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LIGA ENDESA | 11ª JORNADA

El Zaragoza baila al Madrid

El Casademont celebró a lo grande el 36 aniversario de su primera Copa. Hacía casi nueve años que no ganaba al Madrid. Tavares dejó tirado a su equipo. Hlinason y Radovic, muy bien.

El Casademont Zaragoza noqueó al Barça y ahora ha tumbado al Madrid, al que bailó durante algunos minutos en un Príncipe Felipe a reventar. La afición acudió al llamamiento del club y rebasó la barrera de los 10.000 espectadores, algo que aún no había sucedido este curso a pesar del magnífico apoyo de la grada. Zaragoza vuelve a soñar con su equipo de baloncesto, con una plantilla equilibrada y un gran protagonismo de los jóvenes, con hasta cinco Sub-22. Y lo hace justo cuando este domingo se cumplían 36 años de su primer título de Copa, conquistado el 1 de diciembre de 1983.

Aquella fue la edición inaugural del nuevo formato del torneo del KO bajo las siglas ACB y acabó con el gran Kevin Magee tocando el bombo de Manolo con la hinchada desatada. Ya ha llovido, aunque seguro que los más veteranos mezclaron imágenes viendo a los jugadores rojillos galopar por la cancha. Un aniversario celebrado a lo grande con un éxito sonoro, porque no vencían al equipo blanco desde hacía casi nueve años (abril de 2011). Y qué victoria. Desarmaron al líder, al que la energía tampoco le acompañó.

Porque lo manido, eso de que el Madrid llegaba de un viaje largo desde San Petersburgo y el Casademont había preparado durante ocho días un partido señalado, es tan cierto como que suena a tópico del calendario. El mérito, sin embargo, es maño, de un bloque sólido que hizo lo que pretendía y requería una cita tan especial: ser fiel a su estilo, muy fiel. Como cuando desarbolaba al Barça en el último cuarto, hace ya más de un mes, y no atemperó su zancada, sino que dio rienda suelta a un baloncesto valiente, el de Porfirio Fisac. Defensa y rebote para soltar latigazos vestidos de transiciones.

Vimos a un equipo en cuerpo y alma frente a otro que llegaba arrastrando los pies, entiendan ahí el cansancio y las ausencias, sin Llull (lesión muscular) y sin Rudy (fiebre), con Laprovittola mermado y Causeur aparentemente también. Y sin Mejri (ni Reyes), igualmente de baja y cuyo no debut deja más en evidencia la falta de un pívot que cubra los descansos de Tavares y su falta de control frente a las protestas y las técnicas. Y más en jornadas como esta, en la que Mickey no estaba inscrito porque Deck y Thompkins repitieron como pareja extracomunitaria.

El Madrid envidó a grande de salida con Deck, Randolph y Tavares en el quinteto y Fisac respondió con una zona que frenó la cadencia ofensiva del rival. Las pérdidas, doce al descanso, nueve en el primer cuarto, fueron un lastre para los de Laso, que en medio de un bajo tono general hallaron un faro momentáneo en Carroll. Boom Boom metía cuando lanzaba liberado, pero fallaba cuando forzaba. En el Casademont había más piernas, más deseo, más acierto y más manos que empujaban: las de Seeley, Benzing y Ennis con San Miguel al mando (4 asistencias entonces), mientras Hlinason daba la talla contra Tavares y clavaba seis tiros libres seguidos. Un arreón local abrió brecha antes del descanso: 42-33.

Tavares, cuatro faltas, dos técnicas y parcial de 19-0

Una diferencia que cosió el Real a la vuelta de vestuarios, en sus mejores minutos, con Tavares levantando un muro en la zona (4 tapones) y Randolph muy enchufado, en el polo opuesto de donde arrancó. El americano descerrajó diez puntos y lo igualó todo: 47-47. Ahí se acabó el Madrid, que encajó una canasta antes de que Tavares cometiera la tercera personal y la cuarta tras la técnica de rigor por protestar. Una acción impropia de su importancia y hasta infantil por repetida. Se puede decir que dejó tirado a su equipo, que se desplomó con él en el banquillo, aunque no solo por su ausencia. Cuando volvió hizo la quinta y, ya eliminado, cargó a los suyos con otra técnica. Eligió de nuevo el camino equivocado, el de la protesta estéril.

Parcial de 19-0 en menos de seis minutos que dinamitaba el duelo (66-47 y luego una máxima de +26: 80-54). Brussino era el yerno perfecto y Radovic se ponía las botas (apiló sus 14 puntos en la segunda parte y 10 de sus 14 rebotes) frente a Thompkins y Randolph, al tiempo que Alocén corría desbocadamente controlado, genial su visión de juego a toda pastilla y ese don innato que tiene para el último pase. A su compás la grada enloquecía, el Zaragoza fue mejor en todo. Bueno, en todo menos en los triples. No le hizo falta, no es su principal recurso y cuesta decirlo en este baloncesto moderno de lanzar y lanzar cada vez más y de más lejos. Promediaba siete y metió seis con un pobre porcentaje del 28%. El Barça iguala ahora al Madrid en la clasificación con el Casademont a tiro de uno. La Liga está viva.