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FINALES NBA

La frialdad de Kawhi y el asesinato de su padre

La frialdad de Kawhi y el asesinato de su padre

EZRA SHAW

AFP

Bajo esa supuesta ausencia de sentimientos se encuentra un hecho trágico que le hizo cambiar por completo la forma de ver las cosas.

A Kawhi Leonard se le conoce sobre todo por ser uno de los mejores jugadores de baloncesto del mundo. Ya lo fue en San Antonio, donde jugó sus primeras siete temporadas, y ahora se está superando en Toronto. Pero otra cosa que es famosa de él es su forma de ser. Se trata de una de las personas más inexpresivas de toda la NBA. Da igual que meta un triple, falle un tiro fácil, le gasten una broma o le peguen un codazo. Su rictus difícilmente va a cambiar. Hasta tal punto que cada dos por tres sus compañeros reciben preguntas de los periodistas sobre la forma de ser de Kawhi y la relación que tiene con ellos.

Esa seriedad, que llega a parecer ausencia de sentimientos en ocasiones, no es una pose. Tampoco es una táctica para afrontar la competición. Simplemente es la forma en que la vida le ha hecho ser. El 18 de enero de 2008 mataban a su padre a tiros mientras éste trabaja en su túnel de lavado de coches. Nunca se conocieron los motivos ni al asesino. En 2014 la familia dio por perdida la batalla y dejó de preguntar a las autoridades. Cuando sucedió la desgracia Kawhi, el menor de cinco hermanos, todas las demás chicas, tenía 16 años.

¿Qué hizo al día siguiente? Jugar al baloncesto. Disputó el partido que su instituto, Riverside King, tenía ante Compton Dominguez. Metió 17 puntos y al final del encuentro se abrazó a su madre y rompió a llorar. “El baloncesto es mi vida y quería salir a jugar y distraerme un poco. Ha sido muy triste, se suponía que mi padre debería haber estado ahí viéndome”, contaría el jugador unos días después.

Tres años más tarde llegaría a la NBA y en 2013 iba a perder el anillo ante los Heat. Aquella final siempre será recordada por el triple de Ray Allen a 5 segundos del final del sexto partido que forzó la prórroga y dejó sin título a los Spurs, que a la postre perderían el séptimo. En la jugada anterior a la de Allen, Kawhi falló uno de los dos tiros libres que tenía y que, de haberlo metido, habría hecho campeón a su equipo. Para un jugador de 21 años aquello podía hacer añicos su autoestima. Pero eso no le iba a pasar a Kawhi, que sabía muy bien relativizar lo que le ocurriese a pesar de su juventud.

“La pérdida de mi padre me preparó para cualquier cosa que me pasase el resto de mi vida. Fallar un tiro libre no duele tanto como eso”, contaba el jugador a la vuelta de las vacaciones de ese año. La temporada siguiente conseguiría el título con los Spurs siendo el MVP de las Finales. Ahora quiere repetir con los Raptors, con su sangre fría, su inexpresividad y el recuerdo de la muerte de su padre para saber en todo momento qué es lo que importa de verdad en la vida.

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