Sixers
98
FIN
101
Celtics

SIXERS 98 - CELTICS 101 (OT)

La última genialidad de Stevens rompe a los Sixers y pone el 3-0

Los Sixers cometieron demasiados errores y los Celtics aprovecharon para dejar prácticamente sentenciada la eliminatoria.

Es difícil de explicar lo que están consiguiendo estos Boston Celtics. Difícil de explicar el hambre insaciable de un equipo que ha sido golpeado hasta la saciedad por la mala suerte pero que vive en cada bocanada de aire de cualquiera de sus miembros. Vive por cada posesión, por cada balón suelto. Por cada rebote, cada zancada... Y, sobre todo, vive por y para ganar. Pese a quien le pese y pase lo que pase. Que no nos digan si podemos o no podemos... Porque poder, podemos.

El último milagro de una lista que esta temporada va camino de segundo folio (o de tercero...) se dio ayer en el tercer encuentro de la serie ante los Philadelphia 76ers y fue obra de ese profeta de nombre Brad y de apellido Stevens. Hubiera sido imposible sin cierto nivel de ayuda local (los Sixers se dispararon en el pie tanto en la última posesión del cuarto cuarto como en los segundos decisivos de la prórroga), pero qué pasada. Hasta en dos ocasiones el técnico que guía el prometedor proyecto verde paró el partido durante una posesión de su equipo. Dos ocasiones de las que, tirando de pizarra y de interpretación de señales, los Celtics sacaron dos bandejas: la primera para empatar el partido a 24 segundos del final (cuarto cuarto, Jaylen Brown) y la segunda para ganar el partido en el tiempo extra (Al Horford). ¡Dos bandejas! De locos... En la segunda y definitiva, Stevens incluso anticipó el cambio de asignación de Covington. El alero cambió, se quedó solo con Horford en el poste, intentó evitar que recibiera y el resto es historia.

La pizarra de Stevens fue medio partido. El otro medio habría que repartirlo entre el desparpajo de un Jayson Tatum que no deja de brillar (24 puntos, 11/17 en los tiros, +24 en sus minutos en cancha y un par de canastas clave), la ejecución de un Horford que siempre, siempre está (canasta en un lado y robo para cerrar... Qué fenómeno) y los errores de principiante cometidos por los Sixers. Los locales, que pudieron ganar varias veces el partido, regalaron posesiones decisivas tanto en el final del último cuarto como en el tiempo extra, y lo pagaron con un 3-0 casi cruel que suena a eliminatoria.

La defensa verde volvió a cerrar caminos, a evitar transiciones. Cortando así las alas de un equipo que solo es mediocre si le impides volar. En el cinco contra cinco y con Joel Embiid en el poste como única solución productiva (bien defendida, además: 22+19, pero 10/26 en los tiros), los Sixers son absolutamente incapaces de separarse de unos Celtics que nunca se detienen. Siempre hay un cuerpo, un brazo, una mano. Una zancada que llega a tiempo, una falta necesaria...

Simmons estuvo mucho mejor (16+8+8), pero sin carriles por los que cabalgar ni líneas de pase que explotar, su habitual efecto devastador prácticamente desaparece.

Y mientras en Philadelphia se golpean la cabeza contra las paredes construidas por los Celtics (van tres, una por victoria), llega una suspensión de Morris, una continuación de Baynes, un triple del sorprendente Rozier (18 puntos más)... Y 3-0, qué pasada. Qué bueno es Brad Stevens. Y qué barbaridad de temporada (por lo buena y por lo dura) están cerrando por todo lo alto sus jovencísimos Celtics.

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