte en aspirante o si tienes que conformarte con un hueco en los playoffs, haciendo buenas temporadas regulares pero en tierra de nadie y con unos límites que como mucho (muchísimo) te pueden llevar a una final del Oeste en la que ya de por sí cuesta mucho entrar.

Una cosa es segura, los aficionados de los Jazz son pacientes y leales, y poco dados a vaivenes. Entregan el corazón a un proyecto y no soportan vivir en la incertidumbre, esa que tuvieron después de la salida de Sloan y antes de la llegada de Snyder. Karl Malone estuvo 12 temporadas en la NBA antes de pisar las Finales, con casi 34 años. Con 35 lo hizo Stockton; y hasta el 2003, los dos estuvieron en la franquicia. Un mercado pequeño en una ciudad mormona, alejada de los focos hollywoodenses y de la idiosincrasia y la parafernalia que rodea a la mejor Liga del mundo, se alegra de tener una conexión especial con sus jugadores y sentirles como partes de su comunidad. Por eso nunca exigieron de más a Stockton y Malone y siguieron siendo una de las aficiones más ruidosas de la competición incluso en su retirada, con Sloan y su costumbre de coleccionar tractores como santo y seña de una ciudad que entiende el baloncesto y que sufre una transformación enorme cuando llega al Delta Center y se convierten en ruido y gritos, algo inversamente proporcional a lo que representa la ciudad en sí.

Habría que preguntarse si el público actual tiene la misma conexión con sus jugadores que antaño. La tradición se ha seguido en la franquicia apostando siempre por un mismo proyecto, como se hizo con Deron Williams y Carlos Boozer hasta que la situación entre el base y Sloan se hizo insostenible y el técnico acabó saliendo meses antes que el que fue su pupilo. También se intentó con Tyronne Corbin en los banquillos hasta que una participación en playoffs en cuatro años provocó un cambio obligado y la llegada de Snyder. Y se está intentando ahora con Mitchell y Gobert, una asociación que podía dar sus frutos y a la que se ha agarrado una directiva liderada por Dennis Lindsey, sabiendo que en ese mercado más vale desarrollar lo que se tiene que esperar sentado a un agente libre que no va a llegar salvo milagro supremo.

¿El continuismo o el cambio?

Los Jazz están en un punto en el que se tienen que preguntar qué rumbo deben tomar. En el sexto año de Snyder en los banquillos, el proyecto a pasado de una buena progresión a un estancamiento relativo. Al fin y al cabo están en una buena posición, establecidos en puestos de playoffs y con mimbres que invitan al optimismo, sus dos estrellas han ido al All Star este año, siempre están entre 45 y 50 victorias y han llegado dos veces a semifinales de una Conferencia Oeste tan dura como siempre. Y con un equipo joven que sufrió y se repuso a la pérdida de Gordon Hayward antes de descubrir el potencial de un Mitchell que se ha convertido en la joya de la corona de la franquicia, y una estrella en potencia que con tan solo 23 años en el jugador que más puntos ha anotado en una primera ronda de playoffs de la historia o el que más triples ha metido en cualquier serie de la fase final de siempre.

Ahora bien, Mitchell termina su contrato rookie en 2021, y a buen seguro pedirá el máximo para renovar, algo que le tendrán que ofrecer lo antes posible si no quieren que se haga efectiva su salida a la agencia libre. El problema pues, no es la hipotética oferta que los Jazz le vayan a hacer a Mitchell, sino que hacer con el resto del equipo. Ya no se trata de un proyecto eminentemente joven, y los jugadores con mayor protagonismo no tienen la edad como para hacer un proyecto a largo plazo y esperar a que dé sus frutos. Joe Ingles se va a los 32 años y tiene casi 37 millones pendientes hasta 2022 (incluido esta temporada); Conley, también con 32, termina contrato en 2021, aunque tiene la posibilidad de salirse antes de él (early termination option), algo improbable. Y Bogdanovic tiene 73 millones garantizados hasta 2023, por lo que finalizará su actual relación contractual con la franquicia mormona con 34 años.

Todo esto crea una serie de interrogantes que serán respondidos en el último año, pero aún queda el mayor de todos ellos: Rudy Gobert. Su relación con Mitchell es tensa y estuvo a punto de romperse por el coronavirus, del que se contagiaron ambos. Todo el equipo se enfadó con el pívot y luego medió para que se resolviera la situación, y parece que la cosa ha mejorado en la burbuja... pero nadie sabe si esto será permanente. El francés ya no es ese joven prometedor que llegó a la mejor Liga del mundo con 21 años, sino alguien que está llegando a la madurez y que tendrá 29 cuando termine su actual contrato, el próximo verano. Cobrará algo más de 25 millones este año y de 26 el siguiente, y es presumible que pida un máximo o casi cuando esto acabe. Esto deja en una situación comprometida a Utah, más allá del límite salarial. Estando tensas las relaciones, podría traspasarle antes de que acabe el contrato e intentar sacar algo por él o bien negociar para que continúe en los Jazz y continuar con él el proyecto. Todo esto, suponiendo que Mitchell continúe.

Esto deja en un dilema interesante a los Jazz, que tendrán que decidir que proyecto hacen en los próximos meses. A priori, los fichajes de este año eran para buscar un salto que no se ha dado (están donde el año pasado pero con mejores jugadores) y ahora toca pensar qué hacer (Clarkson, una de sus mejores noticias, es agente libre) de cara al futuro. Si mantienen a Mitchell, lo ideal sería traspasar a alguna de sus actuales estrellas buscando efectivos interesantes que rodearan al jugador u otra estrella que lo complementara... algo difícil. También se podría traspasar al propio Gobert, muy del gusto de un Snyder que ignora su falta de fundamentos y se aprovecha de su espectacular físico para hacerlo indispensable en sus sitema. O se podría seguir apostando por ambos, teniendo en cuenta que a Gobert todavía le pueden quedar cinco años de grandísimo nivel y que acaba de ser All Star. Pero para los que sobrepasan la treintena (Conley, Ingles, Bogdanovic) habría que buscar una salida, no solo para reforzar la plantilla, también para liberar espacio y poder ofrecerle el máximo a Mitchell.

Muchas incógnitas de cara al futuro en un proyecto con un techo deportivo difícil de predecir (Bogdanovic no ha estado en la burbuja y la temporada ha sido esencialmente irregular, que no mala) y con decisiones importantes que tomar de aquí a 2021, para el que no queda tanto. Royce O'Neale (2024), Bogdanovic (2023) y Joe Ingles (2022) son los únicos que no acaban contrato dentro de un año o menos. Y Mitchell seguirá siendo, salvo sorpresa mayúscula, la piedra angular del proyecto. Y entonces... ¿qué deben hacer los Jazz?