SPURS 115-CELTICS 135

Palo para los Celtics: Gordon Hayward se fractura una mano

Exhibición amarga para los de Brad Stevens en San Antonio. En su mejor momento desde su grave lesión en 2017, Hayward vuelve a quedarse fuera del equipo.

Palo para los Celtics: Gordon Hayward se fractura una mano
David Butler II USA TODAY Sports

Después de siete temporadas en los Jazz, Gordon Hayward (all star en 2017, la última de ellas) firmó por los Celtics. Cuatro años de contrato máximo (unos 127 millones) en el ensamblaje de un proyecto muy ambicioso de Danny Ainge que está ahora en pleno remiendo. En parte por la mala suerte que está teniendo el propio Hayward, que cumple 30 años en marzo y que solo jugó seis minutos de su primera temporada en Boston. Una gravísima lesión lo apartó ese curso y lo tuvo buscándose a sí mismo el pasado entre rumores, en un equipo que sacó un cero en química, de que a Jayson Tatum y Jaylen Brown les hacía muy poca gracia el interés de Brad Stevens por recuperar a toda costa (con la gestión de minutos, se entiende) al alero.

En esta nueva temporada, la de la reparación colectiva del vestuario tras la salida de Kyrie Irving y la llegada de Kemba Walker, Hayward estaba demostrando que la lesión quedaba ya atrás, muy lejos: 20,3 puntos (tercero del equipo), 7,9 rebotes (primero) y 4,6 asistencias (segundo) para un jugador que, en su mejor versión, anota, dirige y da cohesión al juego con su facilidad para enlazar el juego exterior (donde los Celtics van cortos de rotación) y el interior. En un momento excelente para él y su equipo, que estaba pasando el rodillo por San Antonio (50-64 a 90 segundos del descanso), Hayward chocó contra un bloqueo que no vio de LaMarcus Aldridge y se fracturó la mano izquierda. Una lesión que supone un golpe tremendo para él y para un equipo que acabó ganando (115-135), primer triunfo en pista de los Spurs desde 2011, y que suma siete victorias seguidas y lidera el Este tras perder su primer partido. Exactamente el mismo camino que los Lakers, su viejo y eterno rival, en el Oeste. Pero en pleno (y justificado) ataque de euforia, a los Celtics les ha caído esta lesión como un jarro de agua fría.

Hayward consultará mañana con un especialista para saber si tiene que pasar por el quirófano y si su lesión se mide en meses... y cuántos. Un golpe para unos Celtics que (39 puntos en el primer cuarto y 72 en el segundo) estaban dejando una sensación excelente, con su circulación sedosa, en un partido del que Gregg Popovich ya se había hartado muy pronto: al poco de empezar cambió a todo su quinteto y después hablar de falta de "agresividad" y de "nulo nivel físico" de su equipo, que tras empezar 3-0 está ya 5-4.

Tatum (19 puntos, 7 rebotes, 4 asistencias), Brown (20+7+3) y Kemba Walker (26+5+8) lideraron la carga, bien acompañados por un Marcus Smart que tendrá todavía más protagonismo a partir de ahora y un Robert Williams que (11 puntos, 7 rebotes y 6 tapones) fue el ancla en las zonas en la que los Celtics todavía creen que puede convertirse de forma fiable. Pero la noche, que apuntaba a triunfal, acabó torcida por la lesión de Hayward, un golpe que no es comparable al del primer partido de la temporada 2017-18, en Cleveland, pero que pilla con la guardia baja y una sonrisa de oreja a oreja a un equipo en despegue y a un jugador de nuevo en su mejor nivel. Lo bueno, que la temporada es larga y que Hayward debería volver con margen de sobra para coger ritmo de cara a unos playoffs que, en el Oeste, los Spurs se tendrán que trabajar mucho, como el curso pasado. Ya no les sobra nada aunque mañana se espera más de ellos en la que será, ante los Grizzlies, la noche de la retirada de camiseta de Tony Parker.